El verano en España vuelve a estar marcado por uno de los retos más absurdos y peligrosos que circulan en redes sociales, defecar en piscinas públicas. Esta práctica, que se popularizó en 2018 y ha regresado con fuerza en 2025, ha obligado a cerrar temporalmente más de 300 instalaciones municipales para descontaminar el agua y proteger la salud de los bañistas.
De la broma a un problema sanitario
Aunque pueda parecer una gamberrada aislada, los episodios siguen un patrón casi idéntico. Alguien defeca deliberadamente en la piscina, otro usuario detecta los excrementos y avisa al personal, que activa el protocolo de evacuación y desinfección.
Las consecuencias son graves. Los excrementos humanos contienen millones de bacterias y parásitos como E. coli, Salmonella, Shigella, Giardia o Cryptosporidium, capaces de provocar desde diarreas y vómitos hasta hepatitis A o fiebre tifoidea. El doctor Jorge Huerta Preciado, especialista en Medicina Interna, advierte que "es realmente preocupante y desagradable ver cómo un acto tan incívico como defecar en piscinas públicas se convierte en un reto viral".
Municipios afectados del norte y del sur
El fenómeno se ha extendido por todo el país. Este verano han sufrido cierres las piscinas de Sant Joan de Vilatorrada, Berga y Bellver de Cerdanya en Cataluña; Orduña y Sopela en Euskadi; Canals y Carcaixent en la Comunidad Valenciana; además de Torrelavega, Los Corrales y Reocín en Cantabria.
En Valladolid, los operarios del Centro Deportivo Canterac encontraron restos en dos piscinas antes de la apertura al público, evitando el desalojo pero obligando a vaciar y tratar el agua.
Los niños son los más vulnerables, ya que su sistema inmunitario aún está en desarrollo y, al jugar, suelen tragar agua contaminada, lo que expone a infecciones graves.
Sanciones y vigilancia reforzada
Aunque no existe un delito específico a nivel estatal, las normativas locales permiten imponer sanciones que, en los casos más graves, pueden llegar a 600.000 euros. Además, los responsables pueden ser expulsados de las instalaciones durante años.
Alcaldes como el de Sant Joan de Vilatorrada, Jordi Solernou, han sido tajantes: "quien sea identificado no volverá a entrar a la piscina municipal". Para lograrlo, muchos ayuntamientos han reforzado la vigilancia nocturna y recurren a cámaras de seguridad para dar con los autores.
El civismo única barrera eficaz
Los expertos insisten en que el cloro no es una solución inmediata frente a la contaminación fecal masiva. La responsabilidad individual y la higiene personal de los bañistas son la primera línea de defensa para que todos puedan disfrutar de un baño seguro.

