Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

EL BLOG DE ALSINA

La lectura del día siguiente a las elecciones

Les voy a decir una cosa.

Habían pensado en ponerle un autocar descubierto para llevarle en procesión hasta la calle Génova, donde sería subido a hombros hasta la planta séptima entre gritos de ese Alberto, ese Alberto, eh, eh, pero luego cayeron en la cuenta de que además de Alberto venía Antonio, y a éste, en lugar de con fanfarrias, había que recibirle con un red bull y una bolsa de avituallamiento.

Carlos Alsina  | Madrid  | Actualizado el 19/07/2018 a las 10:28 horas

Feijóo junto a Mariano Rajoy

Feijóo junto a Mariano Rajoy / EFE

A Feijoo le han abrumado sus colegas de la dirección del PP con una sucesión interminable de felicitaciones entusiastas. A Basagoiti le han transmitido sus condolencias. Son las dos caras de este día siguiente a la doble jornada electoral que les contamos anoche. El triunfo inapelable del PP en Galicia y el fracaso, también inapelable, del PP en Euskadi. El desafío era distinto porque en Galicia los populares son gobierno mientras que en el País Vasco sólo han sido condición necesaria para que gobernara Patxi López, pero así como en Galicia se ha salvado el examen con nota, en Euskadi no ha alcanzado el PP a ser potencial pareja de baile de un Urkullu que habrá de exhibir en adelante todas sus dotes de cortejo. Con diez diputados no estás en condiciones de ofrecerle al PNV de 27 el quesito que le falta para aprobar sus proyectos en el Parlamento, y eso reduce a la mínima expresión tu influencia política para los próximos cuatro años.

Basagoiti nunca ha jugado a negar la realidad y tampoco lo está haciendo ahora. La cosecha ha sido floja y no cabe descartar, por ello, que se reabran en el partido viejas tensiones entre los partidarios de la línea Mayor Oreja, para entendernos, y los partidarios de esta otra línea de Basagoiti, Oyarzábal, Quiroga, Sémper. Los socialistas vascos, que encajan también un retroceso notable, van a tratar de reconstruirse en Euskadi buscando puntos de acuerdo con el nuevo gobierno peneuvista y reverdeciendo aquel entendimiento que en otros tiempos encarnaron Jáuregui y Ardanza.

Los populares tendrán que encontrar su propia vía para recuperar apoyos, en una sociedad mayoritariamente nacionalista, en la que el principal partido conservador es el PNV y en la que ETA ya no es un factor determinante. La lectura del día siguiente a las elecciones se centra tanto en la distribución de escaños y el número de votos que deja en segundo término algo que, con el tiempo, cobrará seguramente mayor relevancia: el terrorismo terminó en Euskadi en la legislatura en que gobernó López con el apoyo de Basagoiti y en la que el PNV empezó a dirigirlo Urkullu. Eso queda ya para la historia, quiénes lideraron el arrinconamiento de ETA, quiénes abogaron siempre por la libertad y la tolerancia, no estos que han llegado los últimos, a rastras y caninos de ingresos, es decir, la izquierda abertzale que se integró en Bildu, donde ya estaban otros que repudiaron el terrorismo muchos años antes que ellos, como Aralar, o que se desmarcaron siempre del mismo, como Eusko Alkartasuna.

El buen resultado de Laura Mintegi demuestra que ETA era un estorbo para el independentismo y que Arnaldo Otegi no es imprescindible como cartel electoral (a partir de ahora van a tener menos prisa por sacarlo de la cárcel). La historia, y su propio éxito electoral de anoche, ha venido a demostrar quién decía la verdad -y quién mentía- cuando se debatió la ley de partidos. Ellos, la izquierda abertzale, sostuvieron siempre que aquella ley sólo buscaba dejarles fuera del Parlamento para que la suma de socialistas y populares pudiera impedir gobiernos nacionalistas -el guantánamo electoral que con tanto desacierto acuñó Pumpido-.

