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opinión

Monólogo de Alsina: "Si al final hay gobierno entre Iglesias y Sánchez, será mérito de Pablo por su entrega a pesar de las dificultades y presiones"

Hoy nos encomendamos al dios Baco, como el recluso éste de la cárcel de Álava que le ha escrito una nota al director declarando sus creencias religiosas.

ondacero.es
  Madrid | 14/05/2019

'Como en este centro los alimentos se reparten en función de la religión de cada uno, declaro que yo soy discípulo de Baco y solicito que en las comidas se me sirva vino. Muchas gracias'.

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La historia la ha revelado Alejandro Requeijo en VozPópuli y qué quiere que le diga: no ha colado la conversión del recluso al paganismo pero hay que reconocerle la devoción por la coña marinera. Imagínese si hubiera colado.

El de hoy es un día de episodios muy inusuales. No por Baco sino por la campaña electoral. Están pasando cosas extrañas.

Pedro Sánchez, por ejemplo, paseando por Vallecas.

Cuántas veces había visto usted al presidente pateando un barrio en lugar de sobrevolarlo. Está el Falcon chupando hangar toda la campaña. Pedro sin corbata. Paseando por Madrid con Franco. Franco es el delegado del gobierno en el PSOE de Madrid. Pero tiene menos tirón electoral que el Franco de Cuelgamuros, por eso le colocaron a Pepu de revulsivo. Iba caminando Pedro con Franco, con Pepu, con Gabilondo, todo hombres. Muy paritario no les quedó el séquito, la verdad. Y se le veía a Sánchez muy a gusto. Como le pasa a todo el que consigue escaquearse un lunes por la mañana de su trabajo para irse a darse una vuelta por el barrio. Hay que entender que en la Moncloa tampoco han implantado aún el registro de jornada presidencial.

La última vez que al presidente le dio por pasear entre multitudes fue en Pedralbes, a finales de año. Sólo que entonces las multitudes estaban a cientos de metros de distancia, apartadas por vallas amarillas y con miles de policías vigilando. Encapsulado el presidente del gobierno de España en la burbuja segura que hubo que montarle en Barcelona para que pudiera fingir que el Consejo de Ministros se reúna con normalidad en la segunda ciudad de España. Defina usted ‘normalidad’. Todo lo que sucedió aquel día fue bastante anormal, empezando por Torra y su pliego de veintiún puntos que Sánchez escondió a la opinión pública.

Cuando has tenido una experiencia como ésa, darte una vuelta por Vallecas pisando acera, dejándote fotografiar con la boca de metro a tu vera, dejándote jalear por vecinos que te gritan ‘guapo, guapo’ debe de ser una experiencia conmovedora. Más aún si es en Vallecas, el barrio del que hacía patria Pablo Iglesias antes de mudarse al chalé unifamiliar de la sierra.

Que dice el líder galapagueño que está seguro de que Sánchez, al final, se rinde. Que aceptará repartirse con él los ministerios de un gobierno amoratado. Lleva entonando este mismo salmo Iglesias desde la noche electoral del 28 de abril, la de los treinta escaños menos para el partido Podemos. Este salmo que dice no sólo que él consumará el matrimonio, sino que él sabe lo larga, difícil, trabajosa, que será esta negociación. Una tarea durísima y sacrificadísima, señora, menos mal que está Pablo para ocuparse.

Si al final hay gobierno a pachas, será mérito de Pablo por esta entrega a pesar de las dificultades y las presiones. Si al final no lo hay, será demérito de Pedro por haber sucumbido a las presiones. Tampoco es que se esfuerce mucho el líder morado a la hora de parir argumentarios.

Larga será la negociación si Iglesias se empeña en seguir hablando despacio. Tan despacio. Tiene un entrenador personal para aprender a frenar. Metiendo pausa entre palabra y palabra, igual lo ha notado usted. Es el llamado estilo Zapatero. Con cinco palabras te salen diez minutos de discurso. Sólo habló deprisa Iglesias para despachar las preguntas sobre la relación de su partido con la asociación Infancia Libre. Mira ahí cómo corre.

Sí, una pregunta. ¿Para cuándo la próxima reunión con Infancia libre? ¿Se reúne con toda asociación que se lo pide o sólo con las que considera afines?

Albert Rivera, que es lo opuesto a un orador pausado, tiene una extraña forma de reproducir lo que dicen sus adversarios políticos. Donde Iglesias dice que él confía en gobernar con su compadre Pedro…Rivera sostiene que lo de Pablo es la confesión de un secreto.

Ha admitido que lo tienen hecho. Pues hombre, no. Ni lo ha admitido ni ha ocultado nunca Iglesias que ése es su objetivo. Cosa distinta es que lo consiga. En caso de que no pase, siempre podrá decir Rivera que fue mérito suyo que el acuerdo secreto se deshiciera.

De momento el único acuerdo que ya existe es uno del que forma parte Ciudadanos: el reparto de los nueve sillones de la mesa del Congreso. Tres para el PSOE, dos para el PP, dos Ciudadanos, dos Podemos. A Esquerra no le han guardado silla ni el PSOE ni Podemos. Si alguien pensaba utilizar el reparto como prueba del pago de favores futuros a Oriol Junqueras tendrá que buscarse otro argumento.

Están pasando cosas extrañas.

Por ejemplo, un debate electoral en el que participan un huído de la justicia, un recluso preventivo y cuatro hombres sin antecedentes penales.

Lo va a emitir TV3, televisión pública. El huido Puigdemont conectará desde su sofá de Waterloo. El recluso procesado por delitos graves, Junqueras, conectará desde la prisión de Soto del Real. Los otros cuatro (C’s, PSC, PP, Podemos) podrán ir al plató porque ni están reclamados por la justicia, ni están encarcelados, ni intentaron tumbar la Constitución en Cataluña hace año y medio.

Puigdemont y Junqueras sí. Pero, mientras no haya condena, a ninguno de los dos les penaliza en la competición electoral. La Junta Electoral bendice el inédito debate alegando que si son candidatos, y lo son, no se les puede privar de su derecho a estar en los medios públicos. Antes fueron el Tribunal Supremo, y el Constitucional, quienes bendijeron la candidatura puigdemoníaca alegando que el huído no ha perdido su derecho a ser elegido. De tal manera que esta noche el tal Puigdemont aprovechará el altavoz que el Estado pone a disposición de los partidos para enchufar su ventilador de distorsiones, manipulaciones, medias verdades y mentiras de cuerpo entero contra ese mismo Estado.

La famosa represión de la libertad de expresión debe de consistir en esto: en directo desde Waterloo, en directo desde Soto del Real, en horario de máxima audiencia. Y aún tendrá cuajo Puigdemont para denunciar que el poder le silencia.