OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El gobierno se raja y le cuelga el muerto a Lastra"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la exigencia de la Comisión Europea al gobierno de España de que la renovación del Consejo General del Poder Judicial sea por consenso con el PP.

ondacero.es

Madrid | 21.04.2021 08:47

Está bien que el gobierno rectifique cuando asume que se pasó de frenada. No está tan bien que se sacuda la culpa y niegue la paternidad de un proyecto que fue suyo y sólo suyo.

Reforma del Consejo General del Poder Judicial

El ministro menos conocido del gabinete, que es Juan Carlos Campo, de Justicia ---un hombre serio que no se esconde cuando truena--- fingió ayer que la idea de rebajar la mayoría que se requiere en el Congreso para elegir a los vocales del Consejo del Poder Judicial fue de Adriana Lastra y Pablo Echenique. Es más, fingió ignorar que semejante declaración sólo podía ser recibida como lo que es, una broma cósmica.

Hombre, ministro, todo el mundo sabe que Lastra y Echenique son dos mandaos. Están para hacer los recados que el gobierno les encomienda. Lo que pasó en octubre es que el Palacio de la Moncloa ---quién sabe si fruto de un calentón o de una maniobra de presión que acabó naufragando--- discurrió que saltándose el requisito de los tres quintos para elegir vocales, y dejándolo en la mitad más uno, podía prescindir del PP para alumbrar un nuevo Consejo del Poder Judicial con mayoría de izquierdas. Si no consigues los votos que necesitas, cambia la ley para que con los que tienes valga.

Si no consigues los votos que necesitas, cambia la ley para que, con los que tienes, valga

Y discurrió algo más el departamento de ideas geniales: para evitarse el trago de tener que pedir informes al Consejo de Estado y al propio Consejo del Poder Judicial, en lugar de presentar la maniobra como un proyecto del gobierno había que presentarlo como una iniciativa de los grupos parlamentarios... del gobierno. Dijo Pedro: ‘Buscadme a Adriana, que tengo tarea para ella’. Dijo Iglesias: ‘Llamadme a Echenique, que tengo un encargo’. Y allí se personó la pareja parlamentaria, tan orgullosa de aparecer ante los medios como el dúo salvador que iba a fortalecer las instituciones de España.

Venga palabras, venga palabras. Todas, naturalmente, dictadas. Y aplaudidas con fervor por un grupeto de comentaristas afines al rebufo de aquella parrafada. Qué había de malo en elegir vocales sólo con mayoría absoluta si así se rompía el bloqueo devastador que el PP había impuesto en el gobierno de los jueces. Luego pasó lo que pasó. Que alguno de los socios del gobierno cayó en la cuenta de que, con la reforma, quien tuviera mayoría absoluta tenía todo un Consejo Judicial a su medida. Y que en Bruselas lo de andar rebajando mayorías desprendía un aroma a sometimiento judicial a la polaca que levantó suspicacias.

El gobierno quedaba como asaltante de la independencia judicial y el PP diluía su culpa por bloquear la renovación a la que estaba obligado

Sánchez acabó plegando velas y retomando la negociación con Casado. Echenique y Lastra se conformaron con sacar adelante la reforma que ata de manos al Consejo actual para que no pueda nombrar ya a nadie, con el efecto conseguido de que las vacantes en los tribunales no se cubren. Un éxito arrollador que convirtió la brillante jugada que a alguien se le había ocurrido en octubre en un bumerán. El gobierno quedaba como asaltante de la independencia judicial y el PP diluía su culpa por mantener bloqueada una renovación a la que el Parlamento está constitucionalmente obligado. Un éxito de crítica y público.

Ahora al ministro le toca deshacer el camino y volver a lo de siempre. El juego de los cromos y los sillones entre el gobierno de turno y el PP de turno. Que, como dice el ministro, carece de excusas para proceder a la renovación de los vocales.Ésta es la única excusa que siempre les vale a los partidos para hacer o dejar de hacer cualquier cosa: si hay campaña electoral, todo parado para no espantar votantes.

El gobierno central vacunará a los policías y guardias civiles en Cataluña

El gobierno central se ocupará, sólo en una de las 17 comunidades autónomas del país, de vacunar él a los policías y guardias civiles. Sólo en una el gobierno autonómico al que le compete ha eludido su obligación de vacunar policías y guardias como personal preferente que son.

Obsérvese la naturalidad con que la ministra hizo ayer este anuncio. El gobierno central ha tomado la decisión de vacunar a las fuerzas de seguridad del Estado en Cataluña. Nada que ver con la beligerancia que manifiesta este mismo gobierno cuando quien incumple las instrucciones del Consejo Interterritorial es el gobierno de Madrid. Se asume que Cataluña no vacuna policías y guardias civiles y ya está, no pasa nada.

"Se asume con naturalidad que Cataluña no vacuna policías y guardias civiles y ya está, no pasa nada"

El señor Argimon, responsable de la vacunación en Cataluña, sostiene que ellos no discriminan a nadie. Ni por ideología, ni por religión, ni por género. ¿Y por uniforme? Igual es eso. Ya es mala suerte esto que explica Esquerra Republicana, que policía y guardia civil tardaron en enviar la lista de personas que han de ser vacunadas, se les juntó con la suspensión de AstraZéneca, y entre unas cosas y otras están sin vacunar. A diferencia de los mossos de esquadra.

Campaña electoral en Madrid

Cataluña, dos meses y una semana después de las elecciones autonómicas, sigue sin investir nuevo gobierno. En Madrid, camino de las urnas de dentro de trece días, hay debate televisado esta noche entre los candidatos. El único que ha querido hacer Ayuso. Será en Telemadrid, moderado por María Rey. Según las encuestas, el PP está en el 41% o hasta el 44% del voto, el PSOE en el 25%, Más Madrid en el 13-14%, Vox en el 8% y Podemos en el 7-8%. Ciudadanos por debajo del 5%.

Vox hace campaña prometiendo perseguir a menores de edad. Lo llaman propaganda electoral, pero su nombre real es promover el odio

Vox hace campaña prometiendo perseguir a menores de edad. Así se publicita: el voto que va a perseguir a los menas. Los menas son menores de edad, sin familia y sin adultos que se ocupen de ellos, y que, por serlo, según este partido, han de ser perseguidos. Perseguir menores. Se enorgullecen de ello. Lo llaman propaganda electoral. Pero su nombre real es promover el odio.