Monólogo de Alsina

Alsina lamenta el tono de Sánchez en el Congreso: "Un pleno sobre la guerra no está para que el presidente ventile sus frustraciones"

El director de Más de uno ha destacado el papel de "líder de la oposición" que ejerció el presidente del Gobierno en la sesión sobre la guerra de Irán, en la que "se cargó de razones para condenar la gestión de Aznar".

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Ocurrió hace treinta y dos años. Siete hombres -todo hombres-, perfectamente aseados, vestidos todos de la misma forma (traje oscuro, camisa clara, corbata) subieron la escalinata del Capitolio en Washington y se abrieron camino hasta la sala donde los siete estaban citados. Comparecían ante la comisión de Salud de la Cámara de Representantes. Sus nombres eran William Campbell, James Johnston, Andrew Tisch, Donald Johnston, Edward Horrigan, Joseph Taddeo y Thomas Sandefur.

O sea, los siete consejeros delegados de las siete tabaqueras con mayor negocio en los Estados Unidos. 14 de abril de 1994. La fotografía de los siete jurando decir la verdad fue portada al día siguiente de los diarios estadounidenses. La crónica del New York Times decía: "Sentados uno al lado del otro en una mesa de conferencias, se enfrentaron los siete a más de seis horas de duro interrogatorio. Accedieron a entregar al Congreso el informe confidencial que sus siete empresas habían hecho sobre el efecto de la nicotina en animales y seres humanos. Y a la pregunta directa de si la nicotina genera adicción, respondieron los siete que no".

"Creo que la nicotina no es adictiva". Los siete ejecutivos admitieron que sabían cómo manipular el nivel de nicotina de los cigarrillos, pero sostuvieron que lo hacían solo para realzar su sabor, no para tener atrapados a sus consumidores. Admitieron como conjetura que pudiera haber enfermedades derivadas del consumo de tabaco, pero sin evidencia concluyente que permitiera presentarlo como un hecho.

Y cuando el congresista Wyden quiso saber si animarían a fumar a sus hijos la respuesta fue que no. Preferirían que sus hijos no fumaran. No, al menos, hasta ser adultos. ¿Y qué medidas han tomado para que los menores estén preservados del humo y la nicotina? La respuesta fue: ninguna.

La declaración de los siete enfureció a enfermos, y familias de enfermos, de todo el país. Pero desencadenó, sobre todo, una catarata de demandas de los estados, la administración, para que las tabaqueras les compensaran por los gastos en salud que generaba la adicción al tabaco.

Y eso es lo que aceptaron las compañías dos años después. En un acuerdo histórico que supuso el reconocimiento oficioso de que el producto que vendían era adictivo, que apoderarse de la voluntad del consumidor era clave para mantener el negocio y que pudiendo haber advertido de ese carácter adictivo, no lo habían hecho aun sabiendo el efecto que podía causar en la salud de los fumadores y sus familias. En España, y por cierto, aquel día un grupo de neumólogos escribió al presidente Felipe González para pedirle que dejara de aparecer fumando en público.

Un jurado de California declaró ayer culpables a You Tube (o sea, Google) e Instagram (o sea, Meta) de generar adicción a las redes sociales. Otro jurado de Nuevo México concluyó que Meta antepuso sus ingresos a cualquier otra cosa y desatendió la salud mental de los menores. Son los dos primeros casos que han llegado a un veredicto. Es probable que vengan muchos más en el mismo sentido porque hay muchos casos juzgándose.

Como ocurrió en el 98 con las tabaqueras, cuarenta y un estados tienen demandada a la empresa de Zuckerberg por secuestrar la voluntad de los menores, es decir, por hacerles adictos a conciencia. El tiempo dirá si la imagen de Zuckerberg jurando decir la verdad en este juicio alcanza el carácter icónico que tuvo la foto de los siete consejeros delegados jurando decir la verdad en el Congreso, pero el coste reputacional para las compañías propietarias de redes sociales ya es un hecho.

De la mujer que inició la demanda en Los Ángeles no se conoce más que el nombre de pila, Kaley. Empezó a entrar en internet con seis años, con nueve ya era asidua de Instagram y llegó a estar, siendo niña, hasta dieciséis horas enganchada al móvil. Hoy tiene veinte años y ha requerido de tratamiento para desengancharse.

Pedro Sánchez, líder de la oposición

Se cumplen ya 28 días del comienzo de la guerra en Irán, y José María Aznar sigue sin dimitir. El líder de la oposición, Pedro Sánchez, se cargó ayer de razones para condenar la gestión de Aznar y alegó, como manifestante contra la guerra en Iraq que ha sido, que deje ya de alentar una guerra que no es la nuestra y que solo va a traer consecuencias nefastas para los europeos (de los iraquíes no dijo una palabra).

Emulando a la legendaria estadista Sofía Petrillo, el joven manifestante Sánchez reverdeció los tiempos en que era aún más joven y le dijo por fin a Aznar, sin disimulo, todo lo que lleva veintitrés años reconcomiéndole. Por fin el líder de la oposición a la derecha de ayer, de hoy, y de mañana, se quedó a gusto poniendo en su sitio al del bigote. (Ah, no, que ya no lleva bigote; claro, en veintitrés años fíjate si da tiempo a que las cosas cambien).

José María Aznar sigue sin dimitir

Admitamos que en España Iraq significa Aznar. Y que el 99% de los diputados ignora quién gobierna hoy aquel país o qué dedican su tiempo los soldados que aún tenemos allí (o teníamos, porque han sido evacuados todos). Con la cantidad de información relevante que el presidente Sánchez podía haber facilitado a sus señorías al cabo de tres semanas de recabar datos, leer papeles, asistir a cumbres y publicar tuits sobre el infierno que se está abriendo a nuestros pies, y optó por esta cosa tan estéril de exhumar las Azores y retratar a Feijóo -venga brochazos- como un belicoso de primera.

Les conté ayer que El País traía una crónica que era un spoiler en toda regla de lo que iba a pasar en el Congreso y así fue: lo clavó el cronista. Sánchez jibarizando el debate para reducirlo a un qué requetrumpista es la derecha, Feijóo retratando al presidente -más brocha- como un pacifista de pacotilla ídeologo de ayatolás y lanzadores de misiles, Abascal driblando (más que debatiendo) y huyendo de hablar de la guerra.

Y todo sin mencionar una vez por su nombre a Donald Trump, no me dirá que no es meritorio. En contra de lo que pudiera parecer, ni Feijóo ni Aznar presiden hoy el gobierno de España. Mientras Sánchez siga siendo presidente, quien se examina es él. Y queda raro predicar el diálogo entre países y la diplomacia para resolver conflictos mientras desprecias aquí a tus adversarios y alimentas la confrontación para resolver la conflictiva relación que mantienes con la mitad de tus gobernados.

El tonito. Ay, el tonito, una jornada más. Esto de preguntarle a Feijoo cuántos habitantes tiene Irán, esto del curréselo más, esta cosa tan de M-30 madrileña de referirse con desdén a la política autonómica en otras regiones, esta broma infinita sobre los Presupuestos que nunca llegarán.

No se lo tomará a mal el presidente, pero que él sepa hoy muchísimo de Irán no es un mérito, es su obligación (no se cuelgue medallas gratuitas como si fuera María Jesús Montero o el mago Andreu). Debe de ser frustrante que alguien así te gane todas las elecciones. Pero un pleno sobre la guerra no está para que el presidente ventile sus frustraciones en público.