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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez empezó hablando de gobernar en solitario y ya admite que Iglesias le coloque gente"

Nos hacemos mayores, señora. Cinco años ya del cambio de rey. Felipe de Borbón no lucía barba aquel día y tenía bastante menos canas que ahora. En cinco años se le encaneció la cabeza como a Obama. (Cómo le entiendo, majestad, cómo le entiendo).

Carlos Alsina
  Madrid | 19/06/2019

Hoy se cumplen los cinco años de reinado y es un motivo tan válido como cualquier otro para mirar un poco atrás y un mucho hacia adelante. Mirar atrás es recordar cómo aquella proclamación, que los medios llamamos coronación, se hacía en cumplimiento de la Constitución, que ha resultado ser, la Constitución y su cumplimiento, la línea principal, el motor esencial, de la tarea que hasta ahora le ha tocado a este Rey.

La fórmula que él utilizó para jurar el acatamiento de la Constitución resulta, en comparación con todas estas otras fórmulas que han inventado diputados, senadores, concejales, eurodiputados, un prodigio de sobriedad y de ir al grano.

Los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas. En el primer minuto de reinado, y en la primera frase, está el resumen de todo lo que habría de venir después. Los derechos de los ciudadanos (de todos ellos, los de toda España) y los derechos de las comunidades autónomas. Es decir, la España autonómica de las nacionalidades, las regiones y los derechos históricos. Entre los que nunca estuvo, ni está, el pretendido derecho de autodeterminación que se atribuyó el gobierno independentista catalán para promover la arremetida contra la Constitución y, con ello, contra los derechos de los ciudadanos.

Todo estaba ahí. En esos diez segundos con los que comenzó a ejercer Felipe VI sus funciones de jefe del Estado. Guardar y hacer guardar. No es una opción, es una obligación. Que, por ignorancia o por distorsión, pretenden ignorar los Torra, los Rufián, los Garzón que le reprochan al Rey haber tomado partido por la Constitución frente a quienes intentaban tumbarla. Y tumbarle, naturalmente, a él. Guardar y hacer guardar. Algún día sabremos cuántos dirigentes políticos de renombre, y quiénes, intentaron disuadir al rey de que pronunciara el discurso del tres de octubre. El discurso inspirado por el hacer guardar que vino a recordarle a las otras instituciones del Estado, empezando por el gobierno mariano, su obligación de asegurar el orden constitucional.

El discurso del Rey fue dos días después de que el gobierno de Puigdemont y Junqueras le hubieran hecho la peineta (o la butifarra) al Tribunal Constitucional manteniendo un referéndum ilícito que el gobierno Rajoy no fue capaz de impedir. Cuando el Rey habló aún no se había producido consecuencia alguna del referéndum en cuestión porque la versión oficial monclovita era que no se había producido y punto. Aun tendrían que pasar veinticuatro días —y mensajeros de ida y vuelta que llevaban y traían mensajes de Barcelona a la Moncloa y de la Moncloa a Barcelona— antes de que Puigdemont escogiera proclamar la independencia en lugar de convocar elecciones autonómicas. Veinticuatro días (hoy cuesta creerlo) entre el toque de atención del rey y la consumación del desafío que trajo consigo la querella del fiscal y el 155.

Un año y ocho meses después de todo aquello, cinco años después de la proclamación del nuevo Rey, termina de completarse el nuevo mapa de los gobiernos autonómicos con la duda de qué pasará en Navarra.

El Parlamento lo va a presidir Geroa Bai (el PNV) con la bendición del Partido Socialista. Que se asegura, así, que Geroa Bai apoye la investidura de Maria Chivite como presidenta del gobierno foral. Nada que no estuviera en las previsiones, salvo que para que Chivite se corone requiere del apoyo, expreso o implícito, de Bildu. Sólo con la abstención de Bildu prosperará la operación Chivite, pero a esta hora parece encarrilada sin que el PSOE se haya sentado (ni vaya a sentarse) a hablar con los de Otegi. Esto es un poco lo de Ciudadanos con Vox. Oficialmente no quieren saber nada de ellos pero en los acuerdos a varias bandas que hacen falta para conseguir el poder son elemento necesario.

Queda ahora en evidencia que la dirección nacional del PSOE nunca vetó, ni desautorizó, ni frustró la hoja de ruta de María Chivite. Que siempre fue ésta: no hablar directamente con Bildu pero pactar con el PNV y con Podemos para que ellos se encargaran de que Bildu no estorbe.

Cara a la investidura de Sánchez quedan asegurados los seis votos del PNV (que siempre pesaron más que los dos de UPN) y queda asegurada la condición de socio principal para Pablo Iglesias, entregado ya a la opacidad de las citas secretas en Moncloa para pedir sillones. Ha sido la Moncloa quien se ha encargado de que ayer se supiera que Iglesias estuvo en Palacio el lunes, que insistió con lo de los ministerios y que Sánchez le dijo que segundos niveles sí, pero que a él en el Consejo de Ministros no piensa ponerle. Subraya el equipo Sánchez que la reunión fue mal y que no hay avances. Fue mal, ¿para quién?

Iglesias se está jugando tener un ministerio. Sánchez se juega ser presidente. Hasta la fecha Iglesias no se ha movido de lo que viene exigiendo: ministerios, gobierno de coalición. Sánchez empezó hablando de gobernar en solitario y ahora ya admite que Iglesias le coloque gente. Los secretarios de Estado no dejan de ser viceministros. Y el gobierno de cooperación es un gobierno de coalición con todas las letras. Esperar y ver. Al presidente no le incomoda ir a una investidura que no salga para volver a intentarlo dentro de dos meses con toda la maquinaria del poder predicando contra la repetición de las elecciones.

Esta mañana hablará Manuel Valls. Para contar qué planes tiene ahora que Ciudadanos ha roto con él para formar grupo propio en el Ayuntamiento de Barcelona.

En el entorno de Valls niegan que esté planeando coger la puerta y abandonar la política para dedicarse a hacer otras cosas. Como niegan que esté a la espera de que el PSOE le haga alguna oferta para desembarcar en la política nacional. Sí es verdad que está forjándose un nuevo partido catalanista y contrario al independentismo que tiene como principal impulsor a Josep Ramón Bosch, de Sociedad Civil Catalana, desmarcado de quienes reclaman que se aplique ya el 155.

Ayer nos preguntábamos a esta hora si personas de convicciones socialistas caben en el Ciudadanos liberal que pacta gobiernos con el PP y, de rebote, con Vox. Habrá que preguntárselo a Celestino Corbacho, decíamos. Y a ello vamos, porque Corbacho comunicó ayer que estará con los tres concejales de Ciudadanos y no con Valls.

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