Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

OPINIÓN

VÍDEO del monólogo de Carlos Alsina en Más de uno 25/01/2019

Y entonces, para la UE, para España, para Pedro Sánchez, ¿quién es el presidente de Venezuela?

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 25/01/2019

Hoy. Ahora. Si tuvieran que despachar algún asunto con el jefe del Estado venezolano ahora mismo, a qué teléfono llaman, ¿al de Guaidó o al de Maduro?

Europa se ha quedado en tierra de nadie.

No reconocemos a Maduro como presidente legítimo pero tampoco reconocemos al presidente nuevo. Han hecho memoria los gobiernos europeos para recordarnos que ya en mayo del año pasado, cuando Maduro celebró aquellas elecciones manipuladas que la oposición venezolana ignoró porque eran un cuento, la Unión Europea no las dio por buenas. Maduro, para la UE, no fue reelegido presidente el año pasado. Por eso se ignoró su toma de posesión de enero. Ni revalidó la presidencia, ni cumplió su obligación de convocar elecciones, ni tiene legitimidad el Parlamento paralelo, y a su medida, que se inventó cuando perdió la mayoría en el Parlamento de verdad. Las últimas elecciones venezolanas que la Unión Europea reconoce como buenas fueron las legislativas que perdió el chavismo en 2015. Por eso han elegido los gobiernos europeos, y el de España, la vía ésta de subrayar que la institución democráticamente elegida por los venezolanos es la Asamblea, no el presidente Maduro.

No estuvo muy diplomático el jefe de nuestra diplomacia, Borrell, cuando le preguntaron ayer por Macron. Se le nota incómodo al gobierno Sánchez con esto de Venezuela. Pero ha recuperado una expresión que tenía aparcada: el régimen. Al gobierno bolivariano de Maduro, Borrell se refiere como el régimen. Que es como le llamaba Pedro Sánchez cuando era Simplemente Pedro.

Esto era cuando aún no gobernaba. Y cuando recriminaba a Iglesias y Monedero que le hicieran el caldo gordo al régimen.

Esto era, claro, cuando al PSOE le parecía natural que Venezuela fuera un asunto de debate político doméstico en España. Mucho antes de que llegara la vicepresidenta Carmen Calvo a exigir que los demás no utilicen la situación de Venezuela para criticarles a ellos.

La rentabilidad partidista es una cosa que buscan todos los dirigentes políticos que aspiran a ganar unas elecciones, empezando por quien más potencia de fuego tiene, que es el gobierno. Se comprende la incomodidad de Sánchez porque él ha asumido la doctrina Zapatero, ésta que dice que hay que hablar con Maduro y persuadirle de que dialogue con la oposición evitando que aumente la tensión porque hay riesgo de guerra civil con miles de muertos, esta doctrina que Felipe González despachó ayer con esta frase.

La doctrina Zapatero ha quedado aparcada ahora porque se han precipitado los acontecimientos. Y el gobierno de España se debate entre permanecer en esta calculada indefinición o dar el paso que le han pedido no sólo los venezolanos exiliados aquí, sino los presidentes de Colombia y Ecuador, con los que estuvo reunido ayer. El paso que sí ha dado el Reino Unido.

Los demás países europeos han optado por esperar a que sea Maduro quien asuma que lo suyo se ha acabado y entregue el poder. Pueden esperar sentados. No es su estilo. Han optado por esperar a que el chavismo entienda que Maduro sobra y le deje caer. O le haga caer. Que sigan esperando.

Que sigan esperando porque el chavismo ocupó hace tiempo todas las instituciones del país: el Gobierno, las Fuerzas Armadas, el Tribunal Supremo.

La pregunta para el gobierno de España hoy es obligada: si lo de Maduro es un régimen autoritario, si su presidencia no es legítima, si la Asamblea Nacional sí lo es, entonces por qué no se actúa en coherencia y reconoce a Guaidó,cabeza de la institución que sí fue escogida por el pueblo.

Y le va a tocar responderla a la ministra portavoz Celaá, ya que el presidente Sánchez no se ha animado aún a hacerlo. Bien está que telefonee a Guaidó para decirle que sí pero que todavía no. Bien está que el departamento de autobombo difunda una fotografía, muy bonita, de Sánchez caminando solo entre la nieve mientras habla por el móvil, pero hombre, siendo Venezuela una nación tan vinculada a la nuestra, habiéndose declarado el hoy presidente tantas veces preocupado, sensible, atento a lo que allí sucedía, ya podía haber encontrado un minuto para hacer una declaración en condiciones. Menos twiter y más atender a la prensa.

Uno se imagina a Errejón borrando tuits chavistas como un poseso. Y a Alberto Garzón poniéndose en pie, emocionado, al ver al general Padrino y su grupo de uniformados prometiendo fidelidad eterna a Nicolás Maduro.

Qué pensará Rajoy, el registrador de la propiedad, al escuchar el fervor con el que Carmen Calvo, mano derecha del hombre que le evacuó de la Moncloa, habla de lo moderado y lo equilibrado que era. A diferencia de este PP de ahora, tan desequilibrado.

Extremísimo el PP por haberse atrevido a pedir que se persone Sánchez en el Senado para explicar cómo fue su reunión con Torra. Y amagando, en vista de que Sánchez no se persona ni a rastras, de que el Senado puede acabar reprobándole ¡Intolerable!, exclaman la señora Calvo y su portavoz senatorial, Ander Gil, qué grandísimo escándalo.

Por más que el PSOE sobreactúe, esto de que sea Sánchez quien decida qué se le puede preguntar y qué no, en el Senado, no tiene un pase. El desdén con el que el gobierno está tratando a la Cámara Alta no tiene un pase.

• Sí, es verdad que el PP tiene mayoría absoluta.

• Sí, es verdad que el PP intenta acorralar al presidente citándole lo mismo para preguntarle por su tesis doctoral que por Torra o por el tiempo que hace.

• Sí, es verdad que es un engorro tener que desplazarte a la plaza de la Armería de Madrid pudiendo estar recorriendo el mundo con el Falcon, pero chico, no haberte pedido presidente. Si lo eres, lo eres. Vas allí, la oposición te aprieta y tú toreas como quieres. Así fue siempre.

Lo que el Senado está preguntándole a Sánchez es muy razonable:

• Se reunió usted con Torra en Barcelona, todos lo recordamos porque hubo un enorme revuelo al respecto.

• Echaron una hora de amigable conversación sobre el conflicto, la solución política y el marco jurídico (expresiones todas muy del gusto de Torra y de su corte independentista).

• Su interlocutor le entregó a usted un documento que para él supone el punto de partida del famoso diálogo, esto es a lo que aspiro.

• Usted, que se sepa, no se lo devolvió allí mismo porque le pareciera inoportuno. Se lo quedó, lo guardó con cortesía y no informó a la opinión pública de su existencia.

• Luego Torra cantó la gallina y aquí seguimos, esperando a saber qué fue del documento y por qué les incomoda tanto a los ministros que les pregunte si alguien lo ha visto.

A falta de respuestas, habrá que seguir preguntando. La transparencia, presidente, ya usted sabe.