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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Casado está embarcado en el mismo reto que afrontó el PSOE en 2013 cuando brotó Podemos"

Hay un lugar en España donde las horas no duran sesenta minutos. Duran una eternidad. Hay un lugar en España donde ahora no son las ocho de la mañana de un lunes. Es la hora 186. Las horas que han pasado desde que a Julen se lo tragó el pozo.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  21/01/2019

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Comienza un nuevo día. Comienza una nueva semana.

Hasta el sábado estuvieron las excavadoras deshaciendo el monte. Rebajando su altura. Turnándose los trabajadores para que en todo momento se estuviera quitando tierra.

Desde el sábado es la máquina que taladra el monte la que está funcionando. Turnándose los trabajadores para que en todo momento la perforación siga adelante. Tienen que llegar hasta sesenta metros de hondo. Rompiendo la roca con las coronas de acero y retirando la piedra triturada.

Estamos en la hora cuarenta de perforación.

El decano del colegio de ingenieros de Málaga ha contado que los mineros de Hunosa están esperando a que se termine el pozo para empezar su parte del trabajo. Se perforan más metros de los que van a descender para que sea ahí, al fondo, donde vaya a parar el material que ellos vayan descarnando para hacer el túnel.

Los mineros que se irán relevando, los conductores de la maquinaria pesada que se van relevando, los bomberos, los ingenieros que en las últimas 186 horas han dormido poco y a ratos. Noveno día ya en Totalán. Esperando el milagro.

De las convenciones políticas salen los asistentes entusiasmados. A la convención del PP, ya entraron. Entraron entusiasmados y con la moral alta sólo por un motivo: desde el viernes, en Andalucía, el PP gobierna. Ése ha sido el factor inesperado que lo ha cambiado todo. El chute de autoestima. De haber seguido gobernando Susana Díaz y habiendo conseguido sólo veintiséis escaños, nadie habría podido distinguir la convención popular del salón internacional de empresas funerarias. Pero el poder es un reconstituyente formidable. Y doblegar a tu adversario de siempre, el PSOE andaluz, da alas.

Más que darlas, parece que las da. Porque a la espera de las encuestas electorales que se vayan publicando de aquí a mayo, y a la espera de que Sánchez termine de poner el huevo de las elecciones generales, los sondeos le siguen siendo adversos al PP y a su nuevo líder. Ha aprobado con nota el examen interno y nadie en el partido se atreve a cuestionar en público su estrategia y sus decisiones. Ni siquiera los nombramientos a dedo de algunos candidatos (y candidatas) para mayo que han generado perplejidad entre los veteranos. Quien no arriesga no gana, dicen los pablistas (o los paulistas), y con Díaz Ayuso, con Almeida o con Ruth Beitia es verdad que se arriesga no un poco sino a lo grande.

Casado hizo ayer lo que hacen todos los líderes en vísperas de elecciones: decir que van a ganarlas. Colocó este eslogan bien sonante que dice "haré la mayor devolución de libertad que se ha hecho nunca en España". Se entiende que mayor aún que la trajo consigo la transición democrática, ahí es nada. Como si la sociedad española de hoy estuviera oprimida, coartada, secuestrada. La devolución de libertad, por lo que dijo luego, se traduce en bajar los impuestos, promover la educación concertada, cambiar la ley de memoria histórica, aplicar el 155 en Cataluña, mantener la prisión permanente revisable y fomentar lo que llama cultura de la vida. Que un partido que ha gobernado ya dos veces España, en total catorce años, prometa reducir la administración y promover la sociedad civil no hay por qué tomárselo muy en serio. Si en algo empató siempre el PP con el PSOE es en su afán por invadir todos los espacios de la sociedad civil para hacerlos espacios de partido.

Casado describe una España sojuzgada por el socialismo intervencionista y buenista que ha entregado el país a los enemigos de la patria. No disimula que el desafío que tiene, de aquí a mayo, es revertir la tendencia que manifiestan las encuestas. El PP se dejó en 2016 tres millones de votos. La mayoría se le fueron a Ciudadanos. Ahora se le están yendo a Vox. Se le han ido en Andalucía a Vox.

El PP de verdad. Que rechaza imitaciones a su derecha. Está embarcado Casado en el mismo reto que afrontó el PSOE en 2013, cuando le brotó a su izquierda una cosa llamada Podemos. Fue en otra convención política donde Alfredo Pérez Rubalcaba, heredero de Zapatero, rearmó ideológicamente al PSOE (o eso dijo) para que los socialistas desencantados volvieran.

El PSOE había vuelto en 2013. Seis meses después hubo elecciones europeas y Podemos debutó con cinco escaños. Lo siguiente fue la jubilación de Rubalcaba. (Es verdad que Casado es más joven, no está en edad de jubilarse).

Las crónicas dicen que Aznar coronó a Casado como líder este fin de semana. No es verdad. A Casado le debe Aznar que le haya resucitado. A Casado lo coronaron los compromisarios cuando escogieron entre él y Soraya. Le auparon los militantes que premiaron su osadía al desafiar a la primera dama del marianismo.

No es Aznar quien le ha hecho líder. Y que Aznar lo exalte con entusiasmo tampoco garantiza que lo siga haciendo cuando vengan mal dadas. Esto que van a escuchar ahora no es un pasaje de la convención de este fin de semana.

Esto lo dijo Aznar hace quince años y no estaba pensando en Casado. Pensaba en Rajoy, el grandísimo líder que él se había ocupado de encontrar para que el partido siguiera siendo aquello en lo que él lo había convertido. Hoy es Aznar es paulista con el mismo fervor con que hace quince años era de Mariano.