¿Recuerdas aquellos días de 2020 en los que el depósito parecía estirarse sin fin? ¿Cuándo llenar el tanque no era sinónimo de un suspiro profundo o un escalofrío en el bolsillo? Prepara tu calculadora, porque el panorama ha cambiado radicalmente.
Lo que hace cinco años te permitía recorrer un buen tramo de España con 50 euros, hoy apenas te alcanza para un viaje mucho más modesto. Una radiografía de los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, junto con análisis de expertos, revela una cruda realidad: en mayo de 2025, nuestros 50 euros compran entre 160 y 175 kilómetros menos de carretera que en junio de 2020. Un golpe directo a la movilidad y a la economía doméstica que nos obliga a repensar cada trayecto.
De la calma a la tormenta perfecta
Para entender la magnitud de este cambio, es fundamental echar la vista atrás. Junio de 2020, un mes que, aunque sumido en la incertidumbre de la efervescencia post-confinamiento y con el mercado aún convulso, ofreció un respiro inesperado en los precios de los combustibles. Fue un oasis de relativa calma antes de la tormenta. La gasolina de 95 octanos se situaba en torno a 1,12 € por litro, una cifra que hoy suena casi utópica. El diésel, por su parte, sorprendía aún más, cotizando a unos irrisorios 1,02 € por litro.
Con un billete de 50 euros en el bolsillo y asumiendo un consumo medio de 7 litros cada 100 kilómetros –una referencia estándar para muchos vehículos de combustión–, las posibilidades de viaje eran envidiables. Aquellos 50 euros se traducían en la capacidad de recorrer aproximadamente 638 kilómetros si se conducía un coche de gasolina, y unos impresionantes 700 kilómetros para los vehículos diésel. Eran tiempos de carretera abierta, de planificar escapadas de fin de semana sin la pesada losa de una calculadora pegada al navegador; tiempos donde el depósito parecía un pozo sin fondo.
Sin embargo, ese idilio con los precios bajos duró poco. El año 2022 se erigió como el punto de inflexión, el parteaguas que cambiaría para siempre nuestra relación con el surtidor. Los precios se dispararon a niveles récord, alcanzando cotas nunca antes vistas. Junio de 2022 fue el pico más agudo de esta escalada: la gasolina alcanzaba la friolera de 2,057 € por litro y el diésel no se quedaba atrás, rozando los 2,03 € por litro.
El resultado de esta escalada fue una bofetada de realidad para los conductores. Con los mismos 50 euros, la autonomía de nuestros vehículos se desplomaba a límites casi impensables. Un coche de gasolina apenas podía aspirar a recorrer unos míseros 347 kilómetros, mientras que un diésel se quedaba en unos escasos 352 kilómetros. La carretera, que antes se sentía infinita, de repente se había encogido drásticamente, obligándonos a replantearnos cada desplazamiento.
2025: ¿una estabilización amarga o la nueva normalidad?
Aunque los precios se han moderado desde aquel fatídico 2022, alejándose de los picos históricos, la realidad que nos presenta 2025 dista mucho de la bonanza y el optimismo de 2020. No hemos regresado a los niveles pre-crisis, y parece poco probable que lo hagamos en el corto o medio plazo.
Tomemos como referencia el mes de abril de 2025. La gasolina de 95 octanos se situaba en unos 1,468 € por litro, mientras que el diésel se encontraba en 1,50 € por litro. Con estos precios, nuestros 50 euros nos permitían recorrer aproximadamente 487 kilómetros si conducíamos un coche de gasolina y 476 kilómetros si el vehículo era diésel. Una mejora respecto a 2022, sí, pero aún a años luz de 2020.
Mayo de 2025, el último dato disponible en el momento de redactar este reportaje, nos presenta un panorama ligeramente más favorable para el diésel, aunque la brecha con 2020 sigue siendo abismal. La gasolina promediaba los 1,50 € por litro, lo que se traduce en una autonomía de unos 476 kilómetros con nuestro presupuesto. El diésel, por su parte, ofrecía una pequeña ventaja al situarse en unos 1,364 € por litro, permitiendo alcanzar alrededor de 524 kilómetros.
Si confrontamos las cifras de mayo de 2025 con las de junio de 2020, la pérdida de autonomía es no solo evidente, sino también significativa: con 50 euros, hoy recorremos aproximadamente 160 kilómetros menos si nuestro vehículo utiliza gasolina, lo que representa una reducción del 25%. Para los coches diésel, la merma es aún mayor, con unos 175 kilómetros menos, lo que también equivale a una disminución del 25% en la capacidad de recorrido. Esta es la dura realidad a la que se enfrentan millones de conductores.
¿Por qué el combustible no vuelve a su cauce?
