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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Esta 'olla podrida' que nunca se acaba

Les voy a decir una cosa.

Esto, como el bidé, lo inventaron los franceses. Aunque a diferencia del bidé, se lo copiaron a los burgaleses.

Carlos Alsina | Madrid | 29/01/2013

El primer teniente de alcalde de Lloret de Mar

El primer teniente de alcalde de Lloret de Mar / EFE

Estaban los soldados de Napoleón, allá por 1808 en Burgos, como si fueran Ortega Cano, o sea, tan a gustito. Frío pasaban, porque en Burgos se pasa frío desde septiembre hasta mediados de junio, pero lo combatían de manera entusiasta beneficiándose de “la princesa de los cocidos, que no es una señora sino un guiso, la olla podrida, con su alubia, su morcilla, su panceta, su oreja, su morro y su chorizo. E

Estaban los franceses con aquel festín gastronómico como Urdangarín en sus correos electrónicos, en palma. Y tanta afición le cogieron a la olla que la hicieron suya a base de afrancesarle el nombre. Si nosotros españolizamos el “bidet”, ellos afrancesaron la “olla”, que en francés pasó a ser “bote” o “pote”, o sea, “pot”. “Pot” por la olla y “pourri” por lo podrida. Y así nació este concepto que, aparte de un riquísimo cocido, se convirtió en recurso fácil para artistas en decadencia y orquestas ambulantes que animan en verano las fiestas de los pueblos: el popurrí, un potaje de canciones diversas de las que se van juntando los trocitos más pegadizos.

Es verdad que desde el siglo XVII tenían en Francia la costumbre de cortar flores y hierbas, meterlas en un bote, cubrirlas de sal y esperar a que secaran para hacer con ellas artefactos aromáticos, lo que hoy llamaríamos ambientadores y que entonces llamaban popurrí de aromas o “saquito de olor”. Que en el caso que nos ocupa también nos vale porque el popurrí que nos deja el día es una miscelánea de capítulos nuevos de historias viejas a las que cabe referirse como olla podrida o saquito de mal olor.

Veamos cómo queda el parte del día, este popurrí de investigaciones, denuncias y sospechas, o sea, la España presunta. Y dado que la palabra evoca batiburrillos musicales, empecemos por Málaga, donde hoy quedó visto para sentencia el juicio de Isabel Pantoja. No se ha juzgado, claro, ni su calidad artística ni su ojo para elegir compañías sentimentales, sino su condición de lavadora (presunta). Blanqueadora del dinero que le pasaba Julián Muñoz, es decir, que según la acusación ella se prestaba a ocultar el origen malayo del dinero del novio fingiendo que lo había ganado ella con sus discos y sus galas.

La fiscalía pide tres años y medio de cárcel y multa de tres millones setecientos mil euros. La defensa alega que el dinero era todo de ella y que no constaba ni en los saldos bancarios ni en las transferencias porque en el mundo de la música lo habitual es pagar al artista en efectivo. Entiéndase, de espaldas a Hacienda. Pantoja cerró el juicio con estas palabras: “Estoy de acuerdo con mi abogado, gracias a todos”. Lo próximo es saber si el tribunal también está de acuerdo con el abogado o, por el contrario, le impone una pena por haber ejercido, a conciencia, de mi hermosa lavandería.

En Lloret de Mar, provincia de Girona y tierra de acogida de Andrey Petrov, el detenido del día se llama Valls, Josep Valls, y ejerce de teniente de alcalde y presidente del equipo de fútbol local. Esto es lo que es ahora. Antes fue concejal de urbanismo. “Antes”, con el alcalde anterior, que era Xavier Crespo, ahora diputado autonómico y señalado en la investigación policial como beneficiado de favores y regalos de este Petrov, el principal detenido de la operación Clotilde. El ruso era patrocinador de los equipos de futbol y de hockey. Nada que objetar al patrocinio, salvo que fuera a cambio de obtener favores ilícitos del alcalde o los concejales que gestionan el presupuesto del ayuntamiento. O salvo que fuera una coartada para camuflar algo más simple, el pago de comisiones ilegales.

