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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Puigdemont contaba con hacerle la butifarra a España desde su despacho, pero se encontró con el portazo Europa"

El riesgo de querer exhibirte siempre como el más listo, el más astuto, el que se las sabe todas y conoce todos los trucos es que los demás, de tanto verte presumir, te acaben cogiendo la medida.

Carlos Alsina
  Madrid | 30/05/2019

Si te llamas, por ejemplo, Torra. Nada más ser presidente sugieres que si condenan a tus colegas por rebelión, ignorarás la sentencia y les abrirás la puerta de la cárcel. Si luego llega al gobierno Pedro Sánchez, te envía a los reclusos preventivos a Cataluña y tú te exhibes en el trato privilegiado a tus colegas presos. Si el día que condenan a Oriol Pujol por corrupción te falta tiempo para apañarle un tercer grado que le permita empezar a salir con sólo dos meses cumplidos, no puede sorprendente que el resto del mundo tome nota. Y que, tomando nota, la fiscalía del Tribunal Supremo, en sus conclusiones al juicio por rebelión y malversación, añada a la petición de penas una petición al tribunal: que si Junqueras y los demás son condenados, tengan que tener cumplida la mitad de la pena antes de poder disfrutar del tercer grado. Si a alguien le tienen que agradecer los procesados este añadido sobre su futuro carcelario (presunto) es, como tantas otras cosas, al muñeco Torra y a su padre Puigdemont. El mismo que, al fugarse, consagró como evidente el riesgo de fuga.

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Si eres Puigdemont (o su miniyo, Toni Comín) y andas sacando pecho cada día por lo bien que te aprovechas de las instituciones para fingirte Nelson Mandela y meterle goles al Estado tiene el riesgo de que esas instituciones te acaben viendo venir y te rompan el juego.

Puigdemont se encontró ayer con el portazo del Parlamento Europeo cuando no se lo esperaba. Él contaba con poderse retratar en su despacho, con sus credenciales de parlamentario y haciéndole la butifarra (la peineta) al Estado español que lo reclama. Pero esta vez otros fueron más rápidos y más astutos que él. A Puigdemont no le puede negar nadie su condición de eurodiputado electo. Pero mientras no sea diputado a todos los efectos, con su acta recogida en España y conforme a la legislación española, sí se puede retrasar la entrega del pase al edificio y la llavecita del despacho. Eso es lo que sucedió ayer. Es usted cabeza de una lista pero aún no consta usted como eurodiputado, cuánto lo sentimos. Dése, por favor, la vuelta.

¿Se le ha tratado de manera diferente a los otros eurodiputados españoles elegidos el domingo? Sí. Los otros han podido entrar, él y Comín, no. Pero es que no todos están en la misma situación, ya se ocupa Puigdemont de pregonarlo cada día. Él y Comín tienen un juicio pendiente en España por rebelarse contra la Constitución, veinticinco años de cárcel de posible pena. Los otros, no lo tienen. Nada impide al Parlamento decirle a un eurodiputado electo: su credencial la recoge cuando tenga en su poder el acta. Igual que Puigdemont tiene abogados que le buscan lagunas y recovecos para poder chulearse, con perdón, de España, en el Parlamento Europeo también existen resortes para evitar que un ciudadano se aproveche de la institución de manera bastarda.

En realidad, el fraude mayor de Puigdemont es presentarse a unas elecciones como éstas. Un eurodiputado representa a los ciudadanos de su país de origen (a todos ellos). Puigdemont no se ha presentado ni para representar a los españoles ni para defender sus intereses. Es al revés. Se ha presentado para utilizar el Parlamento Europeo contra España. Para seguir dinamitando, desde dentro de las instituciones, al Estado español que ambiciona derribar.

Cuenta El Diario de Sevilla que Pedro Sánchez le ofreció la presidencia del Senado a Susana Díaz antes que a Miquel Iceta.

Abjuremos de todos los análisis que se hicieron cuando se supo lo de Iceta porque la pretensión inicial del presidente no era ni colocar a un catalán, ni reforzar al PSC ni hacerle un guiño a los catalanes. La pretensión era darle la patada institucional a Susana Díaz para hacer hueco en el PSOE andaluz. Como Zapatero cuando hizo vicepresidente a Manuel Chaves.

En el PSC el protagonismo de estos días le corresponde a Jaume Collboni. Aspirante a la alcaldía de Barcelona que se ofrece a pactar con Ada Colau un gobierno que ya existió: de coalición entre ella y los socialistas. Los tres votos que les faltan para investirla alcaldesa los ha ofrecido, sin negociación ni contrapartidas, Manuel Valls. El candidato apoyado por Ciudadanos que, en esto, discrepa abiertamente de Ciudadanos. Donde Rivera sólo ve posible apoyar como alcalde a Collboni —en este caso sin exigirle ni que repudie a Sánchez, ni que abjure de Podemos, ni que exija aplicar ya el 155—, Valls sostiene que el momento histórico exige tomar partido y escoger, de entre dos males, el menor: no quiere un alcalde independentista en Barcelona, no le gusta Colau como alcaldesa, pero entre el uno y la otra, prefiere a la otra.