La respuesta a esta persistente escalada de precios, o al menos a la incapacidad de volver a niveles más benignos, es multifactorial y compleja, abarcando desde las dinámicas propias del mercado hasta las tensiones geopolíticas y las decisiones fiscales. No hay una única causa, sino una red intrincada de factores que mantienen el precio del combustible en la senda actual, lejos de la bonanza que vivimos hace un lustro.
Uno de los fenómenos más frustrantes y comentados por los consumidores es el conocido "efecto cohete-pluma". Mientras los precios del crudo internacional suben con la velocidad de un cohete ante cualquier indicio alcista en los mercados –ya sea por tensiones geopolíticas, recortes de producción o un aumento inesperado de la demanda–, las bajadas se producen con la lentitud desesperante de una pluma. Es habitual observar cómo, incluso cuando el precio del barril de petróleo retrocede, los precios en los surtidores descienden de manera mucho más rezagada y, a menudo, sin reflejar completamente las caídas del crudo. Este comportamiento asimétrico se atribuye, en gran parte, a los márgenes de refino y distribución, así como a la propia especulación en los mercados mayoristas y minoristas. Las grandes compañías energéticas ajustan sus márgenes para proteger sus beneficios, ralentizando el traslado de las bajadas al consumidor final.
La geopolítica desafiante juega, sin duda, un papel crucial. La guerra en Ucrania, que comenzó en febrero de 2022, y la política de la OPEP+ (Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados) han sido catalizadores fundamentales en la extrema volatilidad de los precios del petróleo. Aunque el impacto directo de los picos más álgidos de la guerra pueda haber disminuido, estas tensiones siguen siendo factores subyacentes que condicionan la oferta y la demanda en el mercado global del petróleo, generando incertidumbre y manteniendo una prima de riesgo. Las decisiones de la OPEP+ sobre los niveles de producción tienen un efecto directo en la disponibilidad del crudo y, por ende, en su precio.
Otro factor de peso es la creciente presión fiscal europea. La Unión Europea está inmersa en un proceso para lograr una equiparación fiscal entre el diésel y la gasolina, eliminando la ventaja histórica de la que ha gozado el gasóleo en muchos países miembros. Esta armonización busca, entre otras cosas, desincentivar el uso del diésel por sus mayores emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas. De materializarse por completo esta medida –que se espera pueda llegar pronto–, podría suponer un incremento adicional de unos 0,10 € por litro en el diésel en el futuro cercano, lo que se traduciría en unos 60 kilómetros menos de autonomía con nuestros 50 euros. De hecho, los impuestos, tanto directos como indirectos, ya representan una porción muy significativa del precio final del combustible en España, situándose entre el 60% y el 65% del coste total. Este componente fiscal es un fijo que no varía con las oscilaciones del precio del crudo.
Finalmente, es crucial recordar que los precios excepcionalmente bajos de 2020 no fueron un estado natural del mercado, sino, en parte, una anomalía causada por la pandemia y la subsiguiente crisis económica global. La drástica reducción de la demanda de movilidad durante los confinamientos hizo que los precios del crudo se desplomaran. Las subvenciones puntuales implementadas por los gobiernos en otros momentos, aunque pensadas para aliviar el bolsillo del ciudadano, también han distorsionado las comparativas históricas y han creado una percepción de precios que no se sostiene sin esas ayudas extraordinarias. En definitiva, la normalidad a la que aspiramos parece ser un paisaje mucho más costoso que el que recordamos.
España en el contexto europeo
Curiosamente, a pesar de la escalada interna, España se mantiene por debajo de la media europea en precios de combustible. Mientras que la gasolina en la UE promedia 1,656 €/litro, en España ronda los 1,48 €/litro. En el caso del diésel, la media europea es de 1,571 €/litro, frente a los 1,36 €/litro en nuestro país. Sin embargo, este "consuelo" es relativo, ya que la tendencia de incremento de kilómetros perdidos con 50 euros es una realidad innegable en nuestro territorio.
El impacto en el bolsillo y en las decisiones: la nueva movilidad
La pérdida de kilómetros con el mismo presupuesto tiene un impacto directo y palpable en el día a día de millones de hogares. El uso del coche particular se encarece, obligando a muchos a reducir sus desplazamientos, optar por el transporte público o, si la economía lo permite, considerar alternativas.
Esta coyuntura ha impulsado el interés por vehículos más eficientes y sostenibles. Las ventas de coches híbridos y eléctricos están en auge, no solo por una conciencia medioambiental, sino también como una estrategia de ahorro a largo plazo. Una comparativa del coste por kilómetro entre un vehículo térmico, híbrido o eléctrico es ahora más relevante que nunca.
El futuro inmediato no parece prometedor en cuanto a una reducción significativa de los precios. La presión fiscal europea, sumada a la volatilidad de los mercados energéticos y la especulación, sugiere que tendremos que seguir ajustando nuestro presupuesto de movilidad.