El PP y el PSOE sostuvieron siempre, por el contrario, que el objetivo de aquella ley no era distorsionar los resultados electorales en favor de los grandes partidos, sino arrinconar a ETA y expulsar la violencia del terreno político. Y eso es lo que se ha conseguido, que el terrorismo (aunque ETA aún esté ahí, enredando con sus comunicados) sea pasado. Para eso se hizo la ley de partidos: para ayudar a acabar con el terror, no para privar al independentismo vasco de izquierdas de la posibilidad de trabajar, desde la política, para conseguir aquello a lo que aspiran: la EuskalHerría independiente y con un sistema político de inspiración comunista. Si eso es lo que quieren 277.000 vascos, en su derecho están a intentar conseguirlo conforme a las mismas reglas del juego que rigen para los demás.

Sorprenderse hoy de que la mayoría del País Vasco sea nacionalista es haber vivido los últimos treinta años en Marte. Anoche Joseba Arregi planteó aquí una pregunta pertinente: el éxito electoral de Bildu, ¿es fruto de su separación de la violencia? Si es así, ¿cuánto dura ese factor, sirve ya para siempre o sólo para estas elecciones autonómicas? En San Sebastián, donde el gobierno municipal es de Bildu desde hace un año y medio, tanto el PNV como el PSE han obtenido más votos que la izquierda abertzale. Interesante.

El PNV siempre ha ganado las elecciones del País Vasco. Atribuir su victoria de anoche a la moderación que encarna Urkullu es olvidar la historia reciente. Urkullu se parece poco a Ibarretxe, en efecto, pero es que Ibarretxe -que hoy puede ser visto como la antítesis a la moderación de Urkullu pese a que también fue visto como un técnico de bajo perfil nacionalista cuando fue elegido- Ibarretxe también obtenía magníficos resultados, incluso mejores que éste. Dices: hombre, Fraga también obtenía mejores resultados que Feijoo, es cierto, pero no le tocó gobernar en recesión y con Montoro de vigilante de la playa. Fraga podía construir ciudades de la cultura e inaugurar autovías.

Feijoo a lo que más que puede llegar es a no subir las tasas universitarias, ésa es la diferencia entre unas victorias y otras. Esto es lo que en Galicia se está subrayando mucho mientras que en Euskadi no están señalando ni siquiera los socialistas, que hicieron bandera de la oposición a los recortes y la apuesta por las politicas sociales para salir de la crisis y se han encontrado con que los electores les han dado la espalda.

Dado que fue Rubalcaba quien planteó estas elecciones como un termómetro del respaldo a la política del gobierno Rajoy, es inevitable que el PP presente Galicia como el aval que andaba buscando a su política de austeridad a toda costa. Pero cuando haga un análisis más pausado, y más sincero, de lo ocurrido habrá de tener en cuenta que Feijoo, astutamente, introdujo en su discurso elementos que buscaban expresamente distanciarse de los recortes de Rajoy: como no reducir profesorado, no subir las tasas, atender a los inmigrantes irregulares o seguir pagando el transporte escolar. Ese tipo de cosas. Que podríamos llamar atenuantes al ajuste mariano.

Ese tipo de cosas que parecen haber funcionado en Galicia y que no cabrían hoy, como atenuante, en el discurso nacional del PP, es decir, en unas generales. Es probable que el malestar por los recortes de Rajoy -muy extendido en la sociedad, a la luz de los sondeos- no se traduzca siempre y automáticamente en la denegación del voto al Partido Popular (no sería el primer partido al que algunos de sus electores votan a disgusto, para impedir que ganen los demás).

Pero cuesta creer que si hoy se celebraran elecciones generales en España, Rajoy, a semejanza de Feijoo, viera revalidada su mayoría absoluta. Ni siquiera enfrentándose de nuevo a Pérez Rubalcaba, cuya premeditada ausencia del escenario político en las últimas veinticuatro horas lo hemos subrayado los medios de comunicación y algunos de sus compañeros de partido. Sólo nosotros. Porque el drama de Rubalcaba es ése: que en sus ausencias, como en sus presencias, ya casi nadie repara.