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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "En Ciudadanos se cita a Valls entre los sembradores que le hacen el trabajo a Sánchez"

Estrenamos la jornada, que viene nubosa, lluviosa y con menos calor que ayer en Vizcaya. Hoy emitimos desde el Convento de las Clarisas de Portugalete, que ya les hemos explicado antes que dejó de ser convento. O sea, que el edificio sigue en pie (por muchos siglos más) pero ya sin monjas dentro.

Carlos Alsina
  Madrid | 20/06/2019

Hay una expresión popular, poco elegante, que usted seguramente ha escuchado alguna vez y que dice: para lo que me queda en el convento, me cago dentro. Sería un error describir con esta frase el comportamiento de Manuel Valls porque, en rigor, él dentro, lo que se dice dentro, nunca estuvo. Al convento naranja del abad Albert Rivera nunca llegó a ingresar: le pasaba lo que a Carmena en Madrid, que en cada entrevista que le hacían se ocupaba de recordar que él, militante no era. Afinidad sí, disciplina de partido no.

Cuando Rivera convocó una manifestación en Colón para exigir elecciones y se le sumaron el PP y Vox, Valls amagó con no asistir pero acabó presentándose. No subió al escenario a hacerse la foto, pero estuvo allí. Cuando Rivera negoció el gobierno de coalición en Andalucía sabiendo que era necesario Vox, Valls puso mala cara pero sin exagerar. Cuando Rivera convirtió la campaña electoral en el no es no al Partido Socialista y el sí es sí al PP aunque venga con Vox en el sidecar, Valls se desmarcó lo justo y tampoco hizo sangre. Pero ahora que Rivera le ha mandado a hacer puñetas por haber hecho alcaldesa a Ada Colau, ahora Valls ha descubierto una relación interminable de defectos en Albert Rivera. Empezando por la cobardía.

En el pliego de cargos aparece, en primer lugar, Vox, pero luego hay otros tan serios como éstos:

• Haberse equivocado en la estrategia de dividir el PSOE entre sanchistas y constitucionalistas: lo de sanchismo no ha funcionado.

• El objetivo de liderar la derecha no se ha conseguido, a costa de abandonar las posiciones más progresistas y debilitar el espacio constitucionalista en Cataluña. El triunfo en las autonómicas de 2017 se ha diluido.

• Y convertir España en la excepción a los pactos que se llevan en Europa, donde lo habitual es que se pongan de acuerdo socialistas, liberales y conservadores para aislar a los extremos.

En realidad, Valls y Rivera se han mandado a hacer puñetas mutuamente porque su matrimonio fue fruto de la táctica a corto y no de los proyectos de fondo. Rivera quiso aprovecharse del tirón de Valls y Valls quiso aprovecharse del altavoz que le ofrecía Ciudadanos para probar suerte en la política catalana. Ni el uno ni el otro alcanzaron los objetivos que buscaban y ambos han terminado por darse de lado.

En la cúpula naranja se cita a Valls entre los sembradores que le están haciendo el trabajo a Sánchez de poner a la opinión pública en contra del no es no y a favor de que Rivera le dé oxígeno al presidente en funciones. Que no tiene amarrada aún su investidura y que no ha movido una sola ficha para hacerse acreedor de algún gesto por parte de los naranjas o los populares.

La ficha, naturalmente, era Navarra. Y a primera hora de ayer pareció que naufragaba la operación Chivite y que UPN presidiría el Parlamento foral. Luego cambiaron las tornas y prosperó el acuerdo que Esparza, UPN, venía dando por hecho. Ya ha habido pacto de socialistas y Geroa Bai para la mesa de la cámara. Y ese pacto ha incluido a Bildu, aunque el PSOE no haya hablado directamente con los de Otegi. Ahora está por ver que la jugada prospere para el gobierno autonómico, con Bildu absteniéndose en la investidura de Chivite y haciendo posible el pacto por omisión: esta innovación en la vida política española que consiste en pactar sin pactar, o en recoger el fruto apetecido sin que haya constancia gráfica de cómo el cordón sanitario se levanta.

