OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Pídase calma uno mismo"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre el cambio de estrategia del Gobierno pidiendo ahora serenidad y calma después de advertir sobre las conjuras, golpes y complots que se estaban produciendo contra la democracia parlamentaria.

Carlos Alsina

Madrid | 21.12.2022 08:45

En la víspera de la lotería pone a girar sus bombos ese niño (mayor) de San Ildefonso que es José Félix Tezanos para cantar este mediodía el gordo de la demoscopia electoral. Y salvo grandísima sorpresa, el gordo caerá íntegro en el Palacio de la Moncloa, que es donde tiene su sede el comité de campaña del Partido Socialista.

Qué mejor regalo que una intención de voto generosa para un presidente necesitado esta semana del bálsamo reparador, ahora que ha tenido que resignarse a que el año termine sin tener a Cándido Conde Pumpido presidiendo el Tribunal Constitucional.

La propaganda constante y la pura contradicción

No estaba de buen humor ayer el presidente. Hizo una comparecencia enlutada, en la soledad de una sala de prensa vacía, sin preguntas (faltaría más) de los periodistas y con una cámara enchufándole que igual manejaba su propio jefe de gabinete, o el ministro Bolaños, que vale para todo. Por ejemplo, para hacer de Sánchez el lunes por la noche dirigiéndose al país para informar de que el temible complot contra la democracia parlamentaria había triunfado pero que, pese a ello, no había razones para ponerse nerviosos.

Los mismos que hablan de conjuras, asonadas, golpes, secuestros de la voluntad popular, pidiendo serenidad y calma

El mundo al revés. Los mismos que hablan de conjuras, asonadas, golpes, secuestros de la voluntad popular, pidiendo serenidad y calma. Pidiéndosela, ¿a quién? Si quienes perdieron la calma y actuaron con muy poca serenidas fueron precisamente ellos.

Viven en la propaganda constante y en la pura contradicción. Porque si de verdad hubiera habido un golpe de Estado, la calma no cabe. Y si se llama a la calma es que golpe no ha habido. Ni asonada. Ni secuestro del Parlamento.

Asumen el patinzado de empotrar los remedios a leyes orgánicas

La prueba de que no está secuestrado es que todos los partidos del frente amplio, empezando por el partido del presidente, anuncian ya la presentación de una nueva proposición de ley específicamente dirigida a cambiar las normas de elección de los magistrados del Tribunal Constitucional.

Es decir, que asumen el patinazo de empotrar los remiendos a leyes orgánicas en otras reformas ya en marcha (ay, la improvisación y las prisas fruto de la determinación de doblar la mano a los vocales del C-G-P-J) y admiten que había otra forma de hacer las cosas impecable y prístina, como diría el diario El País. Extraño secuestro ha sido éste.

El presidente acata y tomará medidas

Sánchez compareció entre compungido, contrariado y desairado. Dijo que el Gobierno acata la resolución del Tribunal y que tomará las medidas necesarias para que éste sea renovado. Y ambas cosas las dijo con la naturalidad de quien ha interiorizado que todo, en este país, pasa por él. Que en su mano está hacer y deshacer cualquier cosa. ¿De quién depende la Fiscalía? Pues eso. El presidente acata y tomará medidas.

· Primero, el Gobierno no tiene nada que acatar porque esta resolución del TC no le afecta. A quien afecta es al Parlamento. Al Gobierno no le concierne.

· Segundo, el Gobierno no tiene entre sus funciones garantizar que el CGPJ o el Constitucional se renueven. Por decirlo en términos simples, no es cosa suya. Es cosa del Parlamento.

· Y tercero, el retraso en el relevo de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional no es consecuencia de que no se haya renovado el CGPJ. Es consecuencia de que los dieciocho vocales del Consejo se han demostrado incompetentes para cumplir con su tarea de encontrar dos nombres que merezcan el respaldo de al menos once de esos dieciocho, los tres quintos.

