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Monólogo de Alsina

Monólogo de Alsina: La prima menguante

Les voy a decir una cosa.

¡Ministro, que sigue bajando! Con entusiasmo le iban informando a De Guindos hoy sus colaboradores de cómo iba la prima de riesgo. 460 y bajando; 450; 440; 430 y a la baja, 420...nos han faltado dos horas para dejarla en los 400.

Carlos Alsina | Madrid | 07/09/2012

Bolsa de Madrid

Bolsa de Madrid / EFE | Archivo

Llevan unos meses tan estresados en el equipo económico del Gobierno, y en Presidencia, que esta inusual historia de la prima menguante la han seguido hoy con alborozo. “Para un viernes tranquilo que tenemos”, dicen los altos cargos del gobierno, “sonriamos hoy que podemos que ya se encargará la realidad de recordarnos que la montaña rusa no ha acabado”.

Este indicador de las dificultades financieras de un país que es el interés que ha de pagar por los bonos a diez años se ha desinflado cien puntos en sólo dos días, es decir, que motivos para estar hoy menos acongojados que ayer sí existen. Pero, claro, sigue estando la prima por encima de los 400 (y eso es alta, incluso muy alta) y sigue sin estar despejado el futuro inmediato, porque más que improbable sería milagroso que sólo con lo que Draghi dijo ayer, y sin necesidad de que pidamos rescate y el BCE enchufe la máquina de hacer dinero, la prima se quedara delgadita delgadita ya para siempre. Ese Mario, ese Mario, eh, eh. Es precisamente por esa convicción que, en el fondo, tiene todo el mundo de que estamos ante un cambio de aires episódicos, o temporal y vinculado al rescate que se acabará pidiendo, por lo que el personal se está aplicando esta máxima que dice: “celebrémoslo hoy por si acaso mañana nos quedamos sin razones”.

Todo, en efecto, es relativo y lo que ayer ha comenzado a recorrerse es un camino que, salvo enorme sorpresa, nos llevará a una solicitud de crédito a la zona euro que será blando en sus condiciones financieras pero severo en las condiciones políticas que se pongan para concederlo. La blandura del crédito es inversamente proporcional a la dureza de la política económica que se exige. Las reglas del juego siguen siendo las mismas, y los que reparten cartas, también. Es pueril esta interpretación que están haciendo algunos comentaristas según la cual Mario Draghi ha pasado de ser la madre de Anthony Perkins a ser San Vicente de Paúl, nuestro Ironman, capaz de poner en su sitio a la prima de riesgo sólo con abrir el pico. “Una palabra tuya bastará para bajarme, Mario”. El conde Draco no tiene intención de volver a hablar mucho más mientras no haya novedades por parte de los gobiernos nacionales, específicamente el nuestro, que es quien anda más necesitado de financiación (también el italiano, pero Monti se siente cómodo yendo al rebufo, que sea España la que dé el primer paso).

A la vicepresidenta Sáenz de Santamaría han intentado sacarle los periodistas hoy en Moncloa una declaración nítida sobre cuándo, cómo y con qué contrapartidas se solicitará el rescate. Muchas preguntas y una única respuesta: aún no hay decisiones que anunciar. ¿Pero es posible que España no tenga que pedir rescate? No hay decisiones que anunciar, respondió la vicepresidenta. En breve, en efecto, no las va a haber. La semana próxima, como ha dicho Sáenz de Santamaría, habrá reunión del Eurogrupo, los ministros de Economía de los países euro. Pero las novedades de verdad llegarán en la siguiente reunión, a mediados de octubre. Ése sí va a ser el Eurogrupo de la toma de decisiones, la madre de todos los eurogrupos. Ahí será donde terminen de discutirse, o negociarse, las condiciones de la cosa, tal como sucedió con aquel otro Eurogrupo en el que se pactó el rescate bancario.

Rubalcaba, que ayer estuvo en Bruselas y que trata de asomar la cabeza para tener voz en este debate público que, de nuevo, se abre, ha dicho esta mañana en el programa de Herrera que el PSOE no apoyará un rescate que requiera de más medidas de recorte (él lo ha llamado “esfuerzos adicionales” porque, aunque esté en la oposición, sigue empleando este lenguaje eufemístico o disimulante tan propio de los gobiernos: pedimos un esfuerzo, hacemos un esfuerzo, seguimos con el esfuerzo). Decir que uno no apoyará un rescate que incluya condiciones sugiere que lo apoyaría si nos las incluyera, pero un rescate a cambio de nada simplemente no existe. Rubalcaba lo que dice es que estará vigilante para que el gobierno haga una buena negociación, aunque no anticipa todavía qué hará si el rescate prospera en condiciones que a él le parezcan inasumibles.

Lo de someter a referéndum las condiciones sólo lo ha reclamado, de momento, en el PSOE Tomás Gómez, que intenta jugar las pocas cartas que tiene para ganar presencia en el debate de la política nacional persuadido de que en la política madrileña tiene pocas opciones de ganarla. En ausencia de Chacón, virtualmente desaparecida del mapa, Gómez trata de ser el pepito grillo de Rubalcaba, el compañero crítico que le toca los pendones. Cree haber encontrado una mina el dirigente socialista madrileño en lo que él entiende que es blandenguería de la oposición de Rubalcaba. Es la nueva versión del dales es caña, Alfonso, dales caña. Dale más duro, Alfredo, más duro. El problema para Gómez es que ésa es la estrategia de oposición que él ha practicado en la comunidad de Madrid -confrontación permanente, como él diría, en cabeza de cuantas manifestaciones han convocado los sindicatos- y no parece que pueda presentar una hoja de servicios, en términos electorales, muy nutrida. Esto es lo que dicen los de Rubalcaba, ¿no? Este Gómez nuevo no es, y al PSOE en Madrid se lo comió con patatas Esperanza Aguirre. Este fin de semana reúne el PSOE a su comité federal para convocar esa especie de mini Congreso del Partido (Conferencia Política) que se celebrará en noviembre y que el sector crítico pretende aprovechar para retomar el pulso que perdió en el último Congreso. Calentando motores, Gómez enarbolará este fin de semana la bandera del referéndum. Como hizo Georgios Papandreu en Grecia, diez minutos antes de que su carrera política finiquitara.