OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Retransmita usted un volcán"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la retransmisión en directo de las televisiones del volcán de La Palma, "un esfuerzo profesional sin precedentes" que exige "calibrar, sin dejar de mirar a cámara, si la humareda es más alta o más baja, si el ruido aumenta o se reduce".

Carlos Alsina

Madrid | 28.09.2021 08:53

En el décimo día de volcán y con imágenes, anoche, aún más sobrecogedoras que todas las anteriores. Las explosiones atronadoras, las columnas incandescentes alcanzando cada vez más altura en tres de las bocas, la nueva riada de lava de una anchura gigantesca.

Toda mi admiración a los compañeros de las televisiones que están teniendo que hacer un master en directo para lograr una proeza que hasta ahora nunca había sido necesaria: están teniendo que retransmitir un volcán. Minuto a minuto, como si fuera un acontecimiento deportivo, o un debate parlamentario, o una procesión de Semana Santa. Retransmitir un volcán es apreciar los más pequeños detalles y explicárselos a los espectadores ayunos de valoraciones, de previsiones, de verdadero afán por aprender a diferenciar un estromboliano de un hawaiano.

Toda mi admiración a los compañeros de las televisiones que han hecho un máster en directo para retransmitir minuto a minuto la evolución del volcán

Mis respetos a los compañeros de las televisiones. No es sólo contar lo que están viendo, es sopesar la relevancia de cada novedad y sus consecuencias. Sin haber cursado antes estudios de vulcanología ---qué periodista lo ha hecho---, sin haber tenido que cubrir otras erupciones de otros volcanes ---la última en España fue hace cincuenta años, la televisión entonces era una cosa mayormente enlatada: se informaba (es un decir) dos veces al día y poco rato, no cada minuto de cada hora de cada día, como ocurre ahora---.

Hoy la inmediatez exige este esfuerzo profesional sin precedentes. Calibrar, sin dejar de mirar a cámara, si la humareda es más alta o más baja, más oscura o más clara, si el ruido aumenta o se reduce, si la última explosión fue más intensa (o menos) que las anteriores, o si el volcán, de repente, se para.

Este fenómeno insólito (o no) que sacudió ayer las transmisión televisadas: un volcán que deja de emitir lava. ¿Qué está pasando? Es como el paso de la procesión que se detiene. Oiga, algo falla. Hay que darle al espectador ya una respuesta. ¿Qué es eso de que un volcán se detenga? ¡Una respuesta! El público quiere una respuesta.

Mucho mejor tentáculo de monstruo que colada, no me compares Godzilla con alguien tendiendo la ropa

Ponte a rotular la retransmisión de un volcán. Se toma un respiro, escribes, ahora no ruge. Y al leerlo te das cuenta de que parece que hables de un león, no de un volcán. Lo cambias por ‘el volcán resucita’, y te viene a la cabeza la canción: no estaba muerto, que estaba de parranda. Lo sustituyes por una cosa comedida, ‘la lava avanza’ escribes, pero sabes que eso no vende. La lava lleva avanzando desde hace ya diez días. Pruebas con ‘Los tentáculos del monstruo crecen’, dándole a la transmisión un aire de película apocalíptica que el espectador seguro que agradece. Mucho mejor tentáculo de monstruo que colada, no me compares Godzilla con alguien tendiendo la ropa.

Hablan los primeros expertos, atención, conexión en directo. Se les pregunta con vehemencia: ¿qué está pasando, por qué se para? Y ellos responden con pachorra: A ver señores, es un estromboliano, esto es normal. ¿Cómo, normal, si ya no sale lava? ¿Se ha taponado, verdad? Es eso: se ha taponado y acabará reventando por cualquier lugar. ¿Lo confirman? Y los expertos ni se inmutan: Nada señores, todo es normal, aburrídisimamente normal para lo que viene siendo un volcán.

Pues anoche tocaban continuidades. O sea, que el volcán se puso a soltar lava a tal altura y con tal intensidad que pareció que el mundo se acababa. Pero no se acabó. Estamos iniciando el décimo día. Puede que la retransmisión dure hasta Navidad.

"La vicepresidenta Díaz se congratula de haber aguado la propuesta de Escrivá"

Apurando, apurando, a dos días de que termine septiembre, el Gobierno aprueba hoy la prórroga de los ERTE que aún están en vigor. Anunció el principio de acuerdo anoche y poco después lo ratificaron las patronales CEOE y Cepyme. El Gobierno ha aflojado su planteamiento inicial y deja fuera de la obligación de formar a sus empleados en ERTE a las empresas con menos de diez trabajadores. La vicepresidenta Díaz se congratula de haber aguado la propuesta del ministro Escrivá, aunque no lo dice de esa manera sino de ésta otra.

El del voluntarismo alejado de la realidad era Escrivá, según el ministerio de Trabajo. El ministro recibió ayer por partida doble. Porque, además de esto, la vicepresidenta más querida por el CIS le dedicó este mensaje cuando le preguntaron por las pensiones y el supuesto retraso de la edad de jubilación.

Es llamativo que la vicepresidenta pida cautela al hacer declaraciones cuando ella misma incurre en una notable falta de cautela al atribuir al ministro algo que nunca dijo. Nunca dijo Escrivá que las empleadas de hogar deban trabajar más allá de los 67 años. De hecho, nunca dijo que nadie deba hacerlo. Lo que dijo es que jubilarse a los 67 es un derecho que tenemos, no una obligación. Y que aquellos que deseen seguir trabajando porque se ven en condiciones de hacerlo (y quieren) deberían tener la oportunidad de hacerlo sin que sus empresas los despachen en prejubilaciones destinadas a recortar el coste de las plantillas.

Que sea tu vicepresidenta la que se sume a la ola demagógica para presentarte como un ministro esclavista es una anomalía española

Que la oposición agarre por las hojas tus declaraciones, cuando eres ministro, para sacudirte forma parte del juego político. Porque es la oposición. Pero que sea tu vicepresidenta la que se sume a la ola demagógica para presentarte como un ministro esclavista es una anomalía española que dice poco de la lealtad que tanto predican los socios de este gobierno a palos.

¿Opinó la vicepresidenta sobre la declaración del ministro sin haberse leído la entrevista en el Diario Ara? Si lo hizo, malo. Si sí se la había leído, aún peor. La frivolidad como arma de persuasión masiva.

Confiemos en que no consista en esto el nuevo proyecto de país que está decidida a poner en pie. El entierro de lo que una vez fue Podemos. Un nuevo ciclo, como dice Errejón reclamando que, por favor, le haga Yolanda un hueco.