Monólogo de Alsina

Alsina analiza la derrota de Orbán en Hungría: "Visto desde España, el gran concernido es Vox"

El presentador de Más de uno ha reaccionado a la holgada victoria del también derechista Peter Magyar frente al partido del que ha sido el más férreo aliado de Trump y Putin en Europa, que llevaba 16 años en el poder.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Estaba Santiago Segura paseando por Budapest y le pareció reconocer su cara en el escaparate de un local que hacía tatuajes. Al acercarse un poco comprobó que no era él sino su personaje, Torrente. Hay fans de la saga en Hungría que se tatúan la cara de Torrente con alguna de sus frases más populares (en húngaro, naturalmente).

Así confirmó Segura que entre las tradiciones que se mantienen vivas en la Hungría de hoy está descalzarse al entrar en casa ajena, que te enseñen todas las habitaciones si es la primera vez que visitas a una familia, que el automovilista encienda sus luces de emergencia para darte las gracias por haberle cedido el paso, que en el supermercado todo el mundo coja cesta aunque solo vaya a comprar uno o dos productos, que se diga primero el apellido de la persona y luego el nombre y que cada nueva película de Torrente sea recibida como un acontecimiento. La cuatro, hace quince años, se estrenó con fiesta añadida para los fans, toda a base de canciones de El Fary, cánticos de Atleti, Atleti y coros a mayor gloria de Torrente.

Hasta ahoche, otra de las tradiciones imperecederas de Hungría era tener de primer ministro a Viktor Orbán, dieciséis años consecutivos en el cargo. El más veterano de los gobernantes europeos y el menos europeísta de todos ellos. El amigo de Putin y el discípulo de Trump, los dos líderes mundiales que tienen a la Unión Europea por una cosa desfasada y pretenciosa que solo sirve para tocarles a ellos dos las narices y crearles problemas.

A ellos, a sus socios y a sus empresas. En una misma noche ha pasado todo esto: ha perdido las elecciones Orbán, ha perdido las elecciones Putin, ha perdido las elecciones Trump, ha perdido las elecciones Abascal y Pedro Sánchez se ha alegrado por primera vez en su vida de que las haya ganado el PP, porque su tocayo húngaro, Mayor Peter (o Peter Magyar) es lo más parecido al PP que hay en aquel país. Razón de que su éxito lo haya celebrado también, como si fuera propio, Núñez Feijoo.

Pedro Sánchez se ha alegrado por primera vez en su vida de que las haya ganado el PP

Votó Hungría. Y perdió Orbán. En contra de lo que su admirado Trump le encomendó en octubre, en aquella puesta en escena en Egipto pasado revista a los gobernantes europeos y poniéndoles nota…sí, cuando preguntó dónde estaba España, porque a Sánchez no le veía, y tuvo que decir el nuestro aquí; en aquel mítin embarazoso fue donde Trump dijo que a él a Orbán le llama Viktor…y que si en 2022 ganó por dieciocho puntos de ventaja, esta vez estaba convencido de que ganaría por más. Ha perdido.

La nueva mayoría del Parlamento la tiene Tisza, el partido de Peter Magyar, probable nuevo primer ministro. Que ha demostrado, primero, que Orbán no era imbatible; y segundo, que para ganar a Orbán había que haber sido antes muy de Orbán, como es el caso, cuña de la misma madera, una escisión de su propio partido en sentido contrario a como Vox surgió en España de ex dirigentes del PP.

En Hungría es el PP, digamos, el que surgió como escisión de Vox y le ha acabado ganando la partida. Si Abascal es tan fan de Orbán como de Trump, este Peter Magyar que ha ganado tiene ubicado su partido en el grupo del Partido Popular Europeo. En la derecha tradicional, pro europea y nada putinista.

El nuevo gobierno húngaro seguirá siendo de derechas, para satisfacción de sus colegas europeos (que lo son en abrumadora mayoría) pero dejará de ser de Orbán y del populismo de extrema derecha alineado con Putin y con Trump a un tiempo. Y en ese sentido, la voluntad de los húngaros en las urnas ha sido recibida con alivio por la mayoría (puede que todos) los demás gobiernos europeos.

