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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Que Torra llame hooligan al Rey Felipe, es como si Charlie Sheen llama golfo a José Coronado"

España es un país de filósofos. De amantes de la sabiduría y la reflexión. De devotos de la filosofía.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  18/10/2018

A juzgar por la acogida, entusiasta, que entre comentaristas, políticos y usuarios de las redes sociales ha tenido la propuesta unánime de los grupos del Congreso para que en segundo de bachillerato vuelva a estudiarse Filosofía. Historia de la Filosofía. Y Ética en cuatro de secundaria. Como asignaturas obligatorias ambas.

Reconfortante, no me diga usted que no, comprobar cómo los grupos políticos, incapaces de ponerse de acuerdo en nada; incapaces de pactar una ley de Educación que perdure; incapaces de acordar unos itinerarios estables; incapaces de resistir la tentación de reescribir nuestra Historia a su medida; hayan coincidido todos en que estudiar filosofía, y a los filósofos, es imprescindible para que los adolescentes salgan de la educación obligatoria bien formados. Está de acuerdo hasta quien sacrificó la Filosofía en la última reforma, el PP. Están de acuerdo hasta los dirigentes más aficionados a imponerle a la gente lo que tiene que pensar en lugar de incitar el espíritu crítico, y racional, sobre lo que ellos mismos dicen y hacen.

Qué gusto levantarse en un país que ama tanto el saber y la filosofía.

Y qué sano comprobar cómo, habiéndose pactado el resurgir de la filosofía en los institutos, se multiplican ahora las sugerencias para que los partidos pacten también otros cambios: más atención a la ciencia en secundaria y bachillerato, asignaturas de educación financiera, enseñanza especializada en el uso de las tecnologías, más educación vial, tantas cosas, ¿verdad?, que profesionales de distintos ámbitos echan de menos.

Seguro que hoy mismo los gobiernos autonómicos se ponen a la tarea de devolver a la Filosofía el protagonismo perdido sin esperar a que el gobierno central tome la iniciativa. Porque éste es el asunto ahora. No tanto si se consumará el resurgimiento de la filosofía, sino a costa de qué otra asignatura lo hará. Qué troncal mengua. Cuál cae para que los filósofos regresen triunfantes a las aulas.

El portavoz de Oriol Junqueras en el Congreso adelanta lo que su jefe le dirá al portavoz de Pedro Sánchez para la negociación presupuestaria: que o se rinde el gobierno y pasa por el bochorno de decirle a la fiscalía general del Estado que deje de acusar de rebelión al anterior gobierno de Cataluña o ya se puede olvidar de que Esquerra vote a favor de sus Presupuestos. O sea, sin novedad en el frente esquérrico, al menos cara a la galería.

En el frente puigdemoníaco, aún menos novedad. Consejos vendo que para mí no tengo. El activista jefe de los CDR que preside el gobierno de Cataluña por delegación del de Waterloo se permitió calificar ayer al rey Felipe de hooligan.

Claro, que Torra llame hooligan a los demás es como que Charlie Sheen llame golfo a José Coronado.

Estuvo predicando ayer en Suiza el señor Torra, invocando la mediación internacional y todo eso que tanto le gusta. En el país que más le gusta, que no es Cataluña sino Suiza porque allí hacen referendos a todas horas. En eso está empatado con Marta Rovira. Y con Anna Gabriel, que marchó a Ginebra huyendo de un encarcelamiento que, en realidad, nadie había ni siquiera sopesado.

El compadre de Sánchez, que es Iglesias, se personará mañana en la prisión para despachar con el político preso, echarán unas horas para que se vea que han hablado de muchas cosas (o no tantas, porque los dos hablan largo) y se dejará entrevistar a la salida por la televisión catalana, imagino, como ya hizo la última vez. Antes le enviará unos guasaps a Pedro informándole de cómo ha ido la cosa. Porque Pedro, aunque esté en Bruselas negociando con sus colegas el Bréxit y cosas muy principales, siempre tiene el móvil a mano por si Pablo tiene algo que consultarle.

Anteayer ya intercambió mensajes Podemos con el gobierno por el asunto de los autónomos. Esta circunstancia, en la que no todo el mundo había reparado, según la cual al subir el salario mínimo un 22 % le estaban subiendo también la cotización mínima a los autonómos, porque está vinculada al salario mínimo. Viendo que ahí peligraba el discurso, tan recurrente, de lo mucho que se apoya, se quiere y se comprende a los emprendendores (los autónomos son, con los filósofos, las figuras más respetadas por los partidos, ¿verdad?), viendo que se había patinado se puso en marcha la operación corrijamos. Empezó Echenique el martes en este programa y remató la faena Sánchez en el Congreso.

Quietos paraos, que no se subirá la cuota mínima. Si es que acaba subiéndose el salario, que de momento no ha dado garantías el gobierno a Podemos de que vaya a entrar en vigor el primero de enero.

Que el gobierno se corrija a sí mismo mucha noticia no tiene porque viene haciéndolo desde que es gobierno. Y que le quite importancia a una décima más o menos de déficit público tampoco. Ayer la ministra de Hacienda respondió a los periodistas sobre qué pasaría si al final tuviera que aplicar un objetivo de déficit del 1,3 % en lugar del 1,8 %. Y ella lo tradujo a miles de millones y dijo, chiqui, que tampoco son tantos.

El gobierno no termina de acertar con la comunicación, chiqui, y el Partido Popular ni te cuento a la hora de debatir con la vicepresidenta Calvo en la sesión de los miércoles. De lo más comentado ayer entre sus señorías del PP: la bisoñez de la portavoz palamentaria, Dolors Monserrat, y el disparate de intervención que realizó de buena mañana. Un frankenstein trepidante de nombres y asuntos para iniciados que no consiguió entender la mitad de su bancada. La otra mitad ni lo ha intentado.

Después de un rally derrapante como éste acusar a Calvo de estar descoordinada es como ser Theresa May y acusar a Ginger Rogers de bailar raro.