Las amenazas de Donald Trump ya no son lo que eran. Así que una cumbre de la OTAN en la que amenaza con apoderarse de Groenlandia, llama a los españoles "mala gente" y amenaza con una guerra comercial, lanza pullas a Reino Unido, a Italia y Francia… Bueno, y a la OTAN, claro… Y de paso decide por su cuenta volver a bombardear Irán y dispara el petróleo un 7%... Pues cómo estará el mundo para que una cumbre en la que pasa todo esto resulte una cumbre de la OTAN más o menos exitosa.
Las ofensas de Trump ya no intimidan como antes. En cualquier momento se le pueden olvidar. Empezó insultando a prácticamente todos los miembros de la alianza atlántica y terminó diciendo que había sentido su amor. Y eso que todos los europeos habían mostrado su apoyo a Dinamarca frente a sus bravuconadas por Groenlandia. Eso sí, cuenta The Guardian que también se pusieron de acuerdo para no mencionar la derrota de 4 a 1 de EEUU ante Bélgica para evitar que se pusiera de mal humor.
A Trump habrá que darle las gracias por generar con tanto caos el impulso definitivo para convencer a Europa de hacerse cargo de su propia seguridad. El aumento del gasto en defensa, que lo hay, ya no es para complacer a Trump, sino para defenderse de él.
Después de los insultos de Trump a España, Sánchez optó por hablar con él, más que de gasto militar, de fútbol y golf. Ni rastro de su confrontación antitrumpista. La estrategia de Sánchez, como del resto de socios, más que de una cumbre geopolítica, era la de la típica comida familiar en la que cuando el abuelo se enfada mucho por algo el resto de la mesa se compincha para cambiar de tema a ver si se le olvida. Y funcionó.
Horas después, Trump decía al terminar la cumbre que la palabra que resumía la cumbre era "unificación". Luego declaró a los periodistas en el Air Force One que España se había "portado de maravilla" y había sido "muy generosa".
¿Moraleja?
Trump amenaza
como un bocazas

