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Fernando Ónega: "La herencia recibida es un salvoconducto para el autor de cualquier tropelía"

Cuando se agotan los argumentos, cuando un cargo público empieza a tener difícil defensa, cuando ya no vale apelar a la "trayectoria intachable", o cuando un problema no tiene fácil solución, todos los gobiernos buscan refugio en el anterior.

Fernando Ónega
 |  Madrid | 04/06/2020

Felipe González lo hizo y habló de la DISH, "la difícil situación heredada" de Suárez. Lo hizo Aznar, para presentarse como salvador y dijo aquello de que el PSOE dejaba paro, pobreza y corrupción. Lo hizo Rajoy, más o menos en los mismos términos. Y lo está haciendo Sánchez con la reforma laboral y los recortes, aunque el récord lo batió el día que hizo responsable al PP de su pacto con Bildu.

Ahora, con Grande-Marlaska, lo mismo. Las agresiones al ministro son una especie de venganza de la derecha por haber entrado con la barredora en la policía patriótica. Al asesor que encontró ese argumento seguro que le dan una medalla; la de Alfonso X el Sabio, suponiendo que exista. Si el autor ha sido el propio Sánchez, sus equipos habrán cantado sus alabanzas por el ingenio demostrado.

La herencia recibida es un salvoconducto para el autor de cualquier tropelía. Detrás de la intención de usarla está el propósito de amnistiar políticamente a funcionarios y gobernantes. Les da, además, una aureola de tipos heroicos que corrigen injusticias y de mártires a quienes no se perdona el perseguir fechorías y limpiar cloacas. Y todo esto no le quita la calificación: dialécticamente, no sé si será eficaz; pero es un poco ruin.