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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El único credo de Sánchez es el veletismo"

Hoy toca elogiar a Pedro Sánchez. Su integridad. Su coherencia. Su constancia.

Carlos Alsina
  Madrid | 13/11/2019

La suya es una coherencia inusual, es verdad, porque consiste en mantenerse instalado en la incoherencia permanente. No es fácil alcanzar esta constancia en la contradicción, el contorsionismo argumental, el travestismo. Pero Sánchez, hay que reconocérselo, borda el papel. Es un hombre fiel a sí mismo. Fiel a la conveniencia y la inconsistencia sobre la que ha construido su discurso político. Su único credo es el veletismo. Y el poder. Qué me conviene predicar ahora para llegar al poder, conservar el poder o aumentar mi poder.

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Había pensado en emitir hoy, de nuevo, entera, la entrevista que le hicimos a Sánchez hace doce días en la Moncloa. Escuchada ahora que ha anunciado su deseo de casarse con Podemos y hacer vicepresidente de su gobierno a Pablo Iglesias es el documento más revelador que cabe ofrecer de la firmeza de los planteamientos, las convicciones, los principios, del presidente en funciones. Aquel que decía ‘pude haber sido investido accediendo a tener a Podemos dentro de mi gobierno pero antepuse el interés de España porque yo no quiero ser presidente a cualquier precio’.

De la que nos habíamos librado, gracias a que él no quería ser presidente a cualquier precio. Con qué aplomo concedía que gobernar en coalición con Podemos no sólo suponía tener dentro a un paladín de la autodeterminación, sino, atención, depender –-quedar supeditado— al apoyo de fuerzas independentistas. Pues justo eso es lo que viene ahora. Porque una vez que ha tragado, como anticipamos aquí ya el lunes, con tener de vicepresidente con galones a Pablo Iglesias (se ha tenido que tragar a Pablo), aún tiene que seducir, para sacar adelante lo suyo, a otros cinco partidos para que le voten sí –-el PNV, Errejón, Revilla, el Bloque Galego, Teruel Existe— y a dos partidos independentistas para que se abstengan: Esquerra Republicana y a Bildu. En total, una investidura apoyada en ocho partidos políticos. El octoedro. O el octoPedro.

Sánchez invocó lo más noble que se puede invocar para descartar esa fórmula de gobierno: los intereses generales del país. No era que él no quisiera compartir el mando, es que meter a Podemos en la Moncloa era malo para los españoles. ¿Y ahora qué hacemos, presidente?

Cómo no va a preguntarse la sociedad para la que usted gobierna en qué cree usted de verdad. ¿Cuáles son sus principios? ¿Cuándo se quita el maquillaje y dice lo que de verdad piensa?

Cumple con lo que dice que va a hacer. Pero no cumple con lo que dice que no va a hacer. Si esta vez la jugada le sale, gobernará con dos gobiernos en uno, el suyo y el de los morados, y dependiendo de que Oriol Junqueras, a través de Rufián, le perdone la vida en cada votación del Parlamento.

Fue Iglesias quien hizo el anuncio. Fue Iglesias quien explicó que Podemos es el valiente de la pareja. Fue Iglesias quien inició el abrazo, falsísisimo, con el remataron ambos la puesta en escena. Primero se abrazaron ellos y luego abrazaron a todo el que estaba allí. A Iglesias le felicitaban. A Sánchez parecía que le dieran el pésame. Sin preguntas de la prensa. Qué tiempos aquellos del ‘sin preguntas no hay cobertura’. Anuncias un acuerdo de gobierno y no se te puede preguntar nada. Bendita transparencia. Y el cuento de que no hay que mirar atrás. Que hay que olvidar todo lo que nos predicaron estos tres últimos meses. Para esto la memoria no la quieren. Ni histórica ni reciente.

Hermosísimo el instante en que Sánchez felicita a Jaume Asens, el hombre de Iglesias en Cataluña al que usó como pin pan pún en la campaña. Este hombre terrible que defendía prófugos estaba ayer entre los celebrantes.

E Iglesias, y razones tiene, exultante. El que ha ganado es él. En el pulso con Sánchez el que ha ganado es él. Ha perdido dos millones de votos en cuatro años pero ha alcanzado el poder. De la mano del Partido Socialista, que según él está tutelado por el Ibex y chapotea en las cloacas. No va a dejar de pisar moqueta por ello. No va a renunciar a ser vicepresidente del gobierno. Ya se encarga Iglesias de explicarnos que la garantía de que éste sea un gobierno progresista es él, y no Sánchez. El guardián de las esencias izquierdistas. Para eso tiene que estar en el gobierno, ¿se acuerdan?, para vigilar a Pedro y que no recaiga en su inclinación natural por el derechismo.

Ha ganado él y quiere que se note que ha ganado. Por eso, pudiendo haber dicho: como en julio, que sea vicepresidenta mi compañera Irene lo que ha dicho es que el vicepresidente va a ser él. A Iglesias le parece que ya toca que haya candidatas a la presidencia del gobierno –-eso dijo, bienqueda, en el debate— pero a la vicepresidencia, él. Vuelve el hombre. Un gobierno de machos alfa en el que está por ver qué papel desempeña, si es que desempeña alguno, Carmen Calvo. Ausente ayer en la firma del acuerdo. O Nadia Calviño, que iba para vicepresidenta de gobierno en sintonía con Bruselas. Ayer, en la ceremonia nupcial, quien estaba era Adriana Lastra.

La descripción de lo que será este gobierno, si consigue que Esquerra se le abstenga en la investidura, no hace falta imaginarla porque la hizo con precisión el presidente. Dos gobiernos en uno. El suyo y el de Iglesias. Un gobierno duplicado y sin mayoría absoluta.

A los partidos involucrados en la operación invistamos a Pedro y Pablo hay que agradecerles que hayan atendido la petición que les hicimos aquí ayer: no nos hagan perder el tiempo con las monsergas de estos meses y concreten. Cuál es el pre-cio de su apoyo a la investidura (el de Iglesias, el del PNV, el de Esquerra Republicana) para que Sánchez pueda confirmarnos que está dispuesto a pagar. El de Iglesias ya vemos que lo paga. El del PNV, también. ¿El de Esquerra cuál es?

Tic tac, tic tac. A ver cuánto tarda en resucitar la mesa aquella de partidos que le ofreció Sánchez a Puigdemont y Junqueras. A ver cuánto tarda en resucitar el relator.

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