OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Cotizaciones contingentes, pensiones necesarias"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre el anuncio del ministro José Luis Escrivá del aumento de las cotizaciones a los trabajadores para garantizar las pensiones de los 'baby boomers'.

Carlos Alsina

Madrid | 03.11.2021 08:55

De oca en oca y seguimos en el laberinto. Aún no hay reforma laboral de Sánchez a la vista (sigue el Gobierno enredado en sus contradicciones y emperrado en decir derogación) y ya tenemos nueva tormenta de la factoría Escrivá. No porque sea el ministro amigo de rayos y truenos ---no se me enfade--- sino porque los documentos que salen de su ministerio tienen la rara habilidd de provocar siempre algún lío. Y de ser filtrados nada más llegar a manos de los negociadores, que es una de las cosas que más irritan ---como bien sabemos--- a este ministro.

Le pongo en contexto: el Gobierno no está negociando sólo la reforma laboral consigo mismo y con los agentes sociales. También está negociando consigo mismo, con los agentes sociales y con los grupos parlamentarios, la reforma de las pensiones (otro compromiso que hay que cumplir con Bruselas). A la reunión de ayer por la tarde acudió el ministerio con un documento para ser discutido. Lleva dentro criptonita. Palabras clave que son como campos minados para cualquier ministro: cotizaciones sociales, aumento de, gasto en pensiones, recorte de. Un cóctel explosivo. Si ya le añades 'baby boomers' hay tormenta seguro.

El Gobierno no está negociando sólo la reforma laboral consigo mismo, también está negociando consigo mismo la reforma de las pensiones

Qué dice la propuesta, ya aireada. Pues que hay que encontrar la forma de asegurar que haya dinero para pagar pensiones mañana, pasado mañana y cuando se vayan jubilando la legión de trabajadores nacidos en los cincuenta y los sesenta. Hasta aquí, lo ya sabido. ¿Cómo asegurar que la hucha tenga dinero? Aumentando las cotizaciones.

Y aquí es donde el ministro, a las medidas que ya venía promoviendo, añade una especie de válvula de seguridad: para garantizar que los recursos no se queden cortos, se añade medio punto más de cotización para los trabajadores de manera temporal y sólo para usarse ese dinero si fuera imprescindible. Contingente, como dijo el ministro en su última entrevista en este programa.

"De aquí a Nochevieja, en la Moncloa, ni un día de tranquilidad"

Y en caso de que no hiciera falta ese dinero adicional, el Gobierno promete que lo ‘devolvería’ a los trabajadores, o rembolsando a quienes sigan cotizando o aumentando la pensión a quienes ya se hubieran jubilado. Cotización extra, digamos, cotización añadida a la cotización hasta 2033.

Pero además añade el ministerio que en caso de que las previsiones no se cumplieran, podría rebajar el gasto del Estado en pensiones, que esto ya abre un abanico de posibilidades que se traducen todas en reducir lo que hoy se destina a las jubilaciones. Cuánto y cómo es lo que se quiere negociar.

El ministerio subraya que son sólo medidas colchón para tener listas las herramientas que garanticen que el sistema siempre sea sostenible, pero ha mentado dos bichas: la subida de cotizaciones para empresas y trabajadores y la rebaja del gasto en pensiones. Criptonita. De aquí a Nochevieja, en la Moncloa, ni un día de tranquilidad.

El departamento de persuasión de la Moncloa encuentra la manera de hacernos saber que derogar y no derogar vienen a ser una misma cosa

En Moncloa hubo ayer Conferencia de Paz y qué quiere que le diga. Que para parir este comunicadito de ayer no hacía falta cumbre diplomática. Tanta trompetería, tanta liturgia, tanto bombo a la reunión de presidente, vicepresidentas y ministros varios para luego no contarnos nada. Que sí, que dice el Gobierno que sigue comprometido en la derogación de la reforma laboral de 2012, qué perra con la palabreja.

Ya les conté ayer que el departamento de persuasión de la Moncloa encontraría la manera de hacernos saber que derogar y no derogar vienen a ser una misma cosa, que cambiar alguna cosas equivale a cambiarlo todo todo, y que rodear a Yolanda Díaz de ministros socialistas no cabe interpretarlo como dilulir su papel en la negociación con patronal y sindicatos. Y dos huevos duros.

