OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Bildu, compadre"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre el freno de las previsiones económicas del Gobierno, así como la salvación 'in extremis' del decreto anticrisis de Sánchez y la imagen de la semana con "Yo Yolanda".

ondacero.es

Madrid | 29.04.2022 08:22

El día del baño para Pedro Sánchez. Sánchez, Calviño y el resto de los integrantes del gobierno. El baño de realidad que, a la fuerza ahorcan, se darán hoy metiéndole la tijera a sus previsiones económicas. Creceremos bastante menos de lo que el gobierno calculaba y los precios subirán bastante más. Flojea la recuperación, pese al manguerazo de los fondos europeos, y siguen disparados los precios a pesar de las medidas que ya ha tomado el gobierno. Hoy sabremos hasta cuánto eleva la previsión de inflación media del año. En los cuatro meses que llevamos, la media es del 7%. Ha frenado en abril pero sigue en niveles jamás previstos por el gobierno. Jamás previstos hasta que ha tenido que resignarse a admitir que la inflación no era un fenómeno pasajero.

Ha sido una semana políticamente reveladora.

Si la pregunta de la semana la hizo Margarita Robles, la imagen de la semana corresponde a Yo Yolanda, arrojándose en brazos, ayer, de Yo Pedro para celebrar que una nueva votación al límite se había ganado. Desde que el bloque de la investidura se ha cuarteado, el presidente vive cada convalidación de sus decretos como si fuera un partido de champions. Ganó el gobierno. En alianza con algunos de sus socios de siempre (el PNV, Bildu, Errejón) y en ausencia de otro, Esquerra Republicana. Resulta que Rufián no es tan imprescindible como él da a entender cada vez que advierte que la legislatura. ¿cómo era?, pende de un hilo. Sin nosotros no hay legislatura, repiten como la gota malaya los de Junqueras.

Yolanda Díaz y Pedro Sánchez celebran la aprobación del plan anticrisis en el Congreso. / Efe
Yolanda Díaz y Pedro Sánchez celebran la aprobación del plan anticrisis en el Congreso. | Agencia EFE

Lo peor de dar un ultimátum es tener que tragártelo. Sánchez no necesitó que un diputado del PP se equivocara. Ayer, no. Ayer tenía a Bildu de su lado. De forma que a Rufián se le cayó el discurso.

No dejes que la realidad te estropee un buen salmo. A ver, Gabriel, que a quien sedujo ayer el gobierno para salvar su decreto no fue al PP sino a Bildu. Bildu, PNV, Más País, Compromís, el Bloque. Ni PP ni Ciudadanos. Lo que ocurre es que sumados todos los pezqueniñes, y siempre que Bildu no falle, Esquerra no es necesaria. Y eso duele.

Y es verdad esto que ayer dijo Yo Pedro, mi persona.

Lo que se votaba ayer era sí o no a las tropecientas medidas que amontonó el gobierno en un solo decreto. Me las aprueban todas o me las tumban todas. Se vota lo que se vota, cierto. Pero no se nos ponga exquisito el presidente porque si él no hubiera abierto la negociación con sus socios a otros asuntos que nada tienen que ver con el decreto no habrían podido sus hombres de confianza, Bolaños, Héctor Gómez, reunirse de uno en uno con los grupos afines precisamente para eso, negociar. ¿Negociar, qué, si todo lo que se vota es lo que pone el decreto?

El resumen de la jornada parlamentaria es el que es: la señora de Bildu anunció por la mañana que votarían a favor y la señora de Bildu recibió por la tarde su nuevo sillón en la comisión de secretos oficiales del Congreso. Ya, el gobierno dirá que nada tiene que ver una cosa con la otra. Son casualidades de la vida política. El caso Pegasus ponía en riesgo la precaria mayoría que, a duras penas, mantiene el gobierno en el Parlamento y en sólo cuatro días ---qué rapidez, qué eficacia--- se constituyó una comisión que llevaba dos años y medio bloqueada y se le dio entrada en ella al grupo sobre el que no existía consenso: Bildu.

Recordemos la cronología de estos días: domingo, el ministro Bolaños le dice al gobierno independentistas catalán que ya se encarga él de que se constituya de una vez la comisión ésa el martes, la presidenta del Parlamento Batet se declara obligada a constituir ya esa comisión porque no puede ser que siga bloqueada (en rigor, obligada, sí, pero por el gobierno) recurre al enjuague de rebajar la mayoría necesaria para elegir a los integrantes de esa comisión, o traducido, que el PP no pueda impedir la entrada de Bildu. Y, voilá, el jueves por la tarde ya está la señora de Bildu en la comisión para poder enterarse allí de los secretos de Estado.

Los tres grupos que hasta ahora no tenían sillón en la comisión y en sólo cuatro días han conseguido tenerlo: Esquerra, Bildu y la CUP. Los tres dan por hecho que hubo, y hay, espionaje ilegal a los independentistas y exigen que caiga Margarita Robles. Además de Junts, que también lo da por hecho y también quiere la cabeza. Además del PNV, que sostiene que en esa comisión nunca se cuenta nada relevante y que también va a por la ministra. Y además de Podemos, que es quien con más ganas espera que Sánchez entregue a Margarita cautiva y desarmada.

De manera que va a tener que obrar un milagro la directora del CNI en su comparecencia para aclarar todas las dudas y sofocar la revuelta pegasiana. Porque todos estos grupos (seis de diez) no tienen duda alguna ni sobre lo que ha pasado ni sobre quién debe pagarlo. La información del CNI, por muy reservada que sea, la despacharán negándole crédito. No se olvide que para ellos ni la sedición, ni las algaradas por la sentencia del Supremo, ni el intento de tomar el aeropuerto de El Prat, ni el coqueteo con los servicios de intoxicación rusos constituyen actividad ilícita alguna. Al revés, para Bildu, para Junts, para la CUP, todo eso son méritos que adornan el currículum democrático de los presuntos espiados. Democrátic, como el tsunami.

Y por cierto, subrayemos que el PSOE dio prueba ayer de su compromiso contra la crispación y la polarización en el debate político. No hay que crispar, como dice Sánchez. Hay que dialogar con sosiego. Por eso subió a al tribuna ayer el diputado socialista Casares a predicar con el ejemplo.

Sosiego y reflexión. El único pero que cabe poner a este diputado, antídoto de la crispación, es que no sepa que el Hemiciclo cuenta con un sistema de megafonía desde 1932. Se instaló para que los oradores no tuvieran que hacer esta cosa tan desagradable de vocear y pegar gritos. Señoría.