La presión internacional de Donald Trump vuelve a sacudir la agenda global, con Europa en alerta por Groenlandia, Venezuela convertida en tablero energético y Pedro Sánchez reforzando su perfil exterior mientras esquiva el frente interno.
Europa planta cara al interés de Trump por Groenlandia
La preocupación en Europa es seria: Donald Trump insiste desde hace tiempo en su interés por hacerse con el control de Groenlandia y, tras la detención de Nicolás Maduro, esa insistencia ha elevado las alarmas al máximo. No es una ocurrencia aislada ni una provocación retórica más.
Los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España se han sumado a Dinamarca en una carta conjunta que evita mencionar expresamente a Trump, pero deja claro que el futuro de Groenlandia solo pueden decidirlo Dinamarca y los groenlandeses. "No nos vamos a callar", dijo ayer Pedro Sánchez.
Ante las explicaciones del Gobierno estadounidense, que asegura que su interés responde únicamente a la seguridad en el Ártico, estos siete países recuerdan que esa seguridad ya es una prioridad de la OTAN y está garantizada por la pertenencia de Dinamarca —y por tanto Groenlandia— a la Alianza Atlántica.
Los gobiernos de Groenlandia y Dinamarca han pedido reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio, para aclarar qué hay realmente detrás de este interés. No es la primera vez que lo intentan, pero hasta ahora no ha sido posible. Algo se empieza a saber: Rubio ha explicado esta madrugada al Congreso que Trump no planea invadir Groenlandia, sino comprarla.
Venezuela, petróleo y el poder sin disimulos
Mientras tanto, los venezolanos siguen esperando saber en qué se traduce la salida de Maduro y la designación de Delcy Rodríguez como nueva presidenta por decisión de Trump. Ha reaparecido Diosdado Cabello, número dos del chavismo, con chaleco antibalas, uniforme militar y rodeado de paramilitares, rechazando la operación estadounidense y reafirmando su lealtad al nuevo gobierno.
El presidente de Estados Unidos informará hoy al Congreso y al Senado en Washington —no a la Asamblea de Caracas— sobre sus planes para Venezuela, sin el menor esfuerzo por mantener las formas diplomáticas. Como pista, petroleras estadounidenses como Chevron ya han comenzado a enviar buques cisterna al país.
Esta misma noche, Trump ha anunciado que el Ejecutivo venezolano ha accedido a entregarle hasta 50 millones de barriles de petróleo, el equivalente a unos dos meses de producción diaria. La información detallada se dará a puerta cerrada, junto con más datos sobre la operación del sábado. Ayer, ante congresistas republicanos, Trump se limitó a alardear del ejército estadounidense y a caricaturizar a Maduro en una mezcla de amenazas y burla.
Sánchez mira fuera para no mirar dentro
Pedro Sánchez ha vuelto a hablar en el extranjero. Esta vez, en París. Al término de la reunión de la llamada coalición de voluntarios, anunció que la próxima semana se reunirá con los grupos parlamentarios para solicitar su apoyo al envío de tropas a Ucrania en una eventual misión de garantía de la paz.
No es una opción política, es una obligación legal: para desplegar militares en el exterior, incluso en misiones de paz, necesita autorización del Parlamento. Y no tiene mayoría. Habrá que ver qué hacen Sumar, los socios de investidura y el Partido Popular. Sánchez inicia así el año con un objetivo claro: que se hable de lo que ocurre fuera de España y no de lo que sucede dentro, donde su estrategia pasa por el control de daños ante lo que está por venir.

