De etnia gitana “me casaron” siendo una niña, con sólo 14 años. “Aconsejo a todas las madres del mundo que mentalicen a sus hijos para que no se casen tan pronto”. Con 15 años ya era madre. Tuvo seis hijos.
Lleva más de media vida en Asturias y asegura que se siente asturiana (“cocino una fabada buenísima”). Emigró con su familia por trabajo. Creció en una casa donde las dificultades eran constantes. Económicas y sociales. Ser gitano era un estigma y asegura que, aún hoy, lo sigue siendo para muchos a pesar de los avances que se han logrado.
Siendo niña pedía en casa ir al colegio. Quería aprender a leer y escribir. Nunca la dejaron. Asegura que su madre no tenía la mentalidad de ahora y fue un imposible. Consiguió aprender ambas cosas tiempo después. Gracias a la complicidad de quien ya era su marido y de las monjas. Lo hizo a escondidas de parte de la familia.

Adela es un referente en su cultura y a ella acuden muchos en busca de consejo (y en el pueblo gitano siendo mujer es, en parte, una anomalía). Dice sentirse “muy orgullosa de ser gitana”. Forma parte del Consejo de la Mujer de Gijón y su esfuerzo es muy valorado. Trabaja para lograr la escolarización de los menores; para que las mujeres no tengan miedo a formarse e ir al instituto o la universidad; y quiere que los gitanos dejen de ser invisibles.
Es madre, abuela y ya bisabuela.

