Avanzan los segundos hasta las diez de la noche en la que Donald Trump desvelará qué es lo que entiende por Liberación. Es que así ha denominado, con este nombre tan impactante, bélico, Día de Liberación. Este 2 de abril en que anunciará los términos de su guerra comercial a gran escala.
No se conocen los detalles concretos, sólo el plan general. Lo que Trump pretende es apretarle al mundo un corsé comercial que amenaza con cortarle la circulación. Normal que a esta hora estén todas las cancillerías aguantando la respiración. Aunque también se han afanado en gestiones de última hora. La Casa Blanca ha recibido mensajes diplomáticos durante todo el día para tratar de salvar mediante la negociación a uno u otro sector de interés.
Justo hoy, en día tan señalado, la revista Político, de gran influencia en Washington, revela que Donald Trump le ha comunicado a su núcleo duro, a su equipo de máxima confianza, que muy pronto Elon Musk terminará con su labor al frente de la Oficina de Recortes de la Administración y abandonará el gobierno.
Esto ha hecho que la acción de Tesla se haya disparado como un cohete, porque la presencia del empresario en el Gobierno estadounidense está siendo muy problemática y dañina para su empresa.
Lo que ha debatido durante estos días el equipo económico de la Casa Blanca es el plan de guerra. Si va a hacer una serie de operaciones selectivas, es decir, aranceles minuciosamente seleccionadas para castigar a cada uno de los países o si el ataque va a ser indiscriminado, es decir, un gravamen general para todas las importaciones de Estados Unidos.
En cualquier caso, la guerra se le suele declarar a los enemigos. Trump considera que no tiene amigos y esto relativiza casi cualquier alianza de Estados Unidos, porque castigará a los que hasta ahora han sido sus principales socios y que Trump ve como unos meros parásitos.
Las consecuencias inmediatas serán una subida de precios y probablemente una contracción de la economía. Pero también la de Estados Unidos. Los aranceles perjudican a quien los impone, sobre todo si decide convertir a todo el mundo en su enemigo comercial.
Si le preguntan al mayor inversor del mundo en bonos, PIMCO, calcula que los aranceles restarán 1,5 puntos al crecimiento económico de EE.UU.
La Unión Europea está estudiando una reacción común a la afrenta comercial de Estados Unidos. La Pregunta es si activará el mecanismo anticoerción. Una herramienta que permite el control de las exportaciones o la respuesta a una agresión comercial. Desde luego es a lo que suena el Whatever it takes, el "estamos preparados para lo que sea necesario" pronunciado por Úrsula Von der Leyen.
En España, Sánchez convoca mañana una cita en La Moncloa con los sectores afectados por "la amenaza arancelaria". Asistirán representantes de Asaja, Faconauto, la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (Fenacore), la Unión de Empresas Siderúrgicas (UNESID) o la Federación Española del Vino. O sea, los sectores más temerosos de lo que venga: sobre todo el sector agroalimentario y que pueden resultar muy perjudicados por una gravamen de las importaciones en Estados Unidos.
Hoy se ha reunido con los sindicatos y la patronal para hacer un análisis previo y hablar de la posibilidad de ofrecer ayudas a los sectores más afectados. Hoy en Más de Uno con Carlos Alsina, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi ha explicado de qué manera puede impactar la guerra arancelaria en un país como España.

