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El Blog de Alsina

¡Qué empiecen ya los Juegos!

Les voy a decir una cosa.

Estamos en la cuenta atrás. Cada día que pasa, queda un día menos. Y esto no tiene marcha atrás. Porque ésta es la semana. Va a suceder, todo el mundo sabe que va a suceder, e incluso se sabe cuando: qué día y a qué hora. Viernes, 27 de julio, nueve de la noche. Ese día, a esa hora, termina la cuenta atrás y comienza la trigésima edición de los Juegos Olímpicos. Con una audiencia estimada para la ceremonia inaugural de mil millones de personas, entre ellas varios millones de ciudadanos españoles ansiosos por liberarse, aunque sea tres horas, de esta angustia vital que se nos ha metido en el cuerpo por la apurada situación financiera del país.

Carlos Alsina | Madrid | 23/07/2012

Las calles de Londres se preparan para la cita olímpica

Las calles de Londres se preparan para la cita olímpica / EFE

Antes, en julio se hablaba del tiempo.

-“Madre mía, hoy sí que pega”.

-“Pues han dicho que mañana aún van a subir más, qué sofoco”.

Ahora sales a la calle, dices:

-“Madre mía, qué bochorno”.

-“Y que lo diga, seiscientos cuarenta y subiendo”.

¿El qué? La prima. Antes, en julio, la gente hablaba de cine y de deportes.

-“¿Has visto la del caballero oscuro?”

-“Al caballero no, pero oscuro sí lo veo”.

Hables de lo que hables, al final siempre sale lo del fregao financiero y europeo.

-“Qué grande, Fernando Alonso, ¿lo viste?, ¡ganó en Alemania!”

-“Lo que faltaba, tocarle las narices a los germanos en casa”.

Hasta Alonso se dejó contagiar por esta epidemia que nos ha entrado cuando dijo: “He ganado en Alemania con un coche italiano diseñado por un griego”. ¡Guau! ¿Y eso descarta que España acabe rescatada? Pues no. Ni eso, ni que el ministro De Guindos repita, con toda la convicción de que es capaz un ministro de Economía, que “en absoluto vamos a ser rescatados porque nuestra economía tiene potencial de crecimiento”. Las declaraciones, a estas alturas, significan poco: son deseos, intenciones, esperanzas. Supeditadas siempre al comportamiento de los mercados, que son la pata imprevisible de este banco, aquello que, en teoría, debería reaccionar de una manera a las políticas que se están aplicando pero reaccionan a la inversa, declarando la sequía para España en los mercados y empujando hacia el rescate. A nadie puede extrañar, viendo cómo se ha puesto el asunto, que el personal esté deseando que empiecen ya los Juegos Olímpicos aunque sólo sea para ver desfilar a los nuestros con su horripilante equipamiento ---ese polo, con su estampado arabesco, ese abanico, esa flor en la cabeza (las chicas), ese sutil homenaje a los Power Rangers---. Después de horripilarnos tanto por la prima y los bonos, es un descanso poder horripilarse por el atuendo de nuestros deportistas, tan de hacer el primo. Los Juegos de este año, como pasó con la Eurocopa, van a ser oxígeno para una sociedad perpleja y desfondada que ve cómo acaba pasando todo aquello que nos dijeron que no pasaría porque España no es Portugal, España no es Irlanda, España no es Grecia. Íbamos a contar con el aliento de nuestros socios europeos para ir ejecutando nuestras reformas y, en lo que hace a los bonos, no parece que estén siendo de mucha ayuda. Íbamos a comernos el mundo a base de promocionar la marca España y el viernes desfilaremos en Londres vestidos de mercadillo, emboscados por obra y gracia de Bosco. Confiemos en que el realizador de la ceremonia se conforme con hacer planos generales, es decir, que no se ensañe. Les recuerdo que el director de la ceremonia es Danny Boyle, el de Slumdog Millionaire, le fascina el estilo chillón de bollywood. O sea, que igual se ensaña. Como si fuera un inversor defraudado. O un Mario Draghi.

Al presidente del Banco Central Europeo lo llamó hoy Durao Barroso (que aunque a veces no lo parezca, existe) para comentar juntos la crisis de la deuda pública. Esto dice la versión oficial, que ha de traducirse como “examinar lo que está pasando con España”: el bono, al siete y medio; la bolsa, en caída prolongada. Una reunión de estas características, oportunamente publicitada, tiene como objetivo que se especule sobre ella, que cale el rumor de que podría producirse un cambio de postura en el Banco Central que ayudara a abaratar la financiación de España. Poco más que eso, porque ni Durao Barroso puede imponerle decisión alguna al conde Draco ni éste  va a desdecirse de cuanto dijo este fin de semana: que el Banco Central no está para solucionar los problemas de financiación de los países, aunque no pocos dirigentes europeos piensen que sí, que justo para eso está un Banco Central, para defender la divisa. La única sugerencia que Draghi estaría en condiciones de aceptar es la que venga de Berlín, y en Berlín, de momento, el gobierno español sólo está escuchando su propio eco, un S.O.S. sin respuesta. Hay palabras amables, como las del ministro de Finanzas Schauble este fin de semana ---el proceso español es doloroso pero dará frutos--- pero no decisiones.

A todo esto, el español con más peso en las instituciones europeas, Joaquín Almunia, sugiere que el camino adecuado para enfriar nuestros bonos no es tirarle de los pelos al Banco Central, sino solicitar formalmente que el fondo de rescate compre deuda pública española, es decir, que se ejecute ya una de las decisiones de la última cumbre europea, sin esperar más plazos ni más calendarios. Almunia ha tenido una respuesta rara cuando se le ha preguntado hoy si España necesitará el rescate completo. Primero dijo: “no sé, pregúntele al gobierno español”. Y luego, cayendo quizá en la cuenta de cómo iba a interpretarse ese “no sé” lo cambió por un “no hace falta rescate, siempre que se tomen medidas”. Dices: bueno, alguien que sabe lo que hay que hacer para que esta espiral se pare. Según Almunia, la única forma de que los socios europeos atiendan tus peticiones es hacer méritos: España no puede hacerlo todo sola, dijo, hace falta que Europa complemente esa tarea, pero no se podrá complementar si quien necesita ese complemento no está haciendo todo lo posible. ¿Me lo traduce? Sí, que a España aún le quedan cosas por hacer que no ha hecho. ¿Por ejemplo? Ah, Almunia ahí ya no entra. No concreta que más nos toca hacer, sólo sugiere que el gobierno, pese a anunciar tanto recorte y tanto ajuste, aún se ha quedado corto. Para Almunia, se queda corto; para Rubalcaba, se ha pasado de frenada. ¿Quién de los dos acierta: el líder actual del PSOE, que anima a Rajoy a plantarse y discutirle a Europa su doctrina, o el líder que una vez tuvo el PSOE, que insta a Rajoy a perseverar en el ajuste e ir cada vez más lejos? El gobierno ya ni siquiera se plantea entrar en estos debates. Después de que la vicepresidenta, preguntada sobre los mercados, dijera el viernes que “a veces, son incomprensibles”, De Guindos se ha referido hoy a la irracionalidad y el nerviosismo de los mercados, ante los que el Ejecutivo se revela impotente. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que los deportistas del equipo olímpico pasaron esta tarde por la Moncloa, Rajoy ha explicado que él se aplica los mismos valores que los deportistas, a saber: trabajo, esfuerzo, dedicación y perseverancia. Él mismo ha dicho que eso no garantiza, en todo caso, ganar medallas.