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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Decide el Supremo sobre Junqueras sabiendo que Torra ya ha decidido que el preso va a salir pase lo que pase"

En el día de la papeleta. La papeleta que tiene pendiente el tribunal que condenó a Junqueras desde que hace veinte días el Tribunal de Justicia Europeo sostuvo que a este presunto delincuente entonces (y hoy ya sin presunto) había que haberle dejado ir a ejercer como eurodiputado en Estrasburgo.

Carlos Alsina
  Madrid | 09/01/2020

Veinte días después de la sentencia que sacudió al tribunal del procés, hoy les toca a los jueces que lo integran exponer qué consecuencias entienden ellos que tiene. Es decir, cómo hace suya esa sentencia y qué efectos inmediatos tiene, si es que alguno tiene. Por resumir la que hoy será noticia del día, hay dos opciones: que Junqueras se quede donde está, en prisión y sin viajar a ningún sitio, o que Junqueras salga, con carácter provisional, hasta que el Parlamento Europeo le retire la inmunidad. El gran titular hoy será uno de esos dos: sale Junqueras o no sale.

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No es arriesgar mucho decir que la opinión que emitirá su partido y el gobierno del que forma parte su partido está ya escrita: si el Supremo no le deja ir, será la prueba de que el poder judicial está en manos de la ultraderecha; si el Supremo le deja ir, entonces será porque la Justicia europea, que es la buena, ha obligado a la nuestra, que es la fascista, a actuar con verdadero rigor jurídico. Ya viene explicando la avanzadilla propagandística del nuevo bigobierno de izquierdas que urge poner patas arriba el poder judicial en España porque es ahí donde se atrincheran los enemigos del progreso, la justicia social y el reconocimiento a la identidad de los pueblos, etcétera. Estos jueces ‘que anteponen su ideología al Derecho’, como dice Iglesias. Y que, naturalmente, siempre son jueces de derechas porque los jueces de izquierdas son seres de luz cuya integridad está prohibido poner en duda.

Decide el Supremo sobre la situación de Junqueras sabiendo que el gobierno catalán ya ha decidido que el preso va a salir pase lo que pase. El señor Torra, envalentonado porque él mismo está condenado por desobediencia pero recibe más cariño de la Moncloa que cuando no estaba ni siquiera juzgado, hizo saber ayer a través de su portavoz, Meritxel Budó, que si a Junqueras no lo excarcela el Supremo se encarga él de excarcelarlo.

Que el abogado nos diga qué necesita y nosotros se lo arreglamos. Ahora, no me pregunten cómo porque aquí se trata de decir y decir y decir cosas, no de llegar todavía al extremo de plantarnos en Lledoners a abrirle la celda.

Sobre el señor Torra también tiene una decisión que tomar el Supremo: si congela, como ha pedido el aludido, la resolución de la Junta Electoral que le priva del escaño en el Parlamento Autonómico. Y también ahí es fácil anticipar lo que dirá el coro: si el Supremo suspende, habrá desautorizado a la Junta; si no suspende, entonces es que el aparato judicial heredero del franquismo ha dado un golpe de Estado. Sin que Adriana Lastra lo desmienta.

Al president condenado por delinquir y a la espera de que el Parlament decida si, privado del escaño, podría seguir ejerciendo le llamará hoy, obsequioso, el presidente del gobierno de España. Una llamada prometida sólo para quedar en que tienen que verse. Esta vez sin quince llamadas más a otros presidentes autonómicos para camuflar que a quien se ha rehabilitado en la Moncloa es a Torra. Hoy se llaman y luego ya se verá cuándo montan el remake de Pedralbes. O si no da tiempo a montarlo porque es Torra quien convoca elecciones catalanas.

