Puigdemont se ha enfadado. Se ha enfadado mucho. Y es culpa tuya, Carlos. O gracias a ti, según se mire. Puigdemont, te acordarás, es ese señor que estuvo años diciendo por ahí que era presidente de la República catalana en el exilio. Pues Puigdemont se ha enfadado con la vicepresidenta Yolanda Díaz porque ayer ella te dijo aquí, en este programa, que Junts es un partido racista y clasista. Y se lo repreguntaste. Y lo repitió. El partido de Puigdemont es racista y clasista "desde siempre". O sea, que Yolanda Díaz reconoce ser vicepresidenta de un gobierno que lo es gracias al apoyo de un partido racista. Sobre esto fue menos clara.
Puigdemont, indignadísimo, ha anunciado con solemnidad que rompe toda relación con Sumar, que es algo que en realidad ya había empezado a hacer Yolanda Díaz antes que él. Lo de romper con Sumar, digo, porque ella ya está de salida. No va a ser fácil para Puigdemont romper relaciones con Sumar. A ver cómo te enfadas con un partido que sigue sin tener claro ni quién manda ahí ni si va a seguir existiendo. Aunque en lo de seguir igual cambiando de siglas es algo en lo que Puigdemont tiene mucha experiencia.
Más sorprendente aún es que Puigdemont ha comparado luego a Yolanda Díaz con Trump. Como insulto. Es extraño, teniendo en cuenta todo lo que Puigdemont ha compartido siempre con el trumpismo. No solo por su insistencia en vincular inmigración a delincuencia y la teoría conspiratoria del reemplazo. Para Trump es la identidad americana la que está en peligro por la gente que llega de fuera. Para Puigdemont la amenaza es todo el que no sea catalán. Mejor dicho, buen catalán.
Ambos azuzaron el superpoder de lo irracional para seducir con la nostalgia de un tiempo que nunca existió. Y tanto Trump como Puigdemont intentaron derrocar el régimen constitucional de su país. Y ninguno de los dos ha podido ser condenado por ello. Trump, porque volvió a la Casa Blanca. Puigdemont, porque no se ha atrevido a volver.
¿Moraleja?
Pocas cosas más trumpistas
que los delirios independentistas
