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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez pincha en Holanda"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la visita de Pedro Sánchez al primer ministro holandés, Mark Rutte, para acercar posturas de cara a la negociación del fondo de reconstrucción europeo. Además, habla de los brotes de coronavirus activos en España.

   | 14/07/2020

No ha empezado bien la semana para el presidente Sánchez. Él lo que necesita es que termine bien. Lo necesita como el comer. Porque el viernes se juega él, y nos jugamos con él, cuánto dinero recibirá el Estado español para encarar la recesión y bajo qué condiciones nos lo prestarán nuestros socios europeos.

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No ha empezado bien la semana para Sánchez porque al fiasco de la jornada electoral en el País Vasco y Galicia ---ni media palabra se le ha escuchado aún sobre el asunto, prueba de que no salió como esperaba---, se sumó ayer la enorme simpatía con que fue recibido por un señor holandés en La Haya. Que dirá usted: si fue bien recibido, por qué iba a suponer un revés para el presidente. Pues porque el holandés, que es primer ministro y se llama Rutte, cuanto más sonríe, peor. Si se deshace en amabilidad en el trato es que va a ponerte todo lo difícil que pueda el trato, o sea, lo del dinero europeo que se negocia el viernes en Bruselas.

Con permiso de Urkullu y de Feijóo, el asunto más relevante de la semana es lo del dinero. De cuánto podrá disponer España para afrontar la recesión que ya ha empezado y bajo qué condiciones. El fondo europeo se va a llenar con dinero prestado –-deuda pública— que avalan todos los países miembros. Y hay algunos, como Holanda, que llevan mal esto de tener que avalar un fondo cuyos beneficiarios van a ser, sobre todo, Italia y España.

Mientras ayer esperaba a que llegara Sánchez a su residencia oficial, el holandés les dijo a los periodistas que hay que encontrar una solución. Aunque ellos lo que le entendieron es que nosotros, los españoles, tenemos que encontrarla aquí, en España.

Que hay que encontrar una solución, pero que esto es política y en política nada es fácil. Espero, espero, espero. I hope, I hope, I hope.

Ai ho, ai ho, ai ho. Como los enanitos. Muy sonriente el amigo Rutte, pero poco dado a regalarle los oídos a su colega español sobre la negociación que está en marcha. Y que puede dejar a nuestro gobierno con la misma cara que se le quedó la semana pasada con lo de Nadia Calviño si al final los 140.000 millones que se daban por hechos, y en condiciones muy relajadas, acabaran siendo menos y en condiciones más duras. Al fiasco del Eurogrupo y al fiasco electoral de este fin del domingo confía Sánchez en no tener que añadir un tercer fiasco esta semana.

Cada vez más ciudades con restricciones. Cada vez más lugares donde retrocedemos en la desescalada. O dicho al revés, lugares que inician la escalada. Zaragoza y Huesca vuelven a la fase dos por decisión del gobierno aragonés, que intenta que no le pase lo que al gobierno de Cataluña, que se le descontrole alguno de los brotes que están declarados. Desde hoy es obligatorio el uso de mascarilla en todo Aragón, con multas de hasta cien euros a quien no la lleve. Ya son nueve las regiones que aplican esta medida.

En Cataluña, además del Segriá y los casos que no paran de aumentar en Lleida, hay trescientos casos activos en Hospitalet, con restricciones ya al uso de los recintos públicos. En todo el país, 120 brotes y dos mil nuevos contagiados desde el viernes. Esto se está poniendo serio.

El ministerio de Sanidad nos recomienda a todos, escarmentado de lo que nos pasó en marzo, evitar las multitudes, no juntarnos con mucha gente, no abrazarnos y no quitarnos la mascarilla.

Son las mismas medidas básicas para evitar contagiarse que ya recomendaban muchos epidemiólogos hace cuatro meses. Cuando aquí la mascarilla y la distancia social se desechaban por exageradas.

El ex ministro Miguel Sebastián declaró este fin de semana a El País que el doctor Simón debería pedir perdón por los errores en que incurrió en su labor de asesorar al gobierno. Mencionaba Sebastián que el gobierno se fió del criterio de quien tenía como tarea alertarle de una enfermedad nueva y animarle a tomar medidas preventivas. Y es verdad que aunque nadie pone en duda la buena voluntad del doctor, convertido ahora en icono de una suerte de guerra cultural en la que cuestionar su acierto está proscrito so pena de ser acusado de traición a la ciencia, es verdad que así como a todos los responsables políticos se les ha escuchado ya decir ‘nos equivocamos en esto y en esto’ (el ministro Illa, Sánchez, los presidentes autonómicos) es una frase que no se le ha escuchado aún al responsable del centro de alertas, ‘me equivoqué’.

Le preguntaron al doctor los periodistas ayer por este asunto.

Los científicos rectifican constantemente, es verdad, pero a la luz de nuevas evidencias que se van encontrando, o de experiencias que desmienten teorías anteriores. En este caso lo que se reprocha a Simón es lo contrario: no haber rectificado su análisis del riesgo que existía en febrero a pesar de las evidencias de que existían casos sin origen establecido ya en España. Y haber basado algunas de sus recomendaciones ---la no utilización de mascarillas, por ejemplo--- no en criterios de prevención médica sino de desbastecimiento de producto.

Las decisiones las toman siempre los gobiernos ---cuántas veces lo dijimos aquí, cuando Sánchez atribuía las decisiones a la ciencia---, pero no significa que quienes asesoran a los gobiernos hayan acertado siempre en su desempeño.

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