En Madrid, el matrimonio de conveniencia que forman Sánchez e Iglesias da los primeros signos de lo mucho que se ama. Los socialistas hacen saber lo disgustados que están porque Pablo ha filtrado quiénes van a ser sus ministros sin esperar a que Pedro le comunicara a los daminificados que se quedan sin cartera porque lo suyo pasa a ser morado. Se lamentan también los socialistas de que Pablo ya esté dando entrevistas para exihibirse como vicepresidente segundo sin haber sido aún nombrado. Es decir, se lamentan de que el socio pequeño le esté comiendo al grande la merienda que más les gusta a ambos, que es la propaganda. Y eso incluye el conocido afán de ambos en colocar a los suyos y manejar los medios de comunicación del Estado.

Más que la coalición progresista que ambos pomposamente mencionan, el bigobierno es durmiendo con su enemigo. Han tenido que ponerse por escrito las reglas de cohabitación en casa. Venga papeles. Cuáles son tus cubiertos, cuáles los míos. Qué visitas puedes traer a casa, qué visitas ni se te ocurra. Su relación tiene más normas que el reglamento de tráfico.

Las dos normas principales dicen que cuando haya discrepancias entre ellos se ocultarán. Y que cuando alguno quiera colgarse una medalla, tendrá que pedir permiso al secretario de Estado de comunicación, que aún no se sabe quién será pero que será de los de Sánchez, y no de los de Iglesias. Lo que no han contado es qué pasa cuando empiecen a vulnerar los dos las normas. Pablo, que has dado una rueda de prensa sin permiso de Oliver. Ay, perdóname, ni me fijé en lo que estaba haciendo.

Han creado una comisión de seguimiento de la comisión de cumplimiento de la comisión de control de la comisión de garantías de que va con viento en popa lo nuestro y nos traicionamos los ministros morados y los de Pedro.

Que si comisiones, que si mesas de trabajo, mesas de diálogo, mesas de negociación... más mesas que en Ikea. Y más comisiones que en la ONU. Lo único que ha progresado de momento en España es la burocracia, cada vez tenemos más y con más papagayos celebrándola.

El ministro de Exteriores de la Unión Europea es español, se llama José Borrell, y ayer envió este mensaje crítico, pero sin calentarse, al régimen iraní por los misiles que lanzó contra bases aéreas en territorio iraquí que utilizan los estadounidenses y también los europeos. Porque en la coalición internacional de la que forma parte Estados Unidos en Iraq están también naciones europeas.

La prueba de lo inquietante que le resulta a todos los gobiernos que pueda ir a más el intercambio de sacudidas militares de Estados Unidos a Irán y de Irán a Estados Unidos es el agua que le están echando a las declaraciones oficiales. No parece un secreto que si Irán hubiera querido llevarse por delante a unos cuantos soldados de la coalición internacional habría podido hacerlo, o como poco, que es consciente de que antes de que el misil llegue a su objetivo la inteligencia estadounidense está al tanto de que eso va a pasar y retira a los suyos. ‘Bofetada, le llamó el líder iraní Jamenei, sugiriendo que en eso va a quedar todo.

Donald Trump, de quien muchos de sus críticos esperaban que anunciara un bombardeo de objetivos iraníes que acercara el mundo al apocalipsis nuclear, hizo todo lo contrario: anunciar que la reacción a los misiles serán nuevas sanciones económicas, que en la graduación de respuestas a ataques militares son el escalón más bajo.

Primero el anuncio de sanciones comerciales, después el elogio de Irán como país y el sartenazo a sus dirigentes.

Puede ser un gran país pero está en manos de un régimen que utiliza su potencia nuclear para fomentar el terrorismo, ése es el mensaje. Que tiene como destinataria también a Europa. La Unión Europea formó parte del aquel acuerdo histórico de hace cinco años (hoy ya evaporado) que se firmó con Irán en tiempos de Obama y que se suponía que iba a servir para que Irán iniciara una apertura y moderara su política exterior, cosa que nunca ocurrió.

Borrell ha convocado para mañana a los ministros de Exteriores de las naciones europeas en el intento de situar a Europa como mediadora entre el régimen iraní y el gobierno de los Estados Unidos.

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