Monólogo de Alsina

Alsina alaba el "encomiable ejercicio de transparencia" de Ábalos y Koldo: "Dejaron tanto rastro que se lo han puesto fácil al tribunal"

El director de Más de uno ha analizado la segunda jornada del juicio por el caso Mascarillas, en el que las múltiples pruebas que rodean al exministro de Transportes han confirmado "el segundo caso de cara durillas".

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Preguntó el profesor de lengua a la niña: "¿Cuál es el antónimo de guerra?" Respondió la niña: "Paz" (y sonrió porque sabía que había acertado). Preguntó el profesor: "¿Qué es lo contrario de alto?" "¡Bajo!", exclamó la niña (y sonrió porque sabía que había acertado). Dijo el profesor: "¿Y lo contario de alto el fuego?" Pensó un momento la niña y respondió: "Seguir sufriendo bajo el fuego". Y se le ensombreció el rostro porque supo que estaba en lo cierto.

Le preguntó el cowboy a su compañero de armas: "¿Tú eres de gatillo fácil o de gatillo rápido?". "Yo soy de gatillo todo el tiempo", respondió el otro.

No ha hecho falta ni un día. No hizo falta ni un día para constatar que, tratándose de Oriente Medio, nunca es aconsejable lanzar las campanas al vuelo. Al alto el fuego entre Estados Unidos e Irán le salió un dinamitero cinco horas después de que fuera anunciado. Lo contamos ya ayer: en cuanto Pakistán, el mediador, informó de que el cese de hostilidades incluía el sur del Líbano, el primer ministro de Israel hizo saber que ni de broma.

Que el Líbano es cosa suya, no de Trump. Y que no se daba por concernido. Para que no quedara rescoldo de duda sobre lo que le importa a él el alto el fuego, se ocupó Netanyahu de ordenar más bombardeos que nunca. El día más violento desde que empezó la guerra: más de ciento cincuenta bombas en diez minutos. Mataron a doscientas cincuenta personas. El mundo celebraba la esperanza de una paz mientras las familias libanesas se ponían a cubierto. O se morían, alcanzadas por una bomba.

No consta que el gobierno israelí haya deseado nunca la tregua en Irán. Al anuncio de alto el fuego reaccionó con la frialdad de quien quiere que se sepa que no ha sido consultado. "Lo respetaremos en Irán", dijo Israel, "en atención a nuestro aliado estadounidense". Que es una forma de decir que si de Netanyahu dependiera no se habría suspendido la guerra. A última hora del día ya lo estaba haciendo abiertamente. "Es un alto en el camino, no es el final de esta guerra".

No consta que el gobierno israelí haya deseado nunca la tregua en Irán.

En ardor guerrero, Netanyahu siempre ha ganado por goleada al aspirante a premio nobel de la paz Donald Trump. La investigación periodística que ha hecho el New York Times sobre cómo acabó Trump ordenando un ataque que en otros tiempos rehusaba sostiene que el punto de no retorno fue una intervención a puerta cerrada de Netanyahu (casi un mítin) en la sala de crisis de la Casa Blanca.

Allí predicó lo impepinable que era que, con unas pocas semanas de bombardeos y unas cuantos asesinatos a la carta, el régimen se desmoronaría, Trump podría colocar un gobierno títere a la manera venezolana, Irán tendría que tragar con permitir que su petróleo fuera gestionado por sus antiguos enemigos y el programa nuclear sería, para siempre, historia. Entre Netanyahu y su alma gemela, el ministro de Defensa (de la Guerra, más bien) Hegshet, convencieron a Trump de que solo alguien como él, con su audacia, su coraje, su capacidad para ver una oportunidad donde otros ven solo un riesgo, estaba en condiciones de cambiar para siempre Oriente Medio.

El nuevo Oriente Medio con un Irán franquicia de la Casa Blanca y un Israel hegemónico y a lo grande, el Gran Israel, la vieja aspiración de Netanyahu de extender, con la coartada de la defensa, el territorio de su país, absorbiendo, naturalmente, el sur del Líbano.

Hubo quien le advirtió a Netanyahu en la prensa israelí -la prensa de izquierdas, a la que es alérgico- del riesgo de confiar el éxito de sus planes expansivos a un aliado tan voluble como este Trump. Capaz de tomar decisiones que nadie más tomaría, es verdad, pero capaz también de emitir mensajes contradictorios, cambiar de postura de un día para otro y camuflar con el estilo macarra de sus tuits los discutibles resultados de sus campañas militares.

La advertencia venía a ser esta: cuídate de Trump, Netanyahu, no acabes siendo tú quien se quede colgado de la brocha. Ahora que el presidente de los Estados Unidos, urgido por el encarecimiento de la gasolina, por la caída de apoyo popular, por la deserción de una parte de quienes antes le celebraban en la cosa esa del MAGA, ha interrumpido su plan apocalíptico para sentarse a negociar con los jameneis un plan que se parece poco a los objetivos históricos que, según él, se habían conseguido ya hace cuatro semanas, Netanyahu se rearma para sobrevivir él a la estrategia cambiante, confusa y debilitada de su socio americano.

No vaya a ser que el primer damnificado por la paz sea él. No vaya a ser que, a los ojos del resto del mundo, quede probado que quien encuentra en la guerra el escenario más fértil para sus intereses políticos es el jefe del gobierno israelí. Netanyahu, en la estacada.

Un ministro entregado en el fomento de la cultura

Esta es la historia de un ministro entregado al fomento de la cultura. Y no es Urtasun. El ministro ejercía la prosaica cartera de Fomento, o sea, venga presupuesto público para hacer carreteras y líneas férreas. Pero en su corazón anidó siempre una sensibilidad extrema por la cultura y por las mujeres que deseaban culturizarse. El ministro conoció en un mitin a Claudia Montes, que había sido miss Asturias, y tal como declaró ella misma ayer en el juicio, la ayudo a culturizarse en la política.

Alabado sea José Luis Ábalos, capataz del Partido Socialista y presto siempre a educar en política a antiguas misses. En el segundo día de juicio por las mascarillas se confirmó el segundo caso de cara durilla. A Claudia Montes, como a Jésica Rodríguez, le procuró Ábalos un empleo en una empresa pública ferroviaria.

En el segundo día de juicio por las mascarillas se confirmó el segundo caso de cara durilla

O en rigor, un salario de una empresa pública porque el empleo nunca se supo en qué consistía. Tanto, que la voluntariosa empleada, en vista de que no tenía tarea, empleó sus jornadas laborales en seguir culturizándose, en este caso en la biblioteca y leyendo libros de trenes como si no hubiera un mañana.

Sabérselo todo sobre los trenes. Qué títulos escogidos había en la biblioteca de Oviedo no quedó concretado. Quién sabe. 'La chica del tren', 'Historia del tren bala', 'Extraños en un tren', 'El tren de las cuatro cincuenta'. A Claudia Montes habrá que reconocerle, al menos, que intentó ponerse al día para desempeñar mejor su empleo inconcreto. Y que, a diferencia de Jésica, ella nunca supo que era Ábalos quien la había colocado -el ministro culturizador era así, desinteresado-.

Y a Ábalos habrá que reconocerle -a él y a Koldo- que dejaron tanta prueba y tanto rastro de sus corruptelas sin fronteras, el ministerio convertido en agencia de colocación de amigas y correligionarias, el abuso de poder con el dinero público, el desdén hacia las empresas del Estado, que se lo han puesto fácil al tribunal para hacer justicia al menos en este punto. Digamos que en la corrupción del enchufismo -colocaciones por la jeta- han desplegado un encomiable ejercicio de transparencia.