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El Blog de Alsina

Artur Mas se abona a la ley Truman: “Si no puede convencerles, confúndalos”

Arthur Bloch es un fotógrafo, diseñador de webs y escritor norteamericano que en los noventa produjo un programa de entrevistas en los noventa en la televisión pública (”Permitido pensar” era el título) y que tiene publicada una sátira sobre los libros de autoayuda que se llama “Curarse uno mismo con ideas ilusas”, traducido aquí como “De ilusión también se vive”.

Carlos Alsina | Madrid | 13/09/2012

Artur Mas

Artur Mas / antena3.com

Pero la obra que más popularidad ha alcanzado, y que más dinero le ha hecho ganar a Bloch, es ésta que escribió hace veinte años y que leva por título “La ley de Murphy”; ya saben: la tostada que siempre cae por el lado de la mantequilla y lo que pueda salir mal, saldrá mal. Tomando como punto de partida esta ley apócrifa atribuida a un ingeniero americano, el amigo Bloch publicó lo que él describió como “el primer compendio completo de la sabiduría de nuestros burócratas, tecnólogos y observadores antisociales más deliciosamente dementes”. Entre ellas se encuentra la ley de Jones, que en su aplicación al ámbito político dice que “el gobernante que sonríe cuando las cosas están mal es que ya ha pensado a quién echarle la culpa”, y ésta otra, enunciada como la ley de Truman que es también de uso frecuente entre los que mandan y a la que se ha abonado definitivamente el presidente del gobierno de Cataluña, Artur Mas. La ley, muy breve, dice: “Si no puede convencerles, confúndalos”.

Al cabo de las dos horas que duró el desayuno informativo (eufemismo con el que se conoce en la vida pública madrileña un ritual que consiste en que un ministro, presidente autonómico, dirigente político o empresario de relumbrón, acude a un hotel donde le esperan más políticos y empresarios junto a algunos periodistas para leer un tocho sobre alguna cuestión de actualidad y dejarse preguntar luego todo aquello que se supone que ya debía haber aclarado en su conferencia pero que, por cálculo o impericia, resulta que a nadie le ha quedado claro), al cabo, digo, de las dos horas que duró el desayuno de Artur Mas en Madrid, hubo quien salió pensando que el president tiene intención de convocar un referéndum, quien entendió que lo que va a convocar son elecciones anticipadas, quien creyó entender que reclamar un estado propio equivale a pedir la independencia y quien concluyó, por el contrario, que “estado propio” es el nuevo nombre que le han puesto a lo que antes se llamaba Agencia Tributaria. Es curioso que el leit motiv de esta comparecencia fuera el compromiso de hablar claro, de esclarecer dónde estamos y hacia dónde cree Artur Mas que vamos a ir, o como él dijo, demostrar que no es cierta esta acusación que algunos le hacen de decir una cosa en Barcelona y otra en Madrid, de contar en la Moncloa que el pacto fiscal es la vacuna contra la independencia y contar en el Palau que el pacto fiscal es la última meta volante antes de alcanzar esa independencia. “Es importante que hable claro”, dijo Mas, y el resto de su intervención lo dedicó a oscurecer su postura.

Decir, como dijo, que Cataluña “necesita un estado” no es hablar claro, porque “un estado” ya tiene, forma parte de uno. La frase correcta es “Cataluña necesita ser un estado”, eso es lo que reclamaron los asistentes a la manifestación del martes, cuyo clamor y cuya demanda hizo suya ayer el presidente catalán, que ahora trata de poner el foco no en el anhelo de un estado propio, sino de lo que él llama “estructuras de Estado”, que debe de significar Agencia Tributaria propia, o, al menos, ésa es la única “estructura” que menciona. Poniendo y quitando palabras, recurriendo a esta ingeniería verbal, utiliza Mas el lenguaje como burladero. Él, que con tanta razón dice que no hay que tenerle miedo a las palabras, se comporta luego como si se lo tuviera. En otro momento de su intervención aludió a la posibilidad de consultar a la sociedad catalana mediante referéndum. Pero la pregunta que sugirió para esa consulta no fue la que cabría esperar dados los últimos acontecimientos y para medir con precisión cuál es la voluntad de los catalanes (pregunta simple y directa: “¿desea usted la independencia?”), sino “¿cree que Cataluña es una nación?”. De nuevo: si se trata de hablar claro, por qué no formula una pregunta nítida.Ha dicho Artur Mas que igual nos llevaríamos una sorpresa si se realiza esa consulta. Bueno, se la llevarían quienes esperen un resultado distinto al que se produzca. No sería una sorpresa para Artur Mas que saliera un “sí” a la secesión (esto que ahora llaman, en otro interesante ejemplo de palabras que se van relevando unas a otras, la “libertad de Cataluña”); no podría ser una sorpresa en la medida en que él mismo, sin esperar esa consulta, ya proclamó ayer que ésa es la voluntad de la sociedad catalana. De manera que no ha ofrecido hoy el president la respuesta a esa pregunta que ayer le formuló Alfredo Pérez Rubalcaba: ¿quiere usted hablar de cómo quedarse o de cómo irse, pide diálogo para convivir o para divorciarse? No pasa nada por decir lo que uno cree que es mejor para Cataluña, si es que uno tiene claro qué es lo que quiere, más allá de ganar elecciones. No hablar claro de este tema es una de las causas de eso que Mas ha descrito, con acierto, como “fatiga”, de una parte de Cataluña hacia el resto de España y de una parte del resto de España hacia Cataluña. Y no es sólo el gobierno catalán quien se resiste a hablar claro de este tema. Del gobierno central todo lo que hemos sabido en estos días es que no considera oportuno decir nada concreto. Pasapalabra. En esto no existe (ni se le ha dado media vuelta-- hoja de ruta. Dentro de una semana, próximo capítulo en el palacio de la Moncloa. “De las veces que he estado en Madrid”, dijo hoy Mas, “ésta es la más delicada”. Lástima no estuviera por allí Mourinho para preguntar por qué, por qué. ¿Por qué va a a ser delicada la conferencia en Madrid del presidente de Cataluña? A menudo nos empeñamos en presentar la normalidad como una misión de riesgo, eh, como si acudir a Madrid a dar una conferencia ---o cuando va Rajoy a conferenciar a Barcelona) fuera una intervención quirúrgica a corazón abierto, qué delicado, presidente, ¿estás seguro de que quieres hacerlo? Nos pierde nuestro afán por exagerar.

Hoy brindamos por la libertad de Jason Puracal, un treintañero norteamericano que llegó a Nicaragua hace doce años como voluntario del Cuerpo de Paz y que acabó quedándose a vivir, con su novia nicaragüense y el hijo de ambos. Hizo su vida en San Juan del Sur, municipio costero apreciado por los surfistas. Hace dos años Jason fue detenido, juzgado y condenado por ayudar a los narcos al blanqueo de capitales. Le cayeron veintidós años que empezó, de inmediato a cumplir. Pero ahora, gracias a la perseverancia de sus amigos, de un grupo de abogados y de cuarenta congresistas que firmaron la petición de revisión del juicio, la Justicia nicaragüense ha admitido que tanto la detención como la condena fueron arbitrarias e infundadas, y que Jason nunca hizo nada que mereciera ni una sola noche en el calabozo. De tener veinte años de cárcel por delante ha pasado a recuperar su vida de antes. Se ha rectificado una injusticia y eso merece un brindis.