monarquía británica

Treinta años del divorcio de Lady Di y Carlos III: la escandalosa ruptura que desequilibró la monarquía británica

El espectáculo mundial que dejó al descubierto las desigualdades de género, el control sobre la imagen femenina y el precio que Diana pagó por no encajar en el molde de princesa perfecta.

Nora Barreto Torres

Madrid |

Prince Charles and Princess Diana at Wedding/ Getty Images
El divorcio que sacudió a la Corona británica cumple 30 años | Getty Images

Treinta años después, aquel 28 de agosto de 1996 sigue siendo una fecha clave para entender la historia de la monarquía británica. El día que se oficializó el divorcio de Carlos, entonces príncipe de Gales, y Diana de Gales, no fue el final de una historia de amor, sino la conclusión administrativa de una ruptura durante años expuesta a la opinión pública.

El matrimonio que había sido celebrado con una ceremonia multitudinaria en 1981, llevaba separado oficialmente desde 1992, cuando el primer ministro británico, John Mayor, anunció la ruptura frente a la Cámara de los Comunes. Cuatro años en los que las dificultades de pareja dejaron el plano de lo privado para convertirse en un espectáculo internacional. La prensa, que seguía cada movimiento de ambos, convirtió su conflicto en una competición permanente: Carlos frente a Diana, el heredero frente a la princesa y la institución frente a una mujer cuya popularidad había adquirido una dimensión difícil de controlar.

"Éramos tres en este matrimonio"

En 1995, Diana concedió a la BBC la célebre entrevista del programa Panorama, en la que habló de la relación de Carlos con Camilla Parker Bowles, actual reina consorte, y de las dificultades de su matrimonio, algo que reconocería previamente Carlos y que rompería el principal código de la familia real, el silencio.

Dicha entrevista tuvo consecuencias tanto personales como políticas cuando poco después, la reina Isabel II comunicó a la pareja que debía formalizar su divorcio. Un acuerdo definitivo que se cerraría en febrero de 1996 y su llamado decreto absoluto el 28 de agosto de ese mismo año.

Un divorcio negociado en términos de poder

Para Diana estaba en juego algo más difícil de cuantificar que la repartición de bienes, ¿qué lugar ocuparía después del divorcio? Y, sobre todo, ¿qué margen conservaría para ejercer como madre y figura pública?

El acuerdo le permitió conservar su residencia en el palacio de Kensington y una compensación económica de 17 millones de libras, pero también la despojaría de su tratamiento de Alteza Real, pasando a ser Diana, Princesa de Gales. Un detalle meramente protocolario que enmascaraba una pertenencia a la familia real y una posición institucional eliminada aún siendo la madre de los hijos del futuro rey.

Una libertad que llegó tras romper con la institución

Paradójicamente, el divorcio permitió también que Diana construyera su identidad pública de forma más independiente, transformando la pérdida de su posición en una forma distinta de poder.

Alejada de las obligaciones oficiales, convirtió dicha popularidad en una plataforma para defender causas humanitarias, desde la lucha contra las minas antipersona hasta la concienciación sobre el VIH/sida y la situación de las personas sin hogar.

Proyectó una imagen de cercanía y empatía que contrastaba con la tradicional distancia asociada a la monarquía que le otorgó el foco de protagonismo que terminaría con ella.

La exposición tuvo un precio

Durante la madrugada del 31 de agosto de 1997, Diana murió en París después de que el coche en el que viajaba junto a Dodi Al Fayed, entonces su pareja, sufriera un accidente mientras era perseguido por fotógrafos.

El fallecimiento de una Diana de tan solo 36 años provocó una conmoción mundial y volvió a poner bajo discusión el comportamiento de los medios y la presión a la que había estado sometida durante años.

Dos personas y una institución

Una historia que no debe entenderse como un enfrentamiento entre marido y mujer, sino como el reflejo de una profunda desigualdad cuando dentro de una institución construida durante siglos alrededor de la continuidad dinástica, el lugar de una mujer queda reducido al hombre con el que ha contraído matrimonio.

Diana tuvo que construir su identidad fuera de ella, dejando atrás una monarquía que pudo retirarle el tratamiento pero no decidir qué hacer con su influencia y su voz.

Voz con la que no solo rompió con su matrimonio, sino con la idea de que una mujer debiera ser definida por el lugar que ocupaba al lado de un hombre.