"De la lectura de los tres párrafos se deduce que justo eso es lo que no van a hacer, derogar"

Pues a esto se reduce el papelito. A meter ahí el verbo fetiche: derogar. Aunque de la lectura de los tres párrafos se desprenda que justo eso es lo que no van a hacer, derogar. Miren, derogar es anular todos los cambios que se intrdujeron en 2012 para dejar la ley como estaba hasta entonces.

Por ejemplo: en 2012 se rebajó la indemnización por despido improcedente de 45 días por año trabajado a 33. Fue una de las grandes batallas, perdidas, de los sindicatos. ¿Se va a derogar esto para regresar a la indemnización de 45 días? Respuesta: no. El Gobierno ni siquiera lo ha planteado. ¿Por qué?

En algún momento el Gobierno pondrá de verdad el huevo que todavía no ha puesto y explicará qué artículos de qué leyes pretende cambiar. Hasta entonces, este papel es un parchecito que tapa el descosido que tiene abierto el Gobierno de cohabitación pero no cierra la herida entre pedristas y yolandistas. En qué quedó aquello de lo que se lamentaban los morados: la injerencia, decían, de Calviño en una negociación (o un negociado) que era suyo. Porque si todo lo que hablaron es si había que poner derogar o modernizar es que las reuniones les cunden tan poco que se entiende que esta reforma se les esté eternizando. Con razón le reprochaban ayer sus socios a Sánchez que lleve tres años ya de presidente y aún no haya enviado su contarreforma a las Cortes.

Este papel es un parchecito que tapa el descosido que tiene abierto el Gobierno de cohabitación pero no cierra la herida entre pedristas y yolandistas

El capítulo aquel de "somos la izquierda y deshacemos lo que puso en pie la derecha" ya pasó. Caducó el día que el Gobierno envió a la Comisión Europea sus compromisos para hacernos merecedores de los fondos de recuperación y se abstuvo de prometer que no quedarían de la legislación nueva que entró en vigor en 2012 ni los palos del sombrajo, copyright del locuaz Echenique.

Ahora ya la fase es otra. Como gustaban de decir los comentaristas catalanes al hablar del procés, hemos pasado de pantalla. Ahora la pantalla ya no es qué reforma hizo Rajoy y qué terriblemente nociva fue para los trabajadores (que a pesar de ello le dieron 137 escaños al PP en 2016). Ahora la pantalla es en qué consiste la reforma laboral de Sánchez. Tipos de contrato, tipos de despido, topes (o no) al número de temporales en cada empresa, subcontrataciones, convenios de empresa y convenios colectivos, formación de los empleados, inspecciones laborales.

Es hora ya de que el presidente informe a la opinión pública de cuál es la reforma laboral de Sánchez y de Yolanda Díaz

Es hora ya de que el presidente informe a la opinión pública de cuál es la reforma laboral de Sánchez. Y de Yolanda Díaz, porque lo del uno es de la otra y lo de la otra es del uno. Es encomiable que aspiren a que su propuesta cuente con la bendición, a la vez, de la patronal y de los sindicatos. Justo por eso lo importante no es si el presidente y la vicepresidenta suscriben el enésimo documento sobre lo fieles que son los dos a su palabra (aquí le firmó un documento a Bildu Adriana Lastra, eso da idea de lo poco que valen), lo importante es saber cómo quedarán reguladas las relaciones laborales cuando las Cortes le aprueben al Gobierno ---con la misma mayoría con que va a aprobar sus Presupuestos--- la tercera reforma laboral de la última década. Acuérdese de que Podemos, antes de encamarse con el PSOE, exigía también la derogación de la reforma laboral de Zapatero.

Escuchando a la vicepresidenta Díaz se concluye que el futuro del país es fabuloso, envidiable, extraordinario. Gracias a esta reforma que aún no se sabe en qué va a consistir terminaremos por fin con la verguenza nacional que constituye, en este país, el paro. Por fin tendremos una tasa que no duplique la media europea. Para 2023, año de elecciones, ya tendría que estar notándose la histórica bajada.