FÚTBOL | OPINIÓN

Los pájaros

📌 Las Palmas empata un partido con uno menos

⛔ El equipo amarillo no conoce la victoria en 2025

David Ojeda

Canarias |

'Los pájaros'

✍ Por Román Pérez González

Dice Elsa Punset en ‘Redes’ usando el ejemplo de unas palomas, pero refiriéndose a nosotros, los humanos, que “estamos programados para sobrevivir: y que “imitarnos podría salvarnos. Imaginemos una bandada de pájaros a la que se acerca un peligro sigilosamente; un perro en un parque o un niño que llega corriendo: el primer pájaro que los vea llegar saldrá volando mientras los otros la seguirán sin pensarlo porque la bandada le da protección y multiplica sus posibilidades de detectar el peligro y de ponerse a salvo en grupo”.

En los pasillos que conducen al campo del Gran Canaria dicen lo mismo con esta oración: “ninguno de nosotros es mejor que todos juntos”. Recordé esta cita sobre inteligencia emocional al ver como Gil Manzano sacaba de quicio a los 22 jugadores y a las 19000 personas que acudieron al Estadio de Gran Canaria; en un mundo tan polarizado todos coincidían en lo irracional de su forma de llevar el partido: 16 amarillas con 31 faltas, una roja y una resolución de puro realismo mágico de una jugada que era penalti de Las Palmas y acabó con amarilla a Fabio Silva por protestar el esperpento.

La UD tiró de orgullo, de imitación como las palomas ante un problema (0–1 y con uno menos tras la expulsión infantil de Essugo) cuando no había llegado el fútbol: ya empieza a ser un axioma lo que parecía un recurso; buscar a Fabio Silva desde cualquier punto del terreno o bien a través de Sandro o de Moleiro y el centro del campo, otrora la base del juego hoy en día una incomodidad, una parte del campo insustancial, irrelevante, quizás esto, por ejemplo, explique el ostracismo de un pelotero como Loiodice o la irrelevancia para lo que era de Kirian porque el centro del campo en vez de un valladar, fuente inagotable de felicidad, es ahora un arruga en un traje.

También es cierto que lo que antes entraba a la primera, cualquier remate era gol, en la racha inicial de Martínez, ahora, con más lógica, más cerca de la realidad, parece un mundo marcar y cada equipo viene aquí a hacer, poco a poco, su juego porque la UD ahora no pretende abrumar con la posesión , cuidarse con el balón para sobrevivir sino que busca intercambiar golpes y hace semanas que (salvo en el Bernabéu) no golpea primero. El equipo reacciona bien a la adversidad; eso está claro, pero da la sensación de necesitar un drama para activarse. Arrancó bien la UD, pero el gas del refresco duró 15 -20 minutos, lo que tardó Osasuna en hacerse dueño del partido. El empate es un buen resultado, sin duda, pero el empate (los pájaros) no deben tapar la luna: hace semanas que la UD no juega a nada.