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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Ninguno de los cinco brilló en el debate pero el que más partido le sacó fue Abascal"

El debate. ¿Quién ganó, quién perdió? Pues mire: los dos que están en los extremos del arco político, Abascal e Iglesias, se vistieron de monja y ganaron por la mano a los otros tres. Repetitivos, previsibles e incapaces de retratar a los de los extremos como extremistas.

Carlos Alsina
  Madrid | 05/11/2019

En un debate en el que ninguno de los cinco brilló, el que más partido le sacó a la noche fue Abascal, el debutante. Ni Sánchez ni Iglesias consiguieron que apareciera como el exaltado ultraderechista peligroso para el país. Casado y Rivera, más allá del riri rafe sobre el estado autonómico, apenas polemizaron con él. Dio la impresión de que ninguno de los cuatro tenía ganas, o vio necesario, entrar a discutirle de verdad a Abascal las cosas que decía. La descripción de un país arruinado por la existencia de las autonomías, gobernado por traidores a la patria, en el que la inseguridad tiene atemorizada a buena parte de la población y donde los extranjeros son factor principal de la existencia de crímenes terribles.

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¿Se puede aprovechar un debate sin presentar soluciones concretas para ningún problema? Pues sí, se puede. Eso es lo que hizo Abascal anoche repitiendo sus estribillos más conocidos sin que los demás, ni en la izquierda ni en la derecha, entraran a refutarle con un mínimo ahínco.

Iglesias jugó bien su baza de alejarse de los temas incómodos (Cataluña) y presentarse como el hombre que habla de los problemas de la gente corriente de todos los colectivos imaginables cargando contra los poderosos (los sospechosos habituales) en tono franciscano.

Lo que no consiguió fue explicar por qué, siendo tan bueno para España (según él) el gobierno de las izquierdas por el que suspira renunció él a que éste fraguara porque no le dieron todos los sillones, todo el poder, al que él creía tener derecho. Hizo cuanto pudo para que la culpa recayera sobre Sánchez pero es difícil olvidar que si él hubiera dicho sí a la vicepresidencia y los dos ministerios morados habría gobierno de coalición para España y no habría elecciones el domingo.

El momento más tenso del debate llegó a última hora. Empezó con la memoria histórica y el tema Franco. Y siguió con el pasaje en que Abascal reclama que se pueda honrar lo mismo al abuelo que combatió en un bando que al que lo hizo en el otro e Iglesias comparó eso con honrar en Alemania lo mismo al nazi que al judío gaseado.

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El único apuro en que se vio Abascal anoche fue cosa de Rivera. A cuento de la crítica feroz que hace Vox a la España autonómica habiendo hecho toda su carrera Abascal en las instituciones autonómicas y habiendo cobrado de una fundación autonómica madrileña.

Entre Rivera y Casado también hubo un par de agarradas. Porque el de Ciudadanos recuperó su discurso contra el bipartidismo atribuyendo a PP y PSOE el coste de la corrupción en España.

Escaramuzas entre los que compiten por el mismo voto. En la banda izquierda, Pablo y Pedro.

Y de remate, Sánchez recordándoles a Casado y Rivera que son ellos los que gobiernan comunidades y ayuntamientos gracias al partido que está en contra de las autonomías y las leyes de violencia de género, es decir, Vox.

¿Qué dicen las encuestas que se han difundido?

Que ganó Iglesias dice la de Sigma Dos para Antena 3. Primero Iglesias, segundo Casado, tercero Sánchez.

Que ganó Sánchez lo dice la de La Sexta. Primero Sánchez, segundo Casado, tercero Iglesias.

En los diarios digitales, que no es sondeo sino voto de los lectores que lo desean, gana Abascal. En la de El Español, gana Casado con Abascal de segundo.

Todos tienen algún medio al que agarrarse para decir que ganaron ellos. Todos, menos Albert Rivera.

En catalán, con buena pronunciación, terminó la princesa Leonor su primer discurso en Barcelona como cabeza visible (que ya lo es) de la Fundación Princesa de Girona. Respondieron los invitados allí presentes poniéndose en pie y ovacionando largamente a Leonor. Los invitados que consiguieron entrar al auditorio a pesar del cerco, la presión y el sabotaje, de cientos de montapollos indepes que han hecho de la crispación y la mala educación las señas de identidad de esto que ellos llaman la protesta pacífica.

No le pareció pacífico al concejal del ayuntamiento de Barcelona Josep Bou que le impidieran el paso, le escupieran, le increparan o le empujaran.

Llegó un minuto tarde el señor Bou y ya no había cordón de seguridad para acceder al recinto. Y sí había un escrache multitudinario animado por la quema de fotos de la familia real e insultos a los símbolos de España. Lo dicho: la legendaria hospitalidad de los agitadores callejeros y marrulleros.

El gobierno insiste en que se han tomado las medidas necesarias para que la visita de los Reyes y la princesa discurriera con normalidad. Bien sabe el ministro Marlaska que esta forma de viajar, ocultando la agenda y los horarios y alojando a la familia real en un hotel, tiene poco de normal y mucho de anomalía que no se produce en ningún otro territorio de España.

La primera de las anomalías es que la Fundación que lleva el nombre de Girona haya dado por perdida ya Girona. La segunda, que uno de los galardonados pueda lucir un lazo amarillo en la solapa (con lo que el lazo amarillo significa: acusar al Estado español de tener presos políticos) sin que nadie diga una palabra para refutar semejante acusación. Mientras en la calle vocean los pegafuegos, montapollos y rompecosas.