Es decir, que la policía sospecha que a quien patrocinaba Petrov no era al equipo de futbol, sino al gobierno municipal. Al teniente de alcalde lo han podido detener porque no es aforado. La situación de Crespo es distinta porque es diputado y eso deja su situación procesal en manos del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, no del juez que investiga la causa ahora, que es Eloy Velasco.

Su colega en la Audiencia Nacional Pablo Ruz lo que sigue investigando es la Gürtel. Que después de unos cuantos cambios de manos por los fueros que en otros tiempos disfrutaron los imputados -López Viejo, Martín Vasco, Bosch, el propio Bárcenas- cumple cuatro años de instrucción judicial con esta novedad relevante y reciente que se llama cuenta suiza con hasta veintidós millones de euros. Por un lado, el juez investiga el origen de la fortuna (por si acaso Bárcenas o su partido estuvieron también patrocinados por empresas que obtenían contratos públicos a cambio); por otro, y dado que se ha publicado que varias fuentes del PP confirman que existieron los sobres con dinero en efectivo -y que el PSOE pide que la investigación se amplíe— procedió el juez a pedir criterio a la fiscalía anticorrupción, es decir, que le pregunta si tiene la sospecha de que una cosa pueda estar relacionada con la otra, los sobresueldos con los veintidós millones, el dinero que manejaba en negro con el pastón que le ocultaba a Hacienda.

No es una pregunta cualquiera. Si algo ha mantenido siempre la dirección del PP es que la Gürtel era un chanchullo de tipos particulares que se aprovechaban de sus cargos en beneficio propio, nunca del partido. El argumento siempre fue: no se ha encontrado nada que indique financiación ilegal. Ruz pregunta si a la fiscalía le parece que esto se ha publicado ahora puede considerarse, o no, un indicio que merezca ser investigado. Y la fiscalía ha respondido que sí, que entiende que hay que investigar lo de los sobres.

Pantoja, Clotilde, la Gürtel-Bárcenas, y nos queda, para rematar el popurrí, el caso Urdangarín, o en su capítulo de hoy, la imputación de quien fue tesorero del Instituto Noos, un señor que se llama García Revenga y cuyo atractivo mediático está no sólo en lo que fue (tesorero) sino en lo que es, secretario personal de las dos hijas del Rey. Por “secretario” debemos entender asesor, ayudante u hombre de confianza. Y ésa es la parte que más interesa hoy a Diego Torres, el ex amigo y ex socio del duque que conserva decenas de correos electrónicos que, según él, son dinamita que puede hundir no sólo a Urdangarín, sino a su familia política. Los correos ha demostrado que los guarda (de ahí salen todos los nuevos indicios que están llevando al juez Castro a emitir citaciones); que su efecto sea tan letal para la familia como él pensaba es lo que está por ver.

El secretario, García Revenga, difundió un comunicado en el que dijo que, “pese a su condición de tesorero”, nunca tuvo firma autorizada ni poder de decisión en las cuentas de Noos. Y añadía que el camino adecuado para desmentir las acusaciones que está recibiendo es personarse ante el juez y responder a lo que éste le pregunte. Él quería declarar. Bingo. El juez ya le ha citado. Sólo que cuando el juez te cita para interrogarte sobre indicios delictivos, tiene la precaución de asegurarse de que te presentes allí con tu abogado. Es decir, que te declara imputado.

Nuevo nombre que sumar al popurrí diario, nuestro “saquito de olor”, esta “olla podrida” que nunca se acaba.

Menos mal que también pasan cosas agradables. Por ejemplo, que patronal y sindicatos de un sector tan sacrificado como el de la pesca se pongan de acuerdo en subrayar el papel que desempeñan las mujeres…las ocho mil quinientas mujeres que trabajan en el marisqueo, la industria conservera y la pesca de bajura. A la salud de todas ellas vamos a tomarnos esta tarde el carajillo Magno, y para desearle suerte a Ascensión Fernández, jiennense afincada en Cangas que se ha embarcado, por iniciativa de Fundamar, en un buque rumbo a Terranova para estudiar las condiciones en que viven y trabajan los marineros de altura y las dificultades para incorporar mujeres a las tripulaciones de los grandes barcos pesqueros. Tres meses en alta mar sin jornada laboral prestablecida y a merced de la marea.