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VÍDEO | OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Alarmas en el PP porque C's les madruga el voto y Rivera gana más como opositor que como muleta"

Mañanita de nieve en media España. De frío pelón en toda ella. De conducción difícil en muchos tramos de carretera. Inviable en algunos de ellos.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 16/07/2018 a las 15:46 horas

Érase un día gélido del mes de febrero en el que cuatro dirigentes políticos, los más conocidos del país, recibieron sus notas de primeros de año. El primer examen de 2018. La intención que manifiestan los votantes respecto de sus partidos: si los volverían a votar, si cambiarían, si valoran positiva o negativamente la labor que han hecho en los meses anteriores.

Hay barómetro del CIS, dentro de cuatro horas y pico. La mayor encuesta que se hace en España y la que más información, por tanto, aporta a quienes tomas las decisiones en los partidos. La gran pregunta de hoy es si el CIS, como vienen haciendo otras encuestas privadas, aúpa a Ciudadanos como el partido con mayor respaldo electoral de nuestro país. Si también en el barómetro del CIS Albert Rivera sobrepasa a Mariano Rajoy, a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias. La última vez que hubo elecciones fue hace año y medio, junio de 2016. Antes de que el gobierno catalán organizara un referéndum de autodeterminación y proclamara la república catalana. Antes del 155 y de todo lo que ha venido luego. En aquella ocasión, uno de cada tres votantes eligió PP. Le sacó once puntos al PSOE, doce a Podemos y veinte a Ciudadanos. Veinte. Por eso Rivera tiene 32 escaños y Rajoy, 133.

El presidente del gobierno dijo en este programa hace once días que no se refería a Ciudadanos cuando hace dos semanas dijo que su partido no era de aficionados. El mismo presidente del gobierno lo que dijo ayer, al afearle a Ciudadanos su cambio de criterio sobre la prisión permanente revisable (de no compartirla a pedir que se endurezca) que Rivera es un peligro para los españoles.

Este partido sin ideas claras ni principios firmes que puede tener consecuencias peligrosas es el aliado preferente del PP en el Congreso de los Diputados. El socio necesario es, a la vez, el principal competidor.

Y esto es lo que ha cambiado el resultado electoral en Cataluña:

Que en el PP se han encendido las alarmas no sólo porque Ciudadanos les está madrugando el voto. También porque Rivera ha visto pista libre y está más cómodo en su papel de opositor que en el de muleta parlamentaria del gobierno.

La cuestión catalana no le reporta votos al PP, tampoco al PSOE y menos aún a Podemos. Los tres partidos que han salido defraudados de las últimas elecciones catalanas. Y que temen que eso se extienda ahora al resto de España.

Los tres intentan que en el país se hable de otras cosas:

• De la prisión permanente revisable, que es asunto que hace suyo el PP.

• De las pensiones y los impuestos a los bancos, que es la cuestión que prefiere el PSOE.

• De la corrupción, que es donde mejor se mueve (en su denuncia) Podemos.

Para los tres, lo peor es que Puigdemont siga haciendo de las suyas, dando espectáculo cada día y manteniendo vivo el suspense sobre qué hará con su vida.

Para los tres no es una buena noticia que esta mañana volvamos a estar pendientes los medios de si estos 33 diputados a los que hoy reúne el fantasma de ejercicios espirituales en Bruselas consiguen persuadirle de que acepte con resignación un papel de solemnísimo florero o es él quien les persuade a ellos de que vayan desempolvando los carteles para competir, otra vez, con Esquerra en unas nuevas elecciones.

Todo el grupo parlamentario de excursión a Bruselas. El dinero que se está dejando esta gente en aviones.

Decepcionó la gala de los Goya de este año. Decepcionó a quienes esperaban que sirviera de altavoz para denunciar un año más al gobierno. A Pilar Rahola, portavoz oficiosa de su colega Puigdemont, le disgustó que nadie se acordara allí de los presos políticos, los de ella, los que lo son para ella, o sea, los Jordis y Junqueras. No los venezolanos, por ejemplo, que aquellos sí que lo son pero es verdad, tampoco nadie se ha acordado de ellos en una gala española.

Qué tremenda frustración la del sábado, Pilar. Ni el dúo presentador, ni los premiados, ni los que entregadores de premios, nadie, tuviera media palabra para tus presos. Qué indignación al contemplar al personal llevando un abanico rojo en lugar de un lazo amarillo. Ni siquiera los profesionales catalanes. Que según la presidenta de la Academia Catalana —lo dijo en los Gaudí— están todos indignados con la represión española. No llevan lazos amarillos y encima premian a Isabel Coixet, la cineasta que más ha escrito sobre (y contra) la discriminación que se padece en Cataluña si le llevas la contraria al independentismo hegemónico en eso que pretenciosamente se llama el mundo de la cultura.

Pero no, Coixet tampoco habló de la cuestión catalana en la gala. Es el asunto —no hay duda— que más ha preocupado a la gente, el pueblo, la ciudadanía en los últimos seis meses, pero no es un asunto que haya calado en el mundo del cine, no con la intensidad, o con la aparente unanimidad, como para enarbolar una bandera. Ni siquiera la bandera de la igualdad de derechos y deberes de todos los ciudadanos. No es ésta una cuestión que viva el colectivo profesional del cine como propia. Coixet sí, pero parece que sólo ella. Y no en las galas de premios.

Los abanicos rojos que ideó la Asociación de Mujeres Cineastas fueron lo más visible de este año. Abanicos en manos de casi todos los asistentes y de los no cineastas invitados, Sánchez, Rivera, Iglesias, la ministra y el ministro. Los abanicos rojos que reclaman más mujeres en todos los ámbitos de la creación y producción de películas. Esta mañana le preguntaremos a sus impulsoras cómo vieron la gala, qué efecto confían en que tenga y, sobre todo, a quién iba dirigida la reivindicación. En manos de quién está, de quién depende, que haya pocas o muchas mujeres escribiendo, dirigiendo o produciendo cine. Dónde está el tapón que impide que exista —ésto es lo principal de la denuncia— la igualdad de oportunidades.

Gabriel Rufián, por cierto, sí que ha ido a ver a Junqueras a prisión y quiere que usted lo sepa, que todo el mundo lo sepa. Ha escrito un artículo en El Periódico encadenando frases-telegrama. "Tres horas de tierra y nada alrededor. De lejos parece un aeropuerto sin aviones. Alambre, garita y cemento en una loma". Todo así.

El artículo se presenta como un elogio al recluso, generoso y digno, pero es un elogio al que le visita. Al diputado que recorre seiscientos kilómetros para ir a verle (seis horas de coche, dice: hombre, son menos si las calculas desde tu escaño de Madrid, eres de los amigos que más cerca tiene la visita) y que pasa frío, y pasa un escáner y recorre un pasillo y cruza una pasarela de hierro (y otras penalidades tan terriblemente amargas como ésta) antes de poder ver al recluso al otro lado de la mampara. Ha ido a verle y a escucharle, pero apenas cuenta nada de lo que Junqueras le dice. Porque el protagonista del artículo no es Junqueras, es Rufián a cuenta de Junqueras.