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OPINIÓN

El Monólogo de Alsina: "La urgencia del PP es frenar a Ciudadanos convenciendo al votante que duda de que este Rivera no es de fiar"

En el único debate a cuatro de esta campaña, la debutante, Soraya Sáenz de Santamaría, eligió meter (casi siempre) en el mismo saco a sus tres contendientes para reprocharles desconocimiento de los asuntos y empeño ciego en descabalgar al PP del gobierno a cualquier precio. Es probable que el equipo popular (los estrategas) esperaran un debate más de tres contra una que el que realmente se produjo. En los primeros compases, a vueltas con la situación económica del país y de sus ciudadanos, sí fue así, los tres aspirantes refutando el análisis en positivo que hizo la vicepresidenta del Gobierno saliente. Y fue ahí, casi sólo ahí, donde el cuerpo a cuerpo fue entre PP y PSOE, Soraya recordado la pésima situación que existía en 2011 y el mérito que se atribuye el gobierno de haber eludido el rescate, y Sánchez reprochándole que oculte el rescate financiero y el incumplimiento del déficit. Primeros escarceos que dieron poco de sí y no aportaron nada nuevo.

Carlos Alsina |  Monólogo |  Actualizado el 14/07/2016 a las 00:11 horas

La representante del PP, en su papel, entonó la principal idea fuerza con que concurren los populares a esta campaña: los otros tres, Rivera, Sánchez, Iglesias, están fraguando un tripartito para apear del gobierno a los populares aunque ganen las elecciones. Llegó a decir la vicepresidenta, en un exceso de celo, que “la única forma de respetar a los ciudadanos es que gobierne la lista más votada", sabiendo, como ella sabe, no sólo que los pactos parlamentarios son el pan nuestro de cada día sino que su partido, cuando lo cree conveniente, también pacta para evitar que gobierne el que ha ganado (Ibarretxe, por ejemplo, no lo olvida). Pero esta idea del tripartito no tiene como objetivo hacer daño a los tres que debatían anoche con Soraya. Su destinatario es sólo uno, aquel que estaba a la derecha de la vicepresidenta en el plató. Albert Rivera. Hubo un tiempo en que el PP martilleaba con los pactos del PSOE con Podemos para caracterizar a Pedro Sánchez como un tipo ambicioso y poco responsable. Ahora la prioridad no es ésa. Hoy la urgencia del PP es frenar a Ciudadanos convenciendo al votante que duda de que este Rivera no es de fiar, que acabará entregándose a la cama redonda con Sánchez y con Iglesias. “Rivera no se aclara”, exclamó Soraya después de que el líder de Ciudadanos dijera que debe intentar gobernar quien más votos obtenga, pero que si no lo consigue son legítimas otras fórmulas.

Se movió todo el tiempo en dos ejes el debate de anoche. Nuevos partidos frente a viejos e izquierda frente a derecha. Lo menos efectivo de la noche fueron los dardos que lanzaron Sánchez y Soraya contra los dos nuevos, por su inexperiencia y sus cambios de criterio. Más eficaces resultaron Iglesias y Rivera en los sartenazos que dieron a los dos grandes, aunque sólo fuera porque son los que han gobernado siempre (por voluntad de los ciudadanos) y los responsables, por tanto, de que arrastremos problemas históricos como el paro, la corrupción o la eterna cuestión catalana. En su discurso contra el bipartidismo quien más puntos se anotó, seguramente, fue Rivera, insistente también en su idea de que hay que proponer fórmulas nuevas para resolver problemas viejos.

Pero no acabó siendo nuevos contra viejos el eje del debate. Fueron los dos minidebates dentro del debate que fueron ganando peso a medida que la emisión avanzaba. En el lado derecho (del plató) Rivera y Soraya. En el lado izquierdo del plató, las agarradas entre Iglesias y Sánchez.

Iglesias adoptó un calculado tono de condescendencia hacia Pedro Sánchez. “Te has esforzado mucho, Pedro, tienes buena voluntad pero no has conseguido renovar el partido porque mandas poco”. Esto de eres buen chico pero no vales. Tanto se notó que la tensión por el voto de la izquierda iba a más que Sánchez, de pronto, dejó de tutear a Pablo para llamarle señor Iglesias y empezar a evocar Grecia y Venezuela como ejemplos de lo que Podemos anhelaba para España hasta que, por puro cálculo, dejó de hacerlo.

En el lado derecho del plató, el debate dentro del debate fue entre Soraya y Rivera. Curiosamente, y sobre todo, en el asunto en el que más coincidencia tienen: Cataluña. Ahí Rivera golpeó al gobierno con el incumplimiento de las sentencias sobre la enseñanza en castellano y saltaron algunas chispas sobre quién conoce mejor el asunto y quién le planta cara con más firmeza al independentismo. Fue en el derecho a decidir, por cierto, donde Iglesias protagonizó el mayor derrape de la noche, al evocar la movilización andaluza en favor del estatuto de autonomía (1977) como antecedente, o algo así, de la autodeterminación de un territorio.

La vicepresidenta, que era la nueva y, por ello, la que más interés despertaba, estuvo correcta en su labor. Llegaba entrenada y con los deberes hechos. Correcta pero no deslumbrante, a tono con sus interlocutores. Su mejor minuto fue el que dedicó a dirigirse a las adolescentes para que no toleren el control ni el abuso de sus parejas. Y sus dos mayores dificultades, la ausencia de Rajoy —-es decir, su condición de suplente, aspecto coyuntural—- y la corrupción, que es el problema estructural del que el PP, al cabo de la legislatura, no consigue zafarse. Esto es lo más difícil de defender, para Soraya y para cualquier dirigente del PP, empezando por su presidente. Lo más difícil de defender porque la sombra de la Gurtel, de la Púnica, de los papeles de Bárcenas, la caja B y los sms del “Luis, sé fuerte”, son una losa que no hay quien la levante.

Por más leyes que haya aprobado el PP en esta legislatura y más contundencia que haya tratado de demostrar en el último año, la tardanza en asumir los hechos y las responsabilidades le seguirá siendo reprochada, por los propios militantes del partido y por más que lo voten.

El debate fueron dos debates. Sánchez e Iglesias peleando en la izquierda (o el centro izquierda), Rivera y Soraya disputándose el voto del centro derecha. Y no es de extrañar. Las mismas encuestas que reflejan esto que Iglesias llama la remontada están relegando al PSOE a la tercera plaza. Y a quien más le teme el PP en este momento es a Ciudadanos, cuyo crecimiento no ha conseguido aún frenar (en las encuestas) y al que preferiría ver de tercer clasificado, y posible aliado en una investidura, que de segundo y principal de la oposición, lo que alejaría posibles alianzas.

“Hablar es muy fácil, gobernar es muy difícil”, dijo Soraya, “y aquí hay un tripartito de perdedores que me da miedo”. Parecía un mensaje dirigido a los otros tres pero tenía como destinatario sólo a uno. Albert Rivera y los votantes indecisos que estén planteándose votarle.