Evidentemente, dice el secretario de organización del PSN. Evidentemente Chivite siempre ha trabajado para sacar adelante esta operación (sin Bildu pero con Bildu) y evidentemente desde Ferraz, o desde Moncloa, no la han abortado.

Por cierto, déjenme que salude hoy a un oyente de este programa y que le agradezca la atención que nos brinda cada mañana. Es el secretario de Estado de Comunicación, miembro del núcleo duro de Pedro Sánchez, y antiguo periodista Miguel Ángel Oliver.

Sé que es oyente del programa porque lo contó él, en el acto de entrega de los premios Salvador de Madariaga (gracias, de nuevo, al jurado y a la Asociación que los concede, por su generosidad al distinguirme este año con Ana Núñez-Milara y Xavier Mas, TeleCinco y La Vanguardia).

El secretario de Estado, en su discurso, tuvo la gentileza de dedicar un par de frases a este programa y yo se lo agradezco.

Hombre, Miguel Ángel, golpear no lo llamaría yo. Desde luego no es mi intención golpear a nadie. Yo cuento lo que veo y cómo lo veo. Con espíritu crítico, si quieres. Un poco lo mismo que hacías tú, cuando estabas en la televisión, con el que gobernaba antes, ¿te acuerdas? No le llamaría yo golpear a no comprar la mercancía averiada que fabricáis en los laboratorios de ponerles nombres raros a las cosas. Por ejemplo, la tontuna ésta del gobierno cooperativo. O es de coalición o no lo es. La comunicación, creo yo, no consiste en camuflar las cosas. Porque corres el riesgo de que a la secretaría de Estado de Comunicación le cambiemos también el nombre y la llamemos Secretaría de Estado de Camuflaje.

Yo, fíjate, estoy dispuesto a rectificar esta mañana. Porque ayer dije que quien se había ocupado de que se supiera que Pablo Iglesias había estado en la Moncloa negociando con Sánchez la investidura había sido la Moncloa. No como crítica, por cierto. Lo natural si se produce una reunión como ésta es informar de ella. Pero si tú dices que no te consta, pues que se sepa.

Sigue bien colocada Magdalena Valerio, Pablo Iglesias, que lo sepas. Al gobierno de coalición (si sale) le llamarán como les de la gana pero el ministerio de Trabajo no te va a tocar, que lo sepas Pablo Iglesias. Lo dice el secretario de Estado, estrechísimo colaborador del presidente en funciones.

Que no sabe quién filtró entonces la reunión, bendita sea la ignorancia. Hombre, no quisiera que se tomara a mal esto que voy a decir ahora, pero es un poco el mundo al revés: el responsable de comunicar lo que hace el gobierno desmintiendo que él haya comunicado lo que hizo el lunes el presidente del gobierno. ¡Yo no he sido! ¡Yo no lo he contado! ¿Qué ha hecho entonces, ocultarlo? El presidente de la transparencia recibe en su despacho a su aliado parlamentario para hablar de cómo gobernar este país (en su despacho, no en el Congreso), ¿y hay que mantenerlo en secreto? ¿Por qué? Si luego cuando se sabe le dan al diario El País una versión completísima de lo que le ofreció Sánchez a su compadre.

Mire, yo entiendo que al gobierno le moleste que se hagan ejercicios de memoria no histórica sino reciente y se reproduzcan en 2019 los argumentos que utilizaba Sánchez, con su equipo de persuasores de entonces, para desmontarle a Rajoy el plan relajado aquel que se había propuesto para que los demás le salvaran la investidura sin mover él un dedo. Pero es que esto es lo que hay. Doctrina Sánchez de cuando era el doctor NO: si el congreso rechaza la investidura la responsabilidad es del candidato por no haber sabido alcanzar acuerdos.