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EL MONÓLOGO DE ALSINA

'Como les estaba diciendo cuando fui interrumpido...'

Les voy a decir una cosa.

Años antes de convertirse en el cómico más famoso de la televisión norteamericana, allá por los cincuenta, un chaval veinteañero que se llamaba Johnny Carson trabajaba por la tarde en una emisora de radio de Omaha, la W.O.W., y por la noche se sacaba un sobresueldo (legal) actuando en los bares como ventrílocuo.

Carlos Alsina  | Madrid  | Actualizado el 19/07/2018 a las 08:41 horas

Cospedal y Rajoy, durante la reunión

Cospedal y Rajoy, durante la reunión / EFE

Sus actuaciones a lo José Luis Moreno pasaron sin pena ni gloria, pero su programa vespertino de la radio, “El nido de la ardilla”, fue un éxito porque alternaba el entretenimiento con la sátira política. Especialmente aplaudida fue una sección que luego llevó a la televisión en la que entrevistaba cada tarde a las palomas del tejado de los juzgados para sonsacarles los detalles de los casos de corrupción política que ellas escuchaban allí arriba. Naturalmente la identidad de las palomas era confidencial (fuentes anónimas) y Carson les distorsionaba la voz para no dar pistas. Se la distorsionaba tanto que parecía que era quien hablaba, imitando a una paloma. Años después, cuando ya era una estrella nacional, le preguntaron al cómico a quién debía su exitosa carrera y él respondió: “a las aves”.

Desde que alguna paloma mensajera, con voz propia, llevó hasta El Mundo el mensaje de que Bárcenas, además de tesorero, era repartidor de pluses en negro, todo lo demás, en la política nuestra de cada día, ha pasado, claro, a segundo plano. Hasta el punto de que mañana el Parlamento catalán va a aprobar la resolución sobre el derecho a decidir y el referéndum que le da la vida a Artur Mas y todo indica que en el ranking informativo del día Mas quedará por detrás de Montoro, locuaz ministro al que le toca explicar en el Congreso algo tan simple como si es verdad, o no, que Luis Bárcenas afloró diez millones de euros en negro pagando sólo uno (10 %) a Hacienda, es decir, si se acogió a la amnistía fiscal pese a estar imputado por delito de fraude y amparado tras la máscara de una sociedad. Los abogados dicen que sí, Hacienda no ha dicho que no (a lo de la sociedad). Y si es que sí, habrá que concluir, con todos los matices y atenuantes que quiera alegar el ministro, que Bárcenas se la ha colado a Montoro. Y algo peor, que nos la ha colado a todos.

La otra novedad que nos deja el día, en este fregao que tiene abierto el PP, es el movimiento táctico de Ignacio González, discípulo y heredero de Esperanza Aguirre en la presidencia autonómica de Madrid pero no en la del partido. González se desmarcó hoy sin disimulo del fervor con que su antigua jefa ha anunciado la creación de la “fiscalía interna anticorrupción” del partido y la encomienda a Manuel Pizarro para que ejerza. Dicha figura requiere de un cambio de los estatutos y eso sólo puede hacerlo el congreso regional del PP cuando se reúna ¡dentro de dos años!  O González no quiere alinearse en esto con Aguirre y contra Génova (interesante el movimiento en esta guerra de poder incipiente pero ya abierta en el PP de Madrid) o es que no le gusta que se ponga en marcha la unidad de asuntos internos. No ha llegado a refutar la idea de Aguirre pero sí le ha echado hielo. Una sutil manera de cantar “se equivocó la paloma, se equivocaba”.

Mariano Rajoy, que nunca fue muy de Jonnhy Carson, de quien se estará acordando estos días en los que tantos ejercicios de memoria estará haciendo, es de aquel locutor de continuidad de la BBC que en el año 39, cuando estaba anunciando a los espectadores un nuevo episodio del ratón Mickey, se vio interrumpido por el comienzo de la guerra. Empezó el conflicto y se suspendieron las emisiones de televisión. Cuando, casi siete años después, éstas se reanudaron, el locutor retomó su trabajo con esta frase: “Como les estaba diciendo cuando fui interrumpido...”

