Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

ROYAL SOCIETY DE LONDRES

Los científicos acaban con el mito del Yeti o 'abominable hombre de las nieves'

Los científicos analizaron muestras de huesos, dientes, piel, cabello y heces previamente atribuidas al 'abominable hombre de las nieves'.

| Madrid
| 29/11/2017
Posible imagen de un Yeti

Posible imagen de un Yeti / Archivo

El yeti, o abominable hombre de las nieves, ese eslabón perdido que algunos creyeron ver cerca del Himalaya, es en realidad un oso.

O tres osos diferentes (negro asiático, marrón tibetano y marrón del himalaya), tal y como informa la revista Proceedings B de la Royal Society de Londres.

Los científicos explicaron que cada una de esas subespecies habita diferentes zonas en el techo del mundo, y todas ellas, en algún momento, habrían sido confundidas con el yeti.

La científica líder Charlotte Lindqvist, profesora asociada del Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad de Buffalo, y su equipo analizaron muestras de huesos, dientes, piel, cabello y heces previamente atribuidas al abominable hombre de las nieves.

Los resultados, los restos pertenecían a 23 osos distintos, tal y como recoge The Guardian.

A lo largo del siglo XX, la fascinación de occidente -sobre todo en Estados Unidos y Gran Bretaña- con la leyenda del yeti se mantuvo intensa.

En su libro, el teniente coronel Charles Howard Bury relata como en el paso de Lhagba, cerca del Everest, en 1921, vio una serie de "huellas como las de un hombre descalzo". En un principio las atribuyó a un lobo de gran tamaño, pero sus guías sherpa le dijeron que aquellas huellas pertenecían a un "metoh-kangi", o "hombre-oso de nieve".

En 1925, un informe de la Royal Geographic Society habla de una figura similar a la de un hombre cruzando un glaciar. Lo que alimentó aún más el mito.

En los años 50 se llevaron a cabo dos expediciones que encontraron huellas y muestras de pelo, además, supuestos avistamientos, que como han aclarado Lindqvist y su equipo, fueron producto de la imaginación.