Dirigida por Alberto Utrera y escrita junto a Carlos Soria, y protagonizada por Paco León como Chino y Raúl Tejón como Josu y un elenco que se completa con: Adam Jezierski como David, Stéphanie Magnin como Cris y Kimberley Tell como Paula. Todos, con una actuación increíble, dan vida a un grupo de amigos que, como muchos, arrastran amistades heredadas, parejas en crisis o idealizadas, y una necesidad constante de aparentar estabilidad. A través de dinámicas reconocibles (los celos, la codicia, la rutina conyugal o el deseo de escapar), Uno, equis, dos pone el dedo en la llaga de lo que no se dice en una cena de sábado, pero se piensa cada lunes por la mañana.
El director Alberto Utrera, en su tercer largometraje, construye una historia inspirada en la realidad más incómoda, esa en la que el dinero puede convertir a los mejores amigos en enemigos de manual. Rodada en orden cronológico (algo poco habitual) y en la espectacular Vega de San Mateo (Gran Canaria), la película convierte la propia casa donde sucede la trama en un personaje más: muebles antiguos, vecinos misteriosos y un jardín donde nada es tan inocente como parece. Hasta un erizo tiene su metáfora filosófica, inspirada en Schopenhauer.
El guion, afilado como el cuchillo que protagoniza el cartel, juega con la tensión y el humor, y ofrece momentos que conectan directamente con el espectador: desde la sospecha de una infidelidad que puede no ser real, hasta la incomodidad de ver tu vida reflejada en pantalla. La preparación de las escenas, las decisiones de casting y el giro final no hacen sino reforzar el tono corrosivo y lúcido de la propuesta. Una película que te hace reír, pero también te obliga a pensar: ¿qué harías tú si supieras que vas a ganar? ¿Lo compartirías con tu pareja? ¿Te separarías? ¿Es amor real o es solo una relación sin más?
Uno, equis, dos es una opción ideal para quienes buscan algo más que aire acondicionado en la sala. Es una película para ver en pareja, con amigos o incluso solo. Te hará desconectar, disfrutar y replantearte algunas certezas. Y si después de verla te sientes tentado a rellenar una quiniela… ya sabes a quién culpar.
