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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El pacto en Andalucía es firme y no se va a romper por el nombre que le pongan a la consejería de Familia"

Perdió el asalto a Ferraz y se refugió en su fortaleza andaluza. Ahora ha perdido el poder y está por ver que conserve el refugio.

@carlos__alsina | Madrid
| 11/01/2019

Susana Díaz. Esta mañana tendrá a bien comparecer ante la prensa. Se dejará preguntar, espero, la presidenta saliente. Poco dada a las ruedas de prensa. Hoy se estrena como líder de la oposición socialista a Moreno Bonilla. Sin esperar al debate de investidura y sin esperar a saber qué programa de gobierno plantea al Parlamento. A juzgar por el tono que empleó ayer aquí el portavoz del PSOE, Jiménez, no parece que éste vaya a ser un traspaso de poderes elegante y sosegado.

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El PSOE ya está en la oposición —viene estándolo desde el tres de diciembre— y hace bien la señora Díaz en reclamar para sí el puesto de opositora jefe porque aspira al puesto Pedro Sánchez a través de una ministra que también comparece hoy ante la prensa: Montero. La encargada de hacer el proyecto de Presupuestos para este año que hoy, por fin, el gobierno presenta. Mientras Díaz esté en Sevilla rasgándose las vestiduras porque Bonilla ha pactado con Vox la rendición de Andalucía (cuánto les gusta a todos envolverse en las banderas), Montero estará explicando en Madrid que su gobierno hace cuanto puede por pactar con Esquerra y el PDeCAT (por el bien de España, se entiende, y en aras siempre del progreso).

Hasta el martes no se esperan ya novedades en Andalucía.

Van a estar unos días entretenidos los líderes en este concurso que se traen por ver quién hace el tuit más ocurrente, quién es más digno y quién más impoluto, pero hay lo que hay: Pablo Casado ha salvado su primer puerto de montaña con más soltura de lo que esperaban sus críticos (incluso de lo que él mismo esperaba) y ha neutralizado el conato de revuelta interna. Nuñez Feijoó aplaude el documento que ha firmado con Vox su partido.

En el PP, sensación de victoria y de haberle bajado los humos a Abascal y los suyos. Los de Vox, intentando convencer a su parroquia de que le han arrancado al PP concesiones valiosísimas y el reconocimiento que merecen por el patriotismo que demuestran al hacer posible el cambio político en Andalucía. Hombre, es verdad que sin los doce de Vox no habría investidura de Bonilla. Tan cierto como que con los doce de Vox y sin los 21 de Ciudadanos y sin los 26 del PP aún lo habría menos. Aquí lo relevante es que el cambio lo hacen posible entre los tres pero el gobierno lo van a ejercer sólo dos. Y lo táctico es que Vox y Ciudadanos se pasen los próximos días exhibiendo lo mucho que se detestan. Van a decirse las mayores burradas que se les ocurran pero sin que peligre nunca el nuevo gobierno. El pacto es firme y no se va a romper por el nombre que le pongan a la consejería de Familia.

Y sí, uno entiende que a todos los partidos les irrite mucho que se diga lo que hay. Y que sus simpatizantes, sus votantes y sus palmeros se hagan notar. Faltaría más, aquí cada uno dice lo que quiere.

• Al Partido Popular no le gusta nada que se recuerde que, si hubiera dependido sólo de sus votos, no gobernaba Andalucía ni el día que se helara el infierno. Que ha obtenido en las elecciones el peor resultado que obtuvo nunca (esto que ellos le recuerdan todo el tiempo a Sánchez) y que han estado coqueteando con el discurso de Vox sobre la violencia de género hasta hace cuatro días. Le molesta que se diga. Pues qué le vamos a hacer. Que se moleste.

A Ciudadanos le disgusta que se diga que esto es un pacto a tres y que Marín le va a deber la vicepresidencia, como la señora Bosquet le debe la presidencia del Parlamento, a los diputados de Vox. Le disgusta que se hagan bromas sobre el cambalache éste que organizaron en la elección de la mesa para darle una silla a Vox sin que pareciera que ellos colaboraban en dársela. Pues qué le vamos a hacer, que se disgusten.

• A Vox, que es el nuevo en el tablero parlamentario, le irrita que se diga que el docu-mento éste que han firmado con el PP es una versión tan diluida tan diluida de sus famosas diecinueve propuestas que lo que le han arrancado al PP es el programa electoral del PP con una consejería de familia. Le irrita porque eso les hace parecer blanditos, que para ellos debe de ser el peor insulto posible. Y bisoños. Y más parecidos al PP de lo que ellos quieren parecer. Pues qué le vamos hacer. Que se irriten.

• Al Partido Socialista, ya lo vimos ayer, le molesta que se le diga que por mucho que denuncie pactos secretos entre los tres partidos, los pactos están a la vista y no parece que describan una Andalucía arrasada por el ultraderechismo. Y aún le molesta más que se le haga ver que esto de presentar al nuevo presidente como rehén de los ultras se parece mucho a lo que hacen el PP y C’s en el Congreso: presentar a Sánchez como rehén de los partidos que intentaron tumbar la Constitución en Cataluña. Y le molesta, en fin, que se le recuerde que ya utilizó en la campaña el miedo a la alianza de las tres derechas y salió lo que salió. La sobreactuación es un mal recurso. Si le enfurece que se diga, pues qué le vamos a hacer, que se enfurezca el susanismo.

• Y a Podemos e IU les desagrada que se mencione que si hubieran sido capaces, ahora que se han casado, de conseguir ellos alguno de los 14 diputados que se ha dejado el PSOE en lugar de perder tres de los que ellos mismos tenían, igual Vox no habría tenido tanta fuerza parlamentaria. Les desagrada que se diga que hablar todos los días como si ellos representaran a toda la gente de Andalucía no equivale a representarla. Y que la pretendida superioridad moral es un acicate formidable para la movilización del electorado contrario. Les desgrada, qué le vamos a hacer. Pues que se desagraden.

Para eso estamos.

Esto tampoco lo habíamos visto antes, miren: El Confidencial ha publicado un buscador para que usted, si lo desea, consulte si su número de teléfono fue espiado por el comisario Villarejo. Cuatro mil números aparecen en la tabla Excel de la operación Trampa. A saber: el trabajito para el que el BBVA contrató al comisario-cloaca en 2004. Contexto: había cambiado el gobierno de España, estaba Zapatero de presidente y Miguel Sebastián de consejero áulico y con el aliento del nuevo gobierno se fraguó una operación para intentar descabalgar de la presidencia del banco a Francisco González. Estaba en el asunto el constructor más cercano a la Moncloa de entonces, Luis del Rivero, y el BBVA pagó a Villarejo para obtener información sobre la operación y munición para torpedearla. Medio millón de euros abonó la entidad a la factoría Villarejo. Que entregó información (o eso dijo) sobre 15.000 llamadas telefónicas. Muchas parecen.

Conociendo la manera de funcionar de Villarejo, debió colarle al BBVA media guía telefónica y sólo algunos pinchazos de verdad. Pero pinchazos ilegales, se entiende. Y que podrían haber afectado a personas muy principales de la vida empresarial y económica de entonces, desde el propio Sebastián a Manuel Conthe, que presidía la Comision Nacional del Mercado de Valores.