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El Blog de Alsina

Ay, los 600

Les voy a decir una cosa. 

Casi nadie se acuerda, pero después del 600 llegó a haber un 800. En la SEAT, me refiero, no en la prima de riesgo. Ay, los 600. El seiscientos, hasta hoy, era un número que nos caía simpático a los españoles. Tan redondito, tan legado a la memoria sentimental del país, aquel Pelotilla que fue el coche más popular de la España de los sesenta.

Carlos Alsina | Madrid | 20/07/2012

Seat 600

Seat 600 / agencias

El Ochocientos dejó menos huella, aunque tenía cuatro puertas y decían que era más cómodo. Era un seiscientos alargado del que apenas se hicieron quince mil unidades porque no cuajó como alternativa a al Dos Caballos o el Renault 4. El simpático era el Seiscientos, hasta que llegó el veinte de julio de 2012 y ese número se convirtió en sinónimo de “no siento las piernas”. Ay, los 600. Qué podemos hacer, como país, si nuestra prima de riesgo ---tan alta, tan gordota--- se nos ha ido a seiscientos. Los analistas de los mercados llaman a esto cotas psicológicas, y son los números redondos que componen, figuradamente, las marcas que se hacen en los cauces de los ríos para medir el nivel que llegó a alcanzar el agua en cada riada. La diferencia entre la prima que teníamos ayer, de 580, y la que hemos alcanzado hoy, de 600, es más simbólica que otra cosa. Dramáticamente simbólica, se entiende. Significa que lo que nos cuesta a nosotros, España, conseguir dinero prestado en los mercados es un 6% más caro que lo que le cuesta a Alemania. O dicho de manera más resumida, significa que no está a nuestro alcance obtener el dinero prestado que nos hace falta. ¿Por qué? Porque el precio que nos piden por él es prohibitivo. Superar los 600 tiene el mismo componente de vértigo que, en su momento, tuvo superar los 400, o los 500. Incluso superar los 300, que fue lo que pasó hace ahora un año.

En julio de 2011 superamos por vez primera los 300 y las crónicas dijeron lo mismo que están diciendo ahora: que el mercado nos empujaba de cabeza al rescate. Que entonces no acabara sucediendo no significa, claro, que esta vez no vaya a pasar ---siempre hay una primera vez para todo--- pero sí significa que ahora mismo es imposible predecir por dónde nos va a llevar el verano. Julio de 2011 fue angustioso para la financiación de España en el mercado, pero aún fue peor agosto, cuando se dispararon todas las alarmas y el gobierno acabó recibiendo una carta del Banco Central Europeo que resultó ser como la lista de la compra: los deberes que nosotros teníamos que hacer para que él se dignara a comprar nuestros bonos y conseguir, así, abaratarlos. Les recuerdo que fue también en agosto ---no hace ni un año--- cuando el gobierno improvisó una reforma express de la Constitución para meter la regla de oro del equibilibrio presupuestario en la confianza (o en la creencia) de que aquello sería un cortafuegos definitivo a la presión que estaba sufriendo España. 

Un año después, dos planes de ajuste nuevos después, con cambio de signo político en el gobierno y mayoría absoluta para el nuevo ejecutivo en el Parlamento, España acaba de subir impuestos y recortar salarios públicos, y acaba de firmar el contrato de crédito con la zona euro que le va a permitir recibir cien mil millones de euros para sanear por completo su sistema financiero. Ocurrido todo eso, va la prima y se planta en los 600. Al gobierno le han preguntado si descarta pedir el rescate, el pack completo de crédito (no a los bancos, sino al país) y ha evitado responder a la pregunta. Tampoco hace falta recordar que las respuestas a esa pregunta carecen de cualquier valor probatorio. Los rescates siempre se descartan hasta un minuto después de que sean anunciados, y en el caso del gobierno español, dado que la opinión pública ya ha asumido que cada vez que descarta algo es justo eso lo que acaba sucediendo, cabe pensar que haya llegado a la conclusión de que es mejor no decir nada. La última vez que le preguntaron a Luis de Guindos por el maltrato a que nos están sometiendo los mercados --fue a comienzos de esta semana-- él quiso atribuirlo a las dudas que aún existían sobre los términos del crédito europeo a la banca española; a saber, faltaba que el Parlamento alemán se pronunciara, faltaba que el Parlamento finlandés hiciera lo propio, faltaba que se estampara la firma en el contrato y faltaba que se difundiera a qué precio se nos presta el dinero y cuántos años nos dan para devolverlo. Era verdad, por tanto, que quedaban algunas incertidumbres, pero, a la vista de lo que nos ha pasado hoy, no lo era que ésa fuera la causa de que esta prima antipática siguiera subiendo. 

Lo nuevo de hoy, que tampoco cabe considerar de gran sorpresa, es que haya solicitado ya rescate una comunidad autónoma. La que se esperaba, la comunidad valenciana. Es la primera y no será la última. ¿Qué significa que solicite el rescate? Pues que no tiene dinero para pagar sus gastos --esto ya le pasó en enero-- y que en lugar de solicitar que se le adelante el dinero que el Estado transfiere a las regiones (porque ya se transfirió, en enero), acude a la nueva ventanilla que ha creado el gobierno central: el FLA, Fondo de Liquidez Autonómico, más conocido como “la hucha de los niños de San Ildefonso” en la medida en que el dinero que hay en ese fondo, para poder prestar a las autonomías, lo ha puesto Loterías y Apuestas del Estado. “Pedir rescate” consiste, simplemente, en decir “me rindo, S.O.S., yo solo no puedo salir del hoyo y necesito que el Estado me enchufe dinero”. Por supuesto, y aplicándose la doctrina que el gobierno central ensayó hace un mes y medio, lo que dice el gobierno valenciano es que esto no es un rescate porque no hay condiciones de política económica. Es una línea de crédito, entonces, en condiciones muy ventajosas. Ya nos vamos sabiendo todos el diccionario completo de eufemismos. 

¿Es la bengala de socorro que ha disparado hoy Alberto Fabra la causa de que la prima se haya ido a 600? Bueno, es un factor más. Que se suma a los otros elementos que definen la situación económica de España y que convierten nuestro horizonte inmediato en un trago muy amargo. La emergencia que manifiesta el gobierno es la de la financiación ---conseguir que nos presten a un interés más bajo--- pero todos los principales indicadores económicos son, en realidad y desde hace meses, de emergencia. El paro alcanzará este año un 24,6 % de tasa, según las estimaciones actualizadas que ha presentado hoy el gobierno, y que calculan un 24,3 para el año que viene y un 23,3 para 2014, es decir, tres años más con la creación de empleo por los suelos y la cuarta parte de la población activa sin trabajo. La segunda recesión, en la que estamos desde finales de año, será más larga que la primera, prolongándose durante todo el 2013 ---año en que no crecerá la economía, en contra de lo que estimó el gobierno en Semana Santa, sino que menguará nuevamente---. Un viernes más, la bolsa en mínimos y la prima, en máximos. Ay, los 600. Sólo faltan 66 para el número de la bestia.