OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Ministra Montero, ¡que es Sánchez!"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre si la maniobra socialista para retrasar la aprobación de la ley trans acabará provocando no sólo su retraso, sino también su naufragio.

Carlos Alsina

Madrid | 03.11.2022 08:38

Contó lo principal. Óliver es Óliver Romero, hijo de Alejandro y Elena. Tiene dos y medio y amanece hoy en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona tras haber superado diez horas de operación. El de ayer fue un día largo, casi interminable, como contó el padre. Diez horas con el crío en el quirófano y los cirujanos viendo a ver hasta dónde podían apurar la extirpación del tumor que oprime su cerebro sin comprometer su vida. Y salió bien. Porque salió.

Salió bien, porque salió

Óliver ha aguantado dos operaciones en cinco días: la de la hidrocefalia el viernes y la de la extracción del tumor, ayer. Noventa por ciento, como contó Alejandro. Ahora lo que viene es vigilancia, recuperación del paciente y análisis de lo que le ha sido extirpado para decidir cómo actuar con ese diez por ciento que no se ha podido retirar.

Óliver es, seguramente, el niño más conocido hoy en España.Y en Málaga, de donde es la familia (aunque estuviera residiendo en Cancún cuando el niño se puso malo y, trasladado al hospital, le fue diagnosticado el tumor cerebral y la hidrocefalia). Desde que se conoció su situación, la urgencia de operarle, la dificultad para hacerlo en México, el avión medicalizado que pagó un ciudadano cuyo nombre nunca trascendió, el viaje de la madre con el niño en ese avión mientras el padre se venía a España en un vuelo comercial -qué trago ese viaje, él sólo, para Alejandro-, los medios hemos ido contando día a día la historia de Óliver. En la confianza de que él mismo pueda recuperar todo lo que estamos diciendo y publicando estos días cuando sea mayor.

Una mujer superviviente de 12 tumores

Ayer se conoció otra historia fascinante. La protagonista es una mujer española que padeció su primer cáncer cuando tenía dos años, como Óliver. Desde esa edad y hasta que cumplió veintiocho le fueron diagnosticados doce cánceres. Encadenó un tratamiento con otro: quimioterapias, cirugías. Doce tumores, cinco de ellos malignos.

Lo sorprendente para los médicos es que esta mujer, cuyo nombre no se ha difundido, siga viva. Y si ayer se supo de su historia es porque un equipo científico dirigido por Miguel Urioste se puso a estudiar las células de esta mujer en busca de explicación a la pregunta cómo es posible. Han encontrado una misma respuesta que sirve, en realidad, para las dos intrigas: por qué ha tenido un número tan elevado de cánceres y por qué su cuerpo los ha resistido.

Una mutación genética que predispone a su cuerpo a desarrollar tumores mientras estimula su sistema inmunológico para que los combata

Esa respuesta es una mutación genética que hasta ahora nunca se había observado en un ser humano. Una mutación que a la vez que predispone a su cuerpo a desarrollar tumores estimula constantemente su sistema inmunológico para que los combata.

Como sólo se conoce un caso, la enfermedad ni siquiera tiene nombre. Pero -y ésta es la parte más gratificante- todo lo que se ha aprendido estudiándola podría servir para mejorar la detección temprana no ya de un cáncer, sino de la predisposición genética de la persona para sufrirlo. Anticiparse al desarrollo mismo del tumor para poder tratarlo en cuanto empiece a manifestarse. ¿Es o no es fascinante? Más que lo del Poder Judicial, no me lo niegue.

Vuelven a subir en EEUU los tipos de interés

El señor Powell sigue cerrando el grifo. ¿Quién es el señor Powell? Pues el Cristine Lagarde de los Estados Unidos. El encargado de anunciar cada mes que el crédito se encarece. Es decir, que suben los tipos de interés.

Con los datos que va recabando la Reserva Federal, dijo este señor anoche, la impresión es que los tipos acabarán estando más altos de lo que se preveía. Traducido: que los seguirán subiendo hasta que la inflación se rinda.