Grano en húngaro se dice gabona. Y culo, con perdón, se dice szamar. Pero no consta que grano y culo formen en húngaro una expresión tan escueta y precisa como en español. Y eso ha sido Orbán para sus colegas estos últimos años. El escollo permanente, el disidente, el generador de problemas invocando siempre su derecho a veto. Don Veto, ha sido uno de sus apodos. El topo, podría haber sido el otro.

Perder las elecciones como lo ha hecho, habiendo reformado la ley electoral a medida de lo que pensaba que eran sus intereses, habiendo mangoneado el poder judicial todo lo que ha podido, habiendo ejercido la presión sobre los medios de comunicación hasta lograr que la gran mayoría de ellos le celebrara o le consintiera los atropellos; perder las elecciones así es un demérito de los que hacen historia.

La franquicia de los Patriots y los Magas en España

La hizo ayer Orbán, desde luego. Teniendo como agentes electorales al emperador del pelo naranja y al maniobrero que acaudilla Rusia, morder el polvo debe de ser francamente indigesto. Bueno, y teniendo como agente electoral en pequeñito -cada uno en lo que representa- a la franquicia de los Patriots y los Magas en España… que es Santiago Abascal, en efecto, el líder supremo al que sus antiguos oficiales de Vox, hoy defenestrados, señalan ahora como encargado de un cortijo más económico que político en el que la discusión y la discrepancia no tiene sitio.

Visto desde España, el gran concernido por la derrota de Orbán es Vox y el gran concernido por la victoria de Magyar es el PP. Siempre podrá añadir Feijóo a su lista de elecciones ganadas -generales, europeas, casi todas las autonómicas- las elecciones húngaras. Fue el PP quien puso en circulación esta idea -bastante forzada- de que Sánchez es el Orbán del sur y de izquierdas, el otro grano que sufren los gobernantes en el Consejo Europeo por su empeño en diferenciarse más de la cuenta.

Forzada porque ni en lo que respecta a la guerra de Ucrania, ni a Putin, ni siquiera a la opinión que se tiene de Trump, sus aranceles y sus guerras, consta que Sánchez esté en disonancia grave con sus colegas europeos. Le gusta marcar posición -sobre todo en las fotos de la OTAN-, le gusta presumir en casa de que él abre camino porque ve más y más lejos que el resto, le gusta que China parezca ya su segunda residencia y, en general, le gusta gustar como verso suelto, pero en lo sustancial está más cerca de Merz, de Tusk y de Úrsula, o sea, del PP europeo de lo que él quiere que se vea. Y de Macron, por supuesto, que fue el primero en celebrar ayer que los húngaros hayan apostado por la Unión Europea, o sea, que se hayan quitado el grano.

Viktor Orbán ya gobernaba Hungría cuando Pedro Sánchez era un desconocido diputado debutante en Cortes que antes había sido concejal, sin pena ni gloria, en el ayuntamiento madrileño. La izquierda española, y europea, podrá celebrar que Hungría pasa de la extrema derecha a la derecha tradicional.

Y solo eso, porque el nuevo Parlamento se lo reparten: 53% para esta derecha pro europea, 38% para Orbán y 6% para otro partido que es más extremista aún que él. La izquierda ni está ni se la espera. Lo más parecido es el Partido del Perro de Dos Colas, que es progresista pero de broma. Su programa electoral es la semana laboral de un día, dos puestas de sol cada jornada, cerveza gratis y convertir la gran llanura húngara en una montaña.

Otra notable diferencia entre Hungría y España (con permiso de Torrente): no, la geografía no, la supervivencia de la izquierda. Aquí la derecha va muy por delante en las encuestas (también en la de La Vanguardia de ayer) pero el gobierno, desde hace casi ocho años, es de Sánchez. Ocho años gobernando España esta especie europea en extinción llamada la izquierda.