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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "La imagen de la España política es la misma que la de la España castigada por la gota fría"

El día de la celebración del mundial. España entusiasmada de nuevo con el baloncesto. Hay fiesta esta tarde-noche en Madrid, en la plaza de Colón: hoy seguro que a nadie le molesta la bandera gigante que allí ondea. Hoy todo el mundo podrá verse representado en esta otra foto de Colón.

Carlos Alsina
  Madrid | 16/09/2019

En la hora del éxito nadie quiere quedarse fuera. Hasta quienes menos simpatizan con la gloria española se arriman al caballo ganador para apropiarse de una pata.

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Mira qué ocurrente ha estado la prensa independentista catalana:

· El Nacional dice: 'Cinco catalanes se proclaman campeones del mundo de baloncesto'. Dices: claro, cinco catalanes por su condición de españoles.

· Y éste otro, de Nació Digital, que aplica un criterio territorial invasivo, digamos, mete Baleares, Valencia y Andorra en el saco, y le sale este título onanista: 'estos son los nueve jugadores de los países catalanes que han hecho que la selección española gane el mundial’. Del resto de los jugadores, ni media, oiga.

Dices: cómo será que hasta Rufián ha felicitado a la selección nacional. Sí, claro. ¿Y por qué no? Rufián sabe reconocer los triunfos de España. Incluso sabe reconocer los triunfos del Estado español, por eso se ha hecho él la cirugía estética-política: del gamberrismo parlamentario a este empeño de ahora, tan meritorio, en convertirse en la voz de la conciencia de la izquierda. De la coz a la voz. Lástima que se niegue a acudir al palacio de la Zarzuela: un par de charlas con el rey y Gabriel se nos hace monárquico. ¡Qué digo monárquico! ¡Borbónico! Él y Pablo Iglesias. Tantos años sugiriendo que al rey le falta legitimidad porque no se ha presentado a unas elecciones para acabar pidiéndole al rey, ay majestad, sálveme, que sea él quien convenza a Pedro En Funciones de que le entregue un trozo del gobierno.

Fíjense cómo lo dice Pablo: ‘El rey debería hacer entender a los dirigentes políticos’ que aquí quien tiene razón es Pablo. Debería hacer entender.

Nunca se vio un reconocimiento más explícito de la autoridad moral de la corona.

De nuevo como en 2016, la incompetencia del candidato propuesto para lograr los apoyos que requiere su investidura y la incompetencia de los demás para encontrar un candidato que sí los tenga pone el foco sobre el jefe del Estado y reabre el debate sobre cuál es exactamente su función en un escenario como éste.

· Si la simple notaría: esto es lo que hay, yo sólo levanto acta.

· O el criterio propio: visto lo visto, esto es lo que considero más razonable.

A dos horas de que empiece el desfile de diletantes por el palacio de la Zarzuela, la imagen de la España política es la misma que la de la España castigada por la gota fría: un país empantanado y metido en el barro.

Vértigo, decía ayer El País, vértigo en las últimas horas antes de una nueva llamada a las urnas. Vértigo, ¿de quién? No se les ve a los actores de este serial afectados por trastorno alguno.

En El Mundo publicó Lucía Méndez una reconstrucción de la última reunión negociadora y, en resumen, consistió en que Carmen Calvo no dejó hablar a nadie. No se negoció porque no había nada que negociar: si yo te exijo formar parte del gobierno y tú me exiges que renuncie a formar parte del gobierno, ya me dirás qué negociación es esa. Primero te rindes y luego hablamos. Por eso no han vuelto a hablar.

Quién pudiera convencer al rey de que su ronda de consultas del lunes las emita en directo por streaming.

Uno pagaría por ver cómo son esas conversaciones de altísima política entre los dirigentes políticos del no es no (que antes sólo era uno, Sánchez, pero que ahora van siendo todos) y el jefe del Estado.

Qué momento ése en que el rey le dice a Pablo Iglesias: 'entonces, qué, ¿tú votarías que sí, con Rufián y con los del PNV?' Y Pablo le tiene que explicar que a ver, él el precio que ponía era quedarse un trozo del gobierno, consiguió que Sánchez le ofreciera un trozo bastante bueno, pero aspiraba a más y le dijo que no creyendo que el otro subiría la oferta. Y que cuando el otro no se la subió y le mandó a paseo, siempre confió en que a la vuelta de agosto se sentaran a negociar de nuevo para la investidura de verdad, que iba a haber sido la de septiembre. Pero claro, que ahora que Pedro pasa olímpicamente de él y ni siquiera se toma en serio sus propuestas, cómo le va a votar que sí. Ocúpese usted, majestad, de hacerle entrar en razón. Tanto Juego de tronos, Pablo, para acabar en esto.

Qué momento ése en el que el rey le pregunta: pero tú, qué última propuesta le has hecho. Y Pablo dice: un gobierno de coalición pero sólo para un ratito.

De quita y pon. Con garantía para, que si no le convence, pueda devolverlo. Y el rey pone cara de: chico, cómo va a tomarte nadie en serio.

Qué momento ése en que el rey le cuenta a Pedro que no hay más candidato lógico que él y que, de perdidos al río, qué se pierde por volver a internarlo y Pedro dice que no que no, que para perder no le proponga. Pero hombre, no me seas Rajoy. Que sí, que sí, que al final resulta que era un sabio Mariano. ¿Cómo era aquello que le dijo Sánchez a Rajoy cuando dio la espantada?

Lo que estamos teniendo que ver y lo que estamos teniendo que oír.

A la señora Calvo, por ejemplo, haciendo saber (y que lo sepa el rey) que Sánchez no aceptará ser propuesto si no tiene amarrado que sale.

Se imagina usted la escena, ¿no? He pensado en proponerte de nuevo, Pedro. Ah no, si no tengo los apoyos ni se le ocurra proponerme. Pero si en julio tampoco los tenías y te pareció estupendo que lo hiciera.

Es verdad que con este gobierno el tema de los argumentos que se busca para justificar sus bandazos hace tiempo que es una broma de mal gusto. Esta misma vicepresidenta, y su jefe, que ahora dicen que la investidura sólo tiene sentido si hay un pacto que asegure la estabilidad parlamentaria estaban hace dos meses predicando que había que cambiar la Constitución para que un presidente pudiera ser investido sólo con sus votos.

¿Se acuerda usted de la matraca que dieron con el artículo 99 de la Constitución, verdad? A Sánchez había que investirlo aunque sólo fuera con 123 síes. Ahora al revés: que no, que por favor no me lo invistan si no tiene 176 asegurados para cuatro años.

¿Qué hará el rey? Probablemente nada. Tomar nota de que esto no sale y dejar que llegue el 23 de septiembre para disolver las cámaras. Dices: pero ya que está constituido el Parlamento y que no tiene nada mejor que hacer, ¿se pierde algo por hacer otra votación de investidura a ver qué pasa? Qué interesante pregunta: ¿se pierde algo? Muchos comentaristas sostienen que sí: se pierde autoridad de la jefatura del Estado si por segunda vez su candidato es rechazado. Pero la siguiente pregunta es cuál es exactamente la función del rey. ¿Tomar la iniciativa conforme a lo que él entienda que es mejor para el país, o ejercer simplemente de notario?: estos señores no se ponen de acuerdo, que corra el plazo y aquí paz y después gloria.

Habrá que concluir que también en esto a su padre, el rey de antes, se lo ponían todo más fácil.