Allí la tienen en el ocho por ciento (aquí, zona euro, en el diez). Los tipos allí ya casi alcanzan el 4%. Aquí los tenemos al 2%. Y los analistas, que vienen a ser escrutadores de cada palabra y cada gesto del señor Powell, interpretan que la segunda parte de lo que dijo -eso de que el ritmo de subidas puede relajarse, o espaciarse- como la prueba de que el Banco Central ya a ser más sensible, en adelante, a los indicadores económicos que reflejan el deterioro de la actividad económica precisamente por la subida de los tipos.

Ya apenas crecemos, aunque el Gobierno siga enamorado de sí mismo

Es un círculo endiablado: para bajar la inflación hay que enfriar la economía -cerrar el grifo- pero si enfrías demasiado la paralizar. Zona euro, recuerden, crecimiento de apenas un 0,2% en el tercer trimestre. Es lo más parecido a decir que ya apenas crecemos. Aunque el Gobierno siga enamorado de sí mismo y de cómo nos ha ido hasta ahora.

El impacto es muy moderado en la creación de empleo

Sí, claro que es importante que en 2021 creciéramos el 5,5% y que este año vayamos a superar el 4%. Pero estos indicadores refleja de dónde venimos, mientras que el nubarrón lo que está anticipando es hacia dónde vamos. El parón que ya refleja el crecimiento no es un indicio precisamente esperanzador ni para la salida de la crisis -que se retrasa- ni para la creación de empleo, por más que hasta ahora el Gobierno pueda presentar datos que avalan que en ese terreno el impacto es muy moderado. A las nueve sabremos cómo fue el mes de octubre en contratación y en registro del paro.

No pasa nada, vicepresidenta. Esperamos a las nueve, que tampoco va de una hora.

¿Qué acabará pasando con la ley trans?

Y entretanto podemos preguntarnos qué acabará pasando con la ley trans, si hay que empezar a contemplar la hipótesis de que la maniobra socialista para retrasar el texto acabe provocando no sólo su retraso sino su naufragio.

Irene Montero prometió ayer dejarse la piel para que su texto no se retoque. Es decir, para que Sánchez cumpla con lo que pactó con Podemos en su Consejo de Ministros.

Carmen Calvo siempre fue la principal oponente de la llamada autodeterminación de género. Dio la batalla dentro del Gobierno hasta que Pedro Sánchez le ordenó que dejara de darla. Y por eso salió del Consejo de Ministros el texto redactado tal como está: porque a Sánchez, en aquel momento, le interesaba concederle a Irene una victoria en la meta volante. Ahora lo que no quiere concederle es la meta final. Y enternece escuchar a la ministra de Igualdad lamentándose de que el PSOE, o sea, Sánchez, no haya cumplido su palabra. A ver, ¡es Sánchez!

Enternece escuchar a la ministra de Igualdad lamentándose de que el PSOE, o sea, Sánchez, no haya cumplido su palabra. A ver, ¡es Sánchez!

Estado de la cuestión: el PSOE quiere rescribir la ley trans en el Congreso; Podemos ha recabado el apoyo de todos los socios habituales, Esquerra, PNV, Bildu, Más País, incluso Junts, para hacer piña con Montero y enmendarle la plana al PSOE.

Dentro de este partido hay quien plantea esperar a ver qué dice el Constitucional sobre la ley catalana que reguló la transexualidad y que está recurrida. ¡El Constitucional!

Aguardar al Constitucional equivale a demorar la ley sine die

Si Montero aspiraba a tener la ley en vigor para el uno de enero, aguardar al Constitucional equivale a demorarla ya sine die. Está el Constitucional como para hacer depender de él un calendario.

Claro que igual es lo que quiere Sánchez, poner a dormir la ley -y poner a dormir a Antonelli y a Amelia Valcárcel y a Carmen Calvo- hasta que le convenga a él resucitarlas. O eso empieza a maliciarse Podemos con inusitada perspicacia. Va a ser eso, Irene, va a ser eso. A ver, ¡es Sánchez!