Opinión

Monólogo de Alsina: "Las cloacas no limpian la mierda, comisario, la mueven"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo de Más de uno sobre la salida de la cárcel del excomisario Villarejo tras tres años y cuatro meses de prisión preventiva.

Carlos Alsina

Madrid | 04.03.2021 08:34

Sostiene Villarejo que no hay por qué preocuparse. Que él, por supuesto, no se fuga. Ellos. ¿Quiénes son ellos? Ellos son los enemigos del comisario, a los que siempre alude como urdidores de la conjura que terminó con él en la cárcel. Su principal bestia negra siempre fue el general Sanz Roldán, director del Centro Nacional de Inteligencia. Al que ayer dedicó un recuerdo en la puerta de la prisión y antes de subirse al coche para irse a su casa. "Pensó que no era importante lo que yo tenía". "Me infravaloró", es lo que está diciendo Villarejo. Infravaloró el material que acumulaba, empezando por Corinna.

El comisario abandonó en la tarde de ayer la prisión de Estremera, tres años y cuatro meses después de ingresar en esta misma cárcel (noviembre del 17) en compañía de su colega más cercano (el más tronco, que diría él), Carlos Salamanca, ex comisario de Barajas que cuando estaba a cargo del aeropuerto recibía con honores a empresarios ecuatoguineanos y les franqueaba el paso sin presentar papeles ni pasar aduana a cambio de los regalos que le hacía un cliente de su tronco Villarejo, que si un Porsche, que si un reloj de ochenta mil boniatos, que si viajes pagados, que si dinero en efectivo. Todo según la versión del que hacía los regalos, que decidió colaborar con la fiscalía anticorrupción a cambio de una rebaja. Pieza primera de las treinta en que está dividida la investigación del caso Villarejo. Salamanca pudo salir de prisión mucho antes que él, pero también va a ser juzgado, por el tema guineano, antes que el comisario.

Tres años y cuatro meses de prisión preventiva. Es decir, sin haber sido juzgado ni condenado. En noviembre próximo se habrían cumplido cuatro años, el máximo legal. Y como el tribunal ya ha dicho que el primer juicio a Villarejo no llegará hasta diciembre, la fiscalía prefiere que lo suelten ahora para no agotar la prisión preventiva. Meter a un investigado en la cárcel es la forma más drástica, y más eficaz, de garantizar que no se fugue, ni destruya pruebas, ni reincida. No agotar la prisión preventiva es la forma de poder tirar de ella cuando ya esté condenado pero la sentencia aún no sea firme. Que es cuando se redobla el riesgo de que, viéndose condenado, intente la huida.

Pero ya ha dicho Villarejo que no. Que él es un servidor del estado. No ha hecho otra cosa a lo largo de su vida, ¿verdad?, que servir a España. En realidad, no, comisario. Las cloacas no limpian la mierda. La mueven. De donde surge a donde acaba. Si bajas a las cloacas ves cómo se desplaza. Y si te metes en el agua, te pones perdido (y te la llevas puesta). En su caso lo que está por ver es si además de moverla, producía unos cuantos zurullos por su cuenta para añadirlos a la mezcla. Y si traficaba con ella.

Las cloacas no limpian la mierda, la mueven

Como sale de prisión con ganas de hablar, según dijo ayer, tendrá oportunidad de hacerlo. No sólo en la Audiencia Nacional, donde ya es un asiduo (hoy mismo declara por la pieza 29 del caso que lleva su nombre) sino también en la comisión parlamentaria a la que está convocado en el Congreso. Su contribución a la catarsis de España.

Grupo de WhatsApp de militares jubilados

Más noticias de la fiscalía. Lo del grupo de guasap de los militares jubilados que competían a ver quién era más ultra y más bruto se quedó en nada. Hecha la investigación, la fiscalía de Madrid concluye que no hay delito que achacar a los participantes en el aquelarre porque por muy bárbaras que fueran las cosas que decían, fusilar a 26 millones de españoles, desear otra guerra civil pero con más muertos, las dijeron en un ámbito privado. Es decir, que todas sus animaladas no pretendían tener publicidad ni llegar a ser conocidas por todos los ciudadanos, era una cosa entre ellos.

Los que trataron de convertir la charleta privada en la prueba de que había movimientos del Ejército contra el gobierno han hecho algo muy parecido al ridículo

No es lo mismo dar un mítin en la calle ansiando el fusilamiento de españoles (o cantar un rap ansiando que le pongan un coche bomba a Patxi López) que escribir o cantar eso mismo en una reunión familiar o un guateque ultra con los compañeros de armas. Quien le dio difusión a los comentarios no fueron ellos, sino el medio que al tener noticia de aquello lo consideró de interés y lo publicó para conocimiento de sus lectores. Interés tenía, pero delito no era. A criterio, al menos, de la fiscalía que da por terminado el asunto. Quienes trataron de convertir la charleta privada en la prueba del nueve de que había movimientos en el Ejército (ruido de sables) para descabalgar por la fuerza al gobierno de los Sánchez-Iglesias han hecho algo muy parecido al ridículo.

"Nuestro código penal ya reconoce que si no hay consentimiento lo que hay es delito"

A vueltas con los temas judiciales, una explicación que dio ayer la ministra de Igualdad sobre el proyecto legal que ella misma ha preparado y con el que aspira a la reforma del código penal para que todo acto sexual no consentido se considere agresión (no sólo abuso) y todo lo que no sea un consentimiento explícito se considere ausencia de consentimiento. Le preguntaron ayer en TVE cómo se probará que no existió consentimiento. Y dijo: "lo curioso es que nos preguntemos cómo se prueba si hay o no consentimiento, pero en un robo en el que sólo están presentes la persona a la que han robado y la persona que roba, nadie se pregunta, en ese caso, si ha habido un robo o no, se asume directamente que la persona que denuncia el robo tiene razón".

Lo de que se asume directamente que quien denuncia el robo tiene razón imagino que lo dice la ministra por la gente que la estamos escuchando a ella, no por el juez o el tribunal que tenga que juzgar un presunto robo. Porque ni el juez ni el tribunal asumen que la víctima de un robo tenga razón sólo por declarse víctima. En los robos también hay que probar que se produjeron los hechos y que el acusado fue el autor de los mismos.

Queriendo pensar, por tanto, que la ministra lo que está diciendo es que la opinión pública no se pregunta cómo se prueba un robo pero sí cómo se probará una falta de consentimiento, añadamos lo que dijo luego: "creo que todos y todas cuando nos ponemos en situación sabemos distinguir perfectamente cuándo una persona con la que estamos manteniendo una agresión sexual quiere o no quiere".

Nuestro código penal ya reconoce que si no hay consentimiento lo que hay es delito. La reforma lo que plantea es que ese delito sea siempre de agresión, no sólo de abuso. Y hoy ya se dilucida en la vista judicial si hubo o no hubo consentimiento, precisamente porque ésa es la frontera que separa la relación lícita de la delincuencia. Lo que cambiará su ley si la reforma prospera, por tanto, es qué deja de ser abuso para ser agresión y quién ha de probar en el juicio la existencia del consentimiento. Será la parte acusada quien haya de acreditar que existió ese consentimiento inequívoco para poder exculparse. Independientemente del criterio que se tenga sobre una reforma legal planteada, lo menos que se le puede exigir a quien la impulsa es que sepa explicarla.