Incompetentes para encontrar dos nombres que renueven el Constitucional

Ayer mismo podía haber quedado resuelta la renovación del Constitucional si los dieciocho vocales hubieran encontrado dos nombres, ¡dos entre la multitud de jueces y magistrados que integran los tribunales más altos del país!, que merecieran la confianza tanto de los conservadores como de los progresistas.

Los primeros habrán de explicar qué tiene el juez Pablo Lucas que no tenga José Manuel Bandrés, dado que ambos son progresistas. Y los segundos, los vocales progresistas, habrán de explicar qué grave defecto arrastra Pablo Lucas, el juez que supervisa las actuaciones del CNI, para no ser merecedor de su confianza.

¿Qué se está votando en el Consejo, a magistrados idóneos para el Constitucional o a magistrados que hagan posible, o imposibiliten, que Conde Pumpido lo presida?

Porque esto también podría explicarlo el Gobierno en sus comparecencias: habría bastado con que los vocales progresistas hubieran aceptado que Pablo Lucas sería un buen magistrado del Constitucional (insisto, es progresista) para que la renovación del Constitucional estuviera asegurada. Lo que no estaría asegurado es que el presidente del Tribunal fuera a ser Cándido Conde Pumpido.

¿Qué se está votando en el Consejo, a magistrados idóneos para el Constitucional o a magistrados que hagan posible, o imposibiliten, que Conde Pumpido lo presida? No es mala pregunta para que la respondan Alvaro Cuesta, antes diputado del PSOE y miembro de su Ejecutiva, o Clara Martínez, vocal, magistrada del Supremo y de la que Conde Pumpido es el marido.

Y ya que estamos, el presidente en precario del CGPJ, señor Mozo, podía animarse también a cumplir con su obligación de dar cuenta a la sociedad de lo que hace o deja de hacer el órgano que él preside, porque la sociedad tiene derecho a saber, y a poder preguntar, qué sucede en ese órgano tan relevante. Y que en palabras del naufragado Lesmes se declaró en septiembre en rebeldía.

El presidente se arroga una función que no es suya

El Gobierno tiene la obligación de hacer la propuesta de dos nombres para magistrados del Constitucional. Ya lo ha hecho: un ex ministro y una ex alto cargo de la Moncloa. Hasta ahí llegan sus obligaciones. Pero el presidente se arroga una función que no es suya: consumar la renovación cambiando la ley no una vez sino tres, porque ésta de ahora va a ser la tercera.

El presidente trata al Parlamento como si fuera el brazo ejecutor de los planes que diseñan él, y sus tres hombres de confianza, desde la presidencia del Gobierno

Las leyes las cambia el Parlamento, claro. Por eso el presidente trata al Parlamento como si fuera el brazo ejecutor de los planes que diseñan él, y sus tres hombres de confianza, desde la presidencia del Gobierno. Hágase sabe a los grupos del frente amplio que aprobarán ahora una proposición de ley para cambiar la ley del Poder Judicial. Hágase saber a Patxi López que tendrá que fingir de nuevo que los papeles que presenta en el registro son suyos.

Golpista es media Humanidad

Que las Esquerras o los Podemos califiquen de golpe o golpista a media Humanidad no tiene, a estas alturas, mayor misterio. Que el Gobierno de la nación, y el partido mayoritario del Congreso, se apunte a esa deriva hiperventilada sí son palabras mayores.

Está muy bien pedir calma. Pero debería haberlo hecho el presidente no mirando a cámara sino mirándose al espejo

Aunque sólo sea por la idea de España que está trasladando el presidente fuera de España. El jueves pasado estaba ufano Sánchez porque los magistrados que a él le gustan, los progresistas, habían evitado que se celebrara el pleno del Constitucional y él le había ganado el pulso a los conspiradores. Cinco días después estaba teniendo que aguar su propia descripción, para pedir calma. Está muy bien pedir calma. Pero debería haberlo hecho el presidente no mirando a cámara sino mirándose al espejo.