Hasta el viernes por la mañana, Rajoy estaba emitiendo un programa llamado “mis reformas empiezan a dar fruto”, ¿se acuerdan? Ahora parece que han pasado diez años, pero hace menos de una semana las preguntas que se le hacían al presidente (en el Financial Times) iban todas de economía y de Cataluña. Repetía Rajoy, como martillo que golpea siempre el mismo clavo, que éste será nuestro último año malo malísimo, que ya percibe él señales de que esto remonta (por supuesto, nunca las llamará brotes verdes) y que lo principal, como siempre, es combatir el déficit. En ese discurso estaba cuando alguien cantó la gallina, o la paloma o lo que haya sido. Y la esperanza que ahora tiene el gobierno es que el caso Bárcenas escampe (el ciclo de las noticias hace que unos temas desplacen a otros) y poder decir esto de “como les estaba diciendo cuando fui interrumpido, la economía va a mejor”.

En esa línea ha insistido hoy el ministro Luis de Guindos, que está en Bruselas con sus colegas europeos y que ha venido a decir que esto del déficit ya lo tenemos encarrilado. Claro que lo ha dicho el mismo día que la comisión europea ha puesto en un papel lo que todo el mundo sabía, que en 2012 España tampoco ha cumplido con el tope de déficit que se había comprometido a no rebasar. El serial éste del objetivo de déficit para 2012 ha tenido tantos capítulos que no es fácil recordarlos todos, pero seguro que recuerdan que cuando empezó el año (pasado) el gobierno decía que cumpliríamos con los deberes que teníamos asignados entonces -no pasarnos de un 4,4 de déficit-, que luego fue Rajoy a Bruselas, se puso bravo y dijo que el objetivo lo fijaba él -5,8 %, que luego la comisión europea le hizo una peineta a Rajoy y lo fijó en el 5,3- y que luego nos lo volvieron a suavizar, quedando en este 6,3 que está vigente ahora.

Cuando era del 4,4 el gobierno decía “podeemos”, cuando fue del 5,3 decía “podeemos aún mejor” y cuando se elevó en el 6,3 decía “ahora sí que sí”. Pero la recesión seguía agravándose y la recaudación por impuestos se desplomaba. Y el IVA que no se iba a subir se subió y las pensiones que se iban a actualizar no se actualizaron. Con todo y con eso, no es una sorpresa, el 6,3 no se ha alcanzado. Nos hemos vuelto a pasar, a decir de la comisión europea. Este señor tan alegre que se llama Olli Rehn se ocupó de contar hoy que, según sus cálculos, tampoco este año cumplimos. No ha dicho en cuánto pero sí ha dicho por qué: el déficit de la Seguridad Social, es decir, el descuadre entre ingresos y gastos para pagar pensiones. Bueno, el descuadre de las pensiones añadido al dinero que se le ha prestado a los bancos. El dato definitivo de déficit en 2012 se publicará allá por marzo.

Hoy el que se ha publicado es el de Cataluña, que en vísperas de declararse sujeto político y soberano anuncia un déficit público del 2,3 % en 2012. Se comprometió a un 1,5 luego...tampoco en esto Artur Mas ha cumplido. Se le han ido ocho décimas. Por culpa, naturalmente, de los demás. Para este año el tope es de, 0,7 y ya ha dicho el presidente catalán que tararí que te vi, que eso no hay quien lo cumpla. Él hablará menos del déficit y más del derecho a decidir. A diferencia de Rajoy, que en cuanto pueda emulará al locutor de la BBC: “Como les estaba diciendo cuando fui interrumpido por lo de Bárcenas”, dirá Rajoy, mi programa de gobierno sigue resumido en estas dos palabras sin duda entusiasmantes: menos déficit. Y a seguir.

Ahora seguimos. Antes vamos a combatir el frío que hoy recorre el país…   con el mejor invento para entrar en calor: el carajillo Magno. Que nos tomamos a la salud de los vecinos de San Bonaci, en Puglia, Italia. Entre todos han adoptado a Ciccio, un pastor alemán de doce años que pasó media vida en la calle hasta que una mujer, María, lo recogió y se lo llevó a casa. Ahora la dueña ha fallecido y el perro acude a diario a la iglesia a la que ella iba y se queda allí esperando a que aparezca. El cura le ha habilitado un sitio para él y todo el pueblo se encarga de alimentarlo y de cuidarlo.