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El blog de Alsina

‘Rajoy lidia con una situación fascinante’

Les voy a decir una cosa.

O le han traducido mal, o se ha expresado raro. Porque fascinating suena a “guau, es fascinante, lo que estoy disfrutando”. Y ni aun siendo masoquista cabe pensar que el jefe de gobierno de un país en recesión, con el paro disparado, en puertas de pedir un rescate financiero y con vientos de independencia en una de sus comunidades autónoma pueda estar fascinado con el tremendo fregao que tiene entre las manos.

Carlos Alsina | Madrid | 26/09/2012

Rajoy en la Asamblea de Naciones Unidas

Rajoy en la Asamblea de Naciones Unidas / antena3.com

Pero los del Wall Street Journal, que este diario neoyorkino especializado en finanzas   y altamente influyente entre los inversores, atribuyen a Mariano Rajoy esta frase: “Estoy lidiando con una situación fascinante”. El presidente del gobierno de España, aprovechando su viaje a Nueva York para lo de la ONU, se acercó a hacer una visita a los del Wall Street Journal para explicarles de primera mano, en qué anda, cuáles son las políticas que se están aplicando en España, con qué resultados, con qué perspectiva y con qué nuevas medidas en las próximas horas. Tal como el Rey estuvo con los del New York Times para intentar persuadirles de que vamos mejor de lo que parece, Rajoy se fue a seducir a los del Journal, que, por lo que hoy escriben, encontraron al primer ministro español “relajado y animado”. O relajado, animado y fascinado con todo lo que está sucediendo. A veinticuatro horas de que el gobierno desvele mañana su proyecto de Presupuestos para 2013 (dentro del cual han de ir las nuevas medidas y reformas para garantizar que el déficit público se reduzca bastante más que este año), los señores del Journal intentaron sacarle a Rajoy algún titular, sin demasiado éxito. A la pregunta “¿pedirá usted rescate?”, la respuesta fue “aún no se lo puedo decir”. A la repregunta “¿de qué depende?”, la respuesta fue “de si las condiciones nos parecen razonables”, aunque después añadió que “si el interés de nuestros bonos estuvieran muy altos mucho tiempo, no tenga duda de que pediría ese rescate”. Como no ha concretado cómo de altos tendrían que estar los tipos y durante cuánto tiempo, no es posible aventurar mucho más, pero hoy los tipos han subido hasta el 6 % (en bonos a diez años) y la prima ha escalado hasta los 450 puntos, que son menos que los 600 de antes del verano pero son unos cuantos más que en estas últimas semanas. “Y entonces, señor Rajoy”, le dicen los del Journal, “¿qué va a pasar con las pensiones?”, que constituyen la mayor partida de gasto de la administración española. Y según el diario, lo que les responde el presidente es que su voluntad es no bajarlas, pero que aún no tiene tomada una decisión sobre congelarlas. Esto es llamativo porque la semana pasada lo que les dijo Rajoy a los periodistas españoles en Roma es que ni las iba a bajar ni las iba a congelar: “Creo que las subiremos”, fue su conclusión (se entiende que menos, en todo caso, de lo que suba la inflación). Lo único que este periódico ha sacado en claro es que se van a restringir las jubilaciones anticipadas. Que no parece un titular muy potente para ganarse la confianza de esta gente tan desconfiada que han resultado ser los diarios internacionales, los inversores y las agencias de calificación de riesgos.

Mañana sabremos qué compromisos concretos asume el gobierno para el próximo año y qué valoración merece entre los gobiernos europeos que nos prestan el dinero para sanear bancos (y veremos si también para otras cosas), entre los inversores cuya opinión hay que leer en indicadores tan sensibles como la prima o la bolsa, y entre los Moody’s, los Fitch y los Standard and Poors, los pone-notas. Sumadas todas esas valoraciones estaremos más cerca de saber si existe alguna posibilidad, por remota que parezca, de que España se libre, al final, de pedir rescate o si, por el contrario, la petición de ayuda financiera se precipita. La agencia Reuters, otro de los medios extranjeros más temidos por nuestro gobierno, sostiene en su crónica de hoy que es muy posible que Moody’s rebaje este viernes la calificación de nuestra deuda pública a “junk status”, lo que aquí llamamos bono basura. El título de la crónica es “España bulle mientras Rajoy se acerca al rescate”. Aunque luego, en el texto de la información, quien bulle tiene nombre y apellidos: Cataluña, con su creciente fervor independentista (dice la agencia) y los manifestantes que anoche se concentraron en Madrid: protesta pequeña pero intensa, dice Reuters, que aun admitiendo que fue pequeña la elige como imagen para ilustrar su crónica sobre España. Esto ha sido común a todos los medios extranjeros que hoy han hablado de nuestro país y no cabe ni extrañarse ni escandalizarse por ello. Los medios suelen escoger para sus portadas imágenes inusuales, impactantes, cuyo interés radica en que no se producen todos los días y que, cuanto más conflicto reflejen, más posibilidades tienen de acabar siendo las elegidas. Cuando un periódico (extranjero o de los de aquí) escoge una fotografía para su primera no pretende condensar la realidad de un país en una imagen; lo que pretende es ilustrar el relato de un hecho con una imagen relacionada o captada durante ese hecho. Cuando descarrila un tren en la India y los medios de aquí publicamos las fotografías en portada no estamos diciendo que en la India descarrilen todos los trenes. Aunque probablemente sea ésa la única ocasión en la que destaquemos tanto cualquier cosa que pase en India. El conflicto tiene más posibilidades de acabar en portada que el no conflicto, ésa es la verdad. En Londres ha habido en los últimos años unas cuantas manifestaciones contra la política económica del primer ministro Cameron. La única que apareció en las primeras páginas de la prensa española fue aquella que terminó con un grupo de jóvenes manifestantes asaltando la sede del Partido Conservador. Lo que hoy aparece en las primeras páginas de la prensa internacional no es el 25-S, como erróneamente estamos diciendo; son las tortas que se produjeron en Madrid entre policía y manifestantes. Lo cual es un fracaso notable para los convocantes, porque el supuesto mensaje de esa movilización no aparece en todos estos diarios por ninguna parte.

 

El éxito de una convocatoria no está en salir en la prensa internacional, sino en por qué te sacan. Hay manifestaciones cuya notoriedad se debe a la trascendencia de lo que allí se pide, que son primera página por la demanda social multitudinaria que revelan. Y hay manifestaciones cuya notoriedad es únicamente consecuencia de las piedras y las porras. Hace dos semanas, en Barcelona, se produjo una manifestación de las primeras. Un millón (o millón y medio de manifestantes) que marcharon por las calles para expresar su opinión sin un solo incidente. No intentaron acceder a ningún edificio ni se encararon con los mossos de esquadra. Fue noticia en los medios internacionales por su lema: una multitud reclama independencia para Cataluña. Ayer, en Madrid, seis mil personas salieron a la calle a reclamar un sistema político diferente en el que se consulte con más frecuencia a los ciudadanos, entre otras cosas. La mayoría se concentró y caminó con tranquilidad y coreando los lemas que resumían el sentir de la marcha. Pero, al final, la noticia fue que algunos asistentes intentaron burlar el cordón policial en torno al Congreso, la policía sacó las porras y la noche terminó en carreras. Nadie ha hablado de la protesta por la dimensión social de la misma ni por su mensaje. ¿Por qué? Porque tuvo interés, pero no reveló nada nuevo que la convierta en una movilización importante. El 15-M fue infinitamente mayor y, en muchos aspectos, reflejaba también mejor la repulsión hacia el sistema que siente una parte minoritaria, pero numerosa, de la sociedad. Incidentes como los de anoche tampoco es la primera vez que suceden. Los vimos en Valencia a comienzos de año, los vimos en Barcelona el año pasado. Lo nuevo es que estos fueron en Madrid y en la plaza de Neptuno. Pero esa novedad no tiene dimensión suficiente como para otorgarle a esta movilización de ayer la condición de síntoma de nada nuevo. Si acaso lo que cabe preguntarse es por qué hay manifestaciones de un millón de personas que se desarrollan sin incidente alguno y manifestaciones de seis mil que acaban a tortas.