La crisis migratoria que sufre Ceuta en las últimas semanas está impulsando el negocio de las mafias, que se aprovechan de la desesperación y la vulnerabilidad de los migrantes. Existen organizaciones ilegales que llegan a cobrar hasta 9.000 euros por trasladar a personas en embarcaciones desde la ciudad autónoma hasta la Península.
En este contexto, la Policía Nacional ha desarticulado dos redes acusadas de tráfico ilegal de personas mediante embarcaciones de pequeño tamaño, una operación que se ha saldado con un total de cinco detenciones. La mayoría de los migrantes trasladados procedían de la entrada masiva a nado registrada el pasado 30 de julio, un episodio que marcó el precedente de la situación actual en la ciudad.
Estas organizaciones realizaban los traslados sin cubrir las medidas básicas de seguridad, poniendo en grave peligro la vida y la integridad de los ocupantes. Según indica la Policía en un comunicado, los arrestados se valían de intermediarios encargados de captar a personas en situación irregular tras su llegada a la costa.
Los migrantes permanecían alojados en domicilios, garajes u otros inmuebles hasta ser trasladados al punto de encuentro con la embarcación. Para desplazarse de manera discreta, la red recurría a vehículos de apoyo con los que intentaba esquivar las zonas vigiladas por las fuerzas de seguridad.
Una vez que la embarcación tocaba tierra en Ceuta, se procedía al embarque inmediato y al inicio de la travesía marítima hacia la Península, donde otros integrantes de la organización se encargaban de recibir a los migrantes y dispersarlos para evitar su localización.
En la estructura criminal también participaban pilotos encargados de dirigir las embarcaciones, quienes recibían elevadas sumas de dinero por sus servicios. Estos perfiles eran seleccionados minuciosamente por su experiencia en navegación rápida y su capacidad para efectuar maniobras evasivas y sortear los controles policiales en la zona del Estrecho.
Un beneficio de 56.000 euros en un único trayecto
El testimonio de un testigo reveló que uno de los organizadores cobraba 8.000 euros por persona por gestionar este traslado ilegal desde Ceuta, por lo que llegó a obtener un beneficio estimado de 56.000 euros en un solo viaje conformado por siete ocupantes.
Los pasajeros viajaban hacinados en una embarcación de apenas cinco metros de eslora y dos de manga, carente de cualquier medida de seguridad: sin chalecos salvavidas, sin medios de señalización o salvamento y, en muchos casos, sin que los propios ocupantes supieran nadar.
Estos trayectos se realizaban íntegramente por la noche, en un trayecto de unas cinco horas de duración para recorrer cerca de 40 kilómetros en aguas abiertas.
Durante la travesía, la presencia de una intensa niebla llegó a dificultar seriamente la navegación, lo que reducía de forma considerable las posibilidades de ser localizados por otros barcos en caso de emergencia.
A las situaciones meteorológicas, la precariedad de la embarcación y la ausencia de elementos de rescate, la Policía añade el frío extremo que tuvieron que soportar los pasajeros debido al agua que entraba por el oleaje y a la ropa completamente mojada durante todo el recorrido.

