Abdul Jabar es uno de ellos, que con sólo 25 años cuenta que estuvo 3 años y medio en el Ejército sirio, que estuvo desde el principio implicado en el conflicto pero llegó un día en el que no pudo más y se lo contó a sus compañeros, que le delataron, lo que provocó que le metieran en la cárcel de Homs, donde le torturaron durante un año .
El otro Aladín Qadad, de 32 años y que es el otro hijo de Yasín. Dice que mientras su hermano pasó los primeros años de la guerra en el Ejército, él estuvo en una zona rural de Alepo, controlada por los grupos de la oposición, y donde los jóvenes sufren mucho, incluso hoy, presionados por ambos bandos para que se unan a ellos con amenazas y coacciones. “Cada dos días venían para que me fuera con ellos a luchar, a lo que yo me negaba” dice Aladín.
Tras años en esta situación, ambos se reencontraron en Alepo y planearon su huida junto al resto de la familia. Viven en la ciudad turca de Kilis en un piso alquilado y no quieren ni oír hablar de Europa.
