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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Lo de Sánchez e Iglesias no es una negociación política, es un ataque de orgullo tras una pataleta"

Éste es el sonido que nos llega desde el Control de Lanzamiento del cohete hace cincuenta años. Es la voz de Jack King, el responsable de prensa de la NASA. Está informando de que la tripulación del Apolo 11, esta nave que hoy —hace cincuenta años— emprende viaje a la luna se encuentra ya en el ascensor que los conduce a la parte más alta de la plataforma de lanzamiento. Cruzarán la pasarela —el brazo— que une la plataforma con el Saturno V y accederán a la llamada Sala Blanca, que es el habitáculo que está adosado a la nave en la que, en breve, se irán introduciendo. Si están viendo ustedes las imágenes —hace cincuenta años— llamo su atención sobre esa pequeña mancha blanca que se aprecia justo en la punta del cohete, como un pequeño contenedor: ésa es la Sala Blanca donde se va a realizar a los tres astronautas el último chequeo médico.

Carlos Alsina
  Madrid | 16/07/2019

El día ha amanecido despejado, caluroso, veraniego en Cabo Cañaveral. La temperatura estimada para esta mañana es de 32 grados. Y gracias a esta panorámica que nos ofrecen los helicópteros de las televisiones estadounidenses vemos que la afluencia de espectadores es abrumadora. Ciudadanos corrientes que quieren ser testigos del lanzamiento. La última estimación que han ofrecido esta mañana las autoridades de Florida eleva a casi un millón de personas el número de personas que han alcanzado la costa en sus coches y sus embarcaciones. Tenemos noticia de que mil policías están desplegados sólo para coordinar el tráfico en las carreteras y en las vías fluviales. Para que se hagan una idea del interés que ha despertado el Apolo 11 sólo en Florida, hay espabilados que están alquilando las cunetas de los caminos a los viajeros que llegan desde el resto del país.

El vicepresidente de Estados Unidos, Spiro Agnew —número dos de Richard Nixon— ha visitado el centro de control hace unos minutos. Tenemos ese documento ya preparado para ofrecérselo.

"Esto es el futuro de nuestro país y los logros llegarán con este programa. Estaremos rezando por ustedes, nosotros nos unimos a ustedes y ustedes a nosotros y juntos haremos este trabajo".

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Para los tres astronautas, la jornada comenzó hace ya dos horas, en el momento en que los técnicos les acoplaron los cascos a la anilla del cuello. A partir de ese momento, la tripulación ha dejado de respirar aire exterior. El aire de la Tierra que no volverán a respirar hasta dentro de ocho días, nada menos que ocho días, cuando la cápsula que los traiga de regreso a casa se pose sobre el Océano Pacíficosi todo sale como la NASA tiene previsto. Y esto vamos a tener que subrayarlo, y reiterarlo, esta mañana porque son muchas las cosas que pueden no salir bien. Para empezar, dentro de una hora y cuarenta minutos, cuando está previsto el lanzamiento. Hay centenares de sistemas electrónicos vinculados al cohete, Saturno V, a la nave espacial y al módulo que esa nave lleva consigo, que es el vehículo con el que habrán de realizar la última etapa del viaje de ida: de la órbita lunar a la superficie de la luna.

Desde hace —por tanto— dos horas, estos tres hombres, Armstrong, Aldrin, Collins, sólo escuchan aquello que les llega electrónicamente a través de sus trajes espaciales. A primera hora les hemos visto salir del edificio central de Cabo Kennedy y pasar por delante de la legión de periodistas que cubren el acontecimiento, entre ellos hemos podido ver a los enviados especiales de la prensa española, José María Massip, Jesús Hermida, Raúl del Pozo, Angel Zúñiga.

Los astronautas con sus atuendos blancos, pesados, el mono lleno de bolsillos, los tubos recubiertos que conectan el traje con la maleta de soporte vital que llevan consigo, su andar pausado y mecánico, con la maleta en una mano y con la otra, saludando. Collins, por cierto, llevaba en la mano una bolsa de papel de color marrón cuyo contenido ignoramos. Allí han subido a la furgoneta climatizada que los ha trasladado hasta la plataforma de lanzamiento. Han sido sus últimos trece kilómetros de viaje terrestre antes de subir hasta la última planta de esta plataforma.

Informa Jack King de que Armstrong y Collins acceden en este momento a la Sala Blanca. Enseguida les acompañará allí Buzz Aldrin.

Está sucediendo, hace cincuenta años, y lo vamos a vivir en directo, con ustedes, a lo largo de la mañana.

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Mientras el mundo recuerda el acontecimiento de hace cincuenta años, la Moncloa se acuerda de toda la familia de Pablo Iglesias. No parece que contaran los estrategas de palacio con que el compadre morado fuera en serio a la hora de exigir que se comparta con él el gobierno. O se comparte, o no hay gobierno.

De momento, gobierno en funciones. Si nada cambia, hasta septiembre. Y si nada sigue sin cambiar, hasta febrero.

Ya le contamos ayer que Pedro En Funciones estaba tan encolerizado con la pirula que le hizo el viernes Iglesias —doble pirula, desdeñar como una idiotez que haya ministros morados pero sin perfil político y abrir ya la consulta a sus bases para que blinden la posición y ya no sea posible ceder a las nuevas propuestas del PSOE—, tan encolerizado estaba Sánchez con este acortamiento inesperado de su plazo para seguir mareando que organizó de un día para otro una entrevista en la radio con el único fin de cubrir a Iglesias de consideraciones poco amables.

Si estos son los socios preferentes que coincidían en casi todo e iban a convertir España en un paraíso de luz y de color progresista, que baje Dios y lo vea. Para Sánchez, Iglesias es un ególatra obsesionado con el poder; para Iglesias, Sánchez es… un ególatra obsesionado con el poder. Tanto bla bla bla con las propuestas, los programas, la justicia social, el cambio climático, la nación de naciones, y aquí el asunto es que uno quiere moqueta y caja para manejar presupuesto y el otro no quiere cederle ni medio metro de moqueta ni media llave de la caja. El poder. Con razón el uno es fan de Juego de Tronos y el otro escribió un libro llamado Manual de resistencia.

Es patético ver a los dos lloriquear en público por lo que el otro ha dicho en las entrevistas de televisión. Que si no me llamas, que si llamas idiotez a mi propuesta, que si contigo no hay manera. Esto no es una negociación de líderes políticos solventes. Es un duelo de machos alfa —tú a mí no me ganas un pulso—, es una rabieta después de un ataque de orgullo después de una pataleta. Poca esperanza de que nada cambie existe si desbloquear la situación está en manos de esta pareja.

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