Buenos días, Carlos,
Y Feliz… siglo nuevo. Porque no solo acabamos de estrenar año: 2026, nuevecito lo tenemos todavía. ¡Estrenamos siglo también! En concreto, el XIX. Feliz siglo XIX. Aunque a ver, nuevo, nuevo, no es. Es el siglo del salvaje oeste y las potencias repartiéndose el mapa. Sin derecho internacional que valga, donde los más fuertes pueden saltarse las fronteras que les plazcan e imponer su ley.
El 3 de enero, Estados Unidos entró en Venezuela, capturó al dictador Nicolás Maduro y desde entonces Donald Trump dice que allí manda él. Como ha dejado a cargo a Delcy Rodríguez, la vicepresidenta chavista de Maduro, no parece que le urja un cambio de régimen. Le urge más el control del petróleo venezolano. De democracia no ha dicho nada, pero que haya desacreditado a María Corina Machado y ni siquiera se haya acordado de Edmundo González, el ganador de las últimas elecciones que robó Maduro, nos da una pista.
Pero volvamos al siglo XIX o al XXI, que cada vez se parecen más (solo hay que cambiar el palito de sitio).
Trump acaba de sugerir que puede tomar medidas contra otros países y menciona Colombia, un país con un presidente elegido democráticamente que a Trump no le gusta. También dice que Cuba está a punto de caer. Y, ya puestos, recuerda que “necesita Groenlandia”, para desesperación de Dinamarca. Muy decimonónico todo.
Sobre la lucha contra las drogas, un apunte rápido: Trump indultó hace un mes a un ex presidente hondureño condenado a 45 años de cárcel por narcotráfico. Lo de las drogas le preocupa a ratos.
Y Putin tiene que estar encantado, él también es muy del siglo XIX. Trump viene a darle la razón al ruso en que una potencia puede saltarse el derecho internacional y hacer lo que le plazca con los vecinos. No depende de si son democráticos o no, ni del narco, ni de ninguna ley, sino de lo que le venga bien a cada emperador. A ver quién le dice ahora a Xi Jinping que deje Taiwan en paz.
¿Moraleja?
Trump ve el mundo como una parcela
Y ha empezado por Venezuela
