Recordarás a Gisèle Pellicot. La mujer francesa que se ha convertido en un símbolo de la dignidad y la fortaleza. En el juicio en el que se juzgó a su marido por drogarla y violarla durante años y reclutar a decenas de desconocidos para grabarles mientras lo hacían, ella dijo con la cabeza bien alta aquello tan valiente, tan verdad, de que la vergüenza tenía que cambiar de bando. Su marido fue condenado a 20 años de prisión. ¿Pero sabes quién no ha sido condenado? El sitio web que facilitó la violación masiva. Y hay muchos más.
Francia ha iniciado ahora una investigación masiva sobre esa web, una plataforma vinculada a delitos como abuso sexual de menores, violaciones y asesinatos. Coco, se llamaba. La web fue clausurada en 2024, pero ha vuelto a reaparecer. Tenía un chat, una sala, que se llamaba "sin su conocimiento". Ahí se reunía gente para quedar a forzar sexualmente a otra gente.
La CNN sacó hace días una investigación sobre estas 'plataformas de violación'. 'Rape academy' las llaman. Hombres de todo el mundo intercambian consejos sobre cómo drogar y violar a sus parejas mientras filman las escenas. Son plataformas tecnológicas al servicio de delitos sexuales. Estructuras muy rentables que fomentan la violencia contra las mujeres dando consejos de cómo drogar a las víctimas y violar a tu pareja sin dejar rastro. Como le pasó a Gisèle Pelicot en su propia casa durante una década del terror.
La investigación de CNN revela que hay una red en lo más profundo de la web. A veces son salas específicas en sitios porno. La reportera de la CNN que se infiltró descubrió un chat en Telegram con casi mil usuarios, mil hombres, con vidas aparentemente normales que además de fotos y vídeos comparten manuales para otros agresores. Dan detalles de los fármacos que utilizar y cómo suministrarlos en la comida. El eufemismo que utilizan es "sueño".
Así que sí, la vergüenza tiene que cambiar de bando. También toda esta impunidad digital.
¿Moraleja?
Hay que desenmascarar
